lunes, 16 de mayo de 2005

Las reliquias del cine negro

La evolución cinematográfica de un género indefinible
Donald E. Westlake, uno de los literatos más importantes de la novela contemporánea pronunció un acertado precepto sobre el género negro bastante acertado: “Tanto el cine como la novela negra llevan muertas más de tres décadas, pero no tiene importancia. La poesía murió hace cientos de años y siempre habrá poetas”. La razón de ello es que ese cine tan difícil de definir que establece su concepto cardinal en torno a la lucha contra universo del crimen poblado de gángsteres donde los contraventores de la sociedad transgreden el orden legal, el detective subordinado a las tensiones de un entorno corrupto y la hermosa ‘femme fatale’, atractiva y seductora que juega peligrosamente en el límite de la turbiedad ha pasado a ser, en la actualidad, el recuerdo nostálgico de un legendario territorio dominado por su propio espíritu.
El cine negro se ha mitificado dando como consecuencia alguna que otra revisitación moderna. Dada su genuina estirpe hoy en día es casi imposible resucitarlo, debido a su ensambladura a una época concreta del cine y a la sociedad yanqui, ya que estamos ante un género inexorable, crítico y enraizado a una realidad concreta ocasionada en un lapso de tiempo delimitado en la cultura norteamericana. Es por ello que a pesar de que algunos títulos modernos (más cercanos al ‘thriller’ que al verdadero cine negro) apuntan a unos propósitos nostálgicos y no tanto a la ideología legítima de sus designios genéricos.
Nadie se pone de acuerdo en el origen de este género, mientras algunos lo sitúan en la literatura desencantada de la postguerra, de un feroz escepticismo expresionista, otros lo se remontan al cine de Von Sternberg. También se ha utilizado hasta la profusión la expresión ‘film noir’ acuñada por el francés Nino Frank a mediados los cuarenta. Mucho se ha debatido acerca de sus límites, o de la importancia que atesoran la noche y la ciudad, de la vulnerabilidad del bien y el mal, reflejados de una manera fortuita, sin una aparente relación al origen social o la riqueza, del uso del claroscuro, de unas características identificables que fomentaron un modelo genérico evolutivo hasta transformarse en un movimiento imprescindible dentro de los géneros cinematográficos. La confusión entre esplendor y decadencia, de apatía y derrota reflejados en modelos de antihéroes de la novelas de Raymond Chandler, Dashiell Hammett, Cornell Woolrich o James M. Cain responden a una doctrina intencionalmente descriptiva, emocional y de sensaciones. El género de cine negro es un estilo, poesía visual rodeada de ambientes nocturnos, calles húmedas donde circulan coches pregoneros de muerte y entre las sombras se adivinan siluetas con sombrero y gabardina.
Ciudad, noche y opacidad conjugadas en favor de una misteriosa e intrigante trama criminal determinada en un periodo que incorporó una serie de reconocibles imágenes a una realidad social existente en una época específica. Más allá de los múltiples estudios, que disponen el nacimiento del género en el subgénero policiaco de películas como 'El enemigo público', de William Wellman en 1931 a la que siguieron cintas como 'Hampa dorada', de Mervyn LeRoy o 'Scarface', de Howard Hawks, el inicio viene dado, casi por quórum, en uno de los pilares que sustentan la historia del ‘noir’: la obra maestra 'El halcón maltés', de John Huston, en 1941, justo en el momento en que estalla la II Guerra Mundial. Le seguirían películas como 'Historia de un detective', de Edward Dmytryk, 'El sueño eterno', de Howard Hawks, 'Perdición', de Billy Wilder, 'Forajidos', de Robert Siodmak y 'Sed de mal', de Orson Welles. Tras este periodo (en el faltan obras clave obviadas por falta de espacio) transitan filmes situados entre la Gran Depresión y la posguerra, lapso en el que muchos historiadores han delimitado el género como tal.
El cine negro, según estas premisas, equivaldría a lo que realmente simboliza; un estado de ánimo que se vislumbra ante una época de crisis sociopolítica o moral que se va extendiendo a lo largo de los años ulteriores, ofreciendo una libertad genérica más libre a abrir los límites de cualquier categoría, pasando del expresionismo al barroquismo casi minimalista, en el que la dosis de violencia y fascinación erótica se hicieron más evidentes, como queda de manifiesto en filmes como 'Al rojo vivo', de Raoul Walsh, 'La jungla de asfalto', de John Huston o 'La casa de bambú', de Samuel Fuller. Una época en la que hay que destacar directores como Fritz Lang, Otto Preminger, Budd Boetticher, Jacques Tourneur o Alfred Hitchcock, entre muchos otros.
A principios de los 60 el clasicismo puro se va perdiendo, contagiándose hacia una difusión más radical, abandonando el compromiso de sus orígenes para desembocar en los 70, donde impera un regusto melancólico por las bases del género, pero con una circunstancia de imbricación entre el ‘film noir’ y la reflexión metafísica o la fábula moral y renunciando al crepuscular movimiento clásico, pervirtiéndolo, en un sentido etimológico. Desde 'Klute', de Alan J. Pakula, 'Chinatown', de Polanski, 'Fuego en el cuerpo', de Kasdan o 'Blade Runner', de Ridley Scott hasta los nuevos homenajes definidos en 'Muerte entre las flores' y 'El gran Lebowski', ambas de Joel Coen, 'La última seducción', de Peter Berg y el ‘revival’ más logrado 'L.A. Confidential', de Curtis Hanson. Cintas modernas que no son más que un nostálgico retorno al pasado, un mero revisionismo que responde más al homenaje que a la creación de verdadero cine negro.
La evolución del cine policiaco ha sido subordinada por la anexión de elementos de misterio y acción, dando lugar al más actual ‘thriller’, que se identifica por su expresión híbrida, albergando elementos naturales de otros géneros. Sin embargo, para establecer la entidad de este orden conviene atender al momento en que se dio nombre al género. Actualmente, los factores subyacentes al cine negro parecen ser la ausencia de censura en la industria, un desengaño popularizado por la pérdida de valores morales y el estado de la sociedad, la política y el sueño americano.