sábado, 14 de mayo de 2005

Empezar de cero

Existen trascendentales acontecimientos en la vida que agravian y laceran partes de una pequeña e insignificante existencia. Que te roben una gran suma de dinero, suspender un examen muy importante, tener un gatillazo, que la chica de la que estás enamorado te sugiera que seáis sólo amigos. Resumiento, sentir la derrota en cualquier extensión, índole o condición. Pero existe una putada superlativa, de las que provocan ganas de destrozar lo primero que tengas a mano: perder datos de incontable valor del disco duro de tu ordenado.
Habitualmente nos solemos lamentar postreramente, olvidando que la precaución y el barrunto de posibles problemas son elementales en el universo binario. “Tengo que guardar todos mis textos en un CD cada mes”, recuerdo haber prometido cuando en otra ocasión estuve a punto de ver cómo todos mis años de trabajo estuvieron a punto de extinguirse en una malévola computadora. Pues bien, ha vuelto a suceder, y no por un problema informático esta vez, si no por mi propia condición de patán, de irracional insensato, de gilipollas manazas, en dos palabras. Borré media carpeta de documentos trascendentales escritos durantes media vida al pasar los datos a mi flamate nuevo disco de 80 Gigabytes.
Afortunadamente, no es tan grave como parece. Tengo uno de esos cd’s grabados con todo lo importante, lo malo es que data de hace casi un año, por lo que el protervo dilema consiste en que parte de esos escritos se han perdido para siempre. Gracias a que almaceno cada mail que sale y entra de este ordenador he podido (en un vehemente y agotador proceso) recuperar varios de los datos extraviados; reportajes, críticas, dossieres, columnas… No obstante, lo doloroso y trágico ha sido no poder rescatar los dos guiones de largometraje que tenía en pleno desarrollo de escritura (‘El último reloj’ y ‘La sombra en el espejo’ –este último bastante adelantado-) o el extenso dossier que estaba a punto de acabar para mi próximo corto en 35 mm. ‘El Reencuentro’. Tribulación, catástrofe, aflicción, drama… Llamadlo como queráis, pero es bastante atroz cuando le toca a uno franquear estas penitencias técnicas.
Toca lamentarse y asimilar la lección para evitarla en el futuro. Toca empezar de cero todo el trabajo que llevaba componiendo en estos cinco últimos meses e intentar salvaguardar lo que felizmente no ha sido destruido por el infortunio. Hubiera dado todos los vídeos, la música y fotos que he bajado de la red en los instantes de ostracismo por los siete u ocho documentos malogrados.
En fin.