lunes, 9 de mayo de 2005

Kaufman, el genio de moda

Posiblemente, dentro del mortecino y apático panorama de cine norteamericano, tan proclive últimamente al ‘remake’ y la adaptación de cómics como recurso comercial, hay un nombre que con sólo cinco películas estrenadas (‘Cómo ser John Malkovich’, ‘Adaptación’, ‘Human Nature’, ‘Confesiones de una mente peligrosa’ y ‘Eternal sunshine of spotless mind’, Charlie Kaufman es el guionista del momento, el escritor de historias más aclamado en Hollywood. Enigmático y arcano, apenas permite que le fotografíen y casi no concede entrevistas, se ha convertido en lo que él quería: un autentico misterio. Todas sus historias muestran dos dispositivos continuos que las hacen características; preocupación por el tema de la identidad y la fijación de indagar en la línea que delimita la dicotomía de realidad y ficción, los mecanismos de la fantasía.
Desde la época de William Goldman o Waldo Salt hace décadas, el fulgurante estrellato de Joe Eszterhas a principios de los 90, la capacidad creadora de David Mamet o la fascinante trayectoria de David Koepp, ninguna carrera guionística había despertado tanta curiosidad e interés como la de este revolucionario escritor nacido en Massapequa, Nueva York, en 1958. Charlie Kaufman parece haber encontrado así a sus medias naranjas creativas en Spike Jonze y Michel Gondry pasando a ser, junto con otros jóvenes realizadores como Ben Stiller, los Farrelly, Alexander Payne y Wes Anderson una generación de cineastas que reflejan, con su cine cínico y atrevido, la parte más miserable del ser humano y los condicionamientos más estúpidos de la sociedad que nos rodea. Kaufman comenzó a trabajar a principios de los 90 como periodista y más tarde como guionista en ‘Búscate la vida’, una de las ‘sitcoms’ de culto más antológicas de la historia catódica. Junto a Chris Elliott, protagonista, productor y coguionista, desarrolló una línea cómica en la que el despropósito surreal, la escatología, la violencia y el humor negro se unían en una imposible amalgama de historias en la vida de un infantil y lerdo hombre calvo y gordo que vivía con sus padres y trabajaba como repartidor de periódicos.
Charlie Kaufman es la representación perfecta del escritor apocado y tímido, delgado y bajito con el pelo ensortijado que tan bien sabe reflejar en sus personajes; ‘outsiders’ perdedores que confluyen en una histriónica y mordaz disertación sobre las circunstancias que determinan la angustia de los caracteres en medio del convulsionado entorno social. A medio camino entre la genialidad y la autocomplacencia, Kaufman utiliza siempre recursos imposibles en la narrativa cinematográfica surtiendo sus historias con complejos puzzles psicológicos llevados al extremo, excediendo todo tipo de combinaciones narrativas y demostrando así un inaudito signo transgresor donde el metalenguaje alcanza una rara cúspide de innovación y eficiencia.
Tras un periplo televisivo en series fundamentalmente cómicas como ‘Mis problemas con Larry’, ‘Ned & Stacey’ y ‘The Dana Garvey Show’, el guionista encuentra su ampuloso debut en la gran pantalla con ‘Cómo ser John Malkovich’, cinta que pasó a ser para el cine de principios de esta década lo que ‘Pulp Fiction’, de Tarantino fue para los 90: una auténtica revolución prodigiosa que obtenía el ‘más difícil todavía’. Un ejemplo de genialidad del absurdo en el que la exaltación de los poderes imaginativos fue unánime por toda la crítica del mundo. Postmoderna, carente cualquier pretendida originalidad, la ‘opera prima’ de Spike Jonze supuso una nueva revisión del clásico de Lewis Carrol ‘Alicia en el País de las maravillas’, desafiando a su vez cualquier límite impuesto hasta la fecha para llevarlo hasta la frontera del paroxismo.
Una característica a la que no es ajena la brillante ‘Adaptation’, la segunda película del támdem ‘Kaufman/Jonze’, que supone una feroz sátira a un Hollywood donde el propio Charlie Kaufman se convierte en dos personajes inventados metamorfoseados en Doctor Jeckyll y Mr. Hyde que transforman en ficción sus propios ideales creativos, aquello que se pretende como autor y en lo factible que da dinero, una realidad que envuelve la falta de ideas originales y en la disposición a la que conlleva la comercialidad en el cine. Todo ello en una enloquecida fórmula de ‘película sobre una película que trata sobre otra película’.
Tal vez ‘Human nature’ sea su historia más irregular, una parodia filosófica que recupera la figura del ‘buen salvaje’, un hombre localizado en la selva sin ningún conocimiento de la sociedad y la civilización que crea situaciones de desconcierto en el en sus propios educadores y en él mismo. Un acercamiento ‘darwinista’ algo que no llega a funcionar y se convierte en una desacertada indagación dentro del fárrago de los instintos que dominan al ser humano. Fue el primer trabajo en que Kaufman y Michel Gondry trabajaran juntos.
El debut como director del actor George Clooney contó con otro brillante guión de Kaufman. ‘Confesiones de una mente maravillosa’ convoca una portentosa equidad entre comedia y drama en una película incómoda sobre el controvertido productor televisivo Chuck Barris, que supuestamente dedicaba su tiempo libre a actuar como agente secreto al servicio de la CIA en la época de la guerra fría que encubre una dura crítica a la televisión, a la inexistencia de valores éticos y morales que predominan en la caja tonta desde hace décadas.
Su segunda película junto a Gondry supone uno de sus mejores guiones (ganador del Oscar 2004), ‘Eternal Sungihne of spotless mind’ es una profundización en la fragmentación y desglose del guión, la gran condición que hace inmensa la perspectiva narrativa de este genio (que recuerda a lo que algunos han venido a llamar ‘maze-cinema’), una experimentación llena de puntos de giros retroactivos (y a su vez progresivos), de acción minada con un ingenio inquieto y amenazante, dejando el carácter y el pensamiento alterados por el tiempo, por la fugacidad de los sentimientos que, con los recuerdos y la añoranza, mutan, acreditando que dentro del amor existe lo ilógico. Pero más allá de jugar con la afasia temporal, con la deconstrucción narrativa, la gran virtud de esta magistral película es que, en su intención no está la originalidad sino el propósito de contar una historia que muestra la verdadera naturaleza del amor, concibiendo su destino e inevitabilidad, su sentido de la injusticia y la predestinación.
Para Charlie Kaufman lo importante de un guión es “establecer a toda costa un diálogo con el espectador y que este siga reflexionando sobre lo que ha visto al terminar la proyección, por eso dejamos abiertos muchos caminos a la interpretación”. Todo un genio de nuestros días.