miércoles, 13 de abril de 2005

Una secuencia al azar (III). 'Barton Fink': Una pesadilla críptica

Barton Fink (John Turturro) acepta el reto de pasar de ser un prometedor dramaturgo neoyorquino a verse envuelto en la holgura monetaria que supone escribir para un estudio de Hollywood.
Recluido en la habitación del hotel Earle, Barton se compromete a escribir una película de lucha libre con Wallace Beery de protagonista. Un pasillo empapelado con marchitas formas florales se extiende a lo largo de un corredor maléfico que lleva hacia la habitación 620, el particular tártaro del guionista, angustiosa abnegación del cautivo inerme ante el vacío mental, el símbolo del miedo al folio en blanco. El asfixiante calor provoca que hasta el papel revestido de la habitación, humedecido por las hendeduras que producen las goteras, se despegue.
Charlie Meadows (John Goodman) irrumpirá en la vida de Fink porque éste se ha quejado de que oye ruidos en la habitación anexa. No es más que la excusa del reclamo de alguien en quien confiar, tal vez un espectral ángel demoníaco, tal vez un vendedor de pólizas de seguros o lo que es peor, un asesino sanguinario llamado Madman Mundt.
La secuencia al azar pertenece al momento en que Audrey (Jude Davis), la ayudante de W.P. Mayhew (John McHoney como la reencarnación de William Faulkner) que acude a auxiliar a Fink, le confiesa que ha sido ella la autora de sus dos últimos libros por la impericia fruto del alcohol del célebre literato. Él entra en cólera. Pero lejos de perder los nervios, ella le sosiega y le besa dulcemente, dando su palabra de que al día siguiente él podrá enunciar una gran sinopsis a Jack Lipnick (Michael Lerner), el productor de la película que tiene que escribir.
La cámara se desvía de la acción amatoria entre Audrey y Barton para dirigirse directamente a la tubería del lavabo del cuarto de baño, no como una metáfora sexual, si no perdiéndose en los abismos que harán oír los ruidos que tanto importunan y perturban a Charlie, el motivo por el que éste apareció en la vida de Fink.
Al día siguiente, un mosquito (tal vez la propia conciencia del escritor) aletea para descansar en el torso desnudo de Audrey. Fink golpea sobre la espalda de la mujer, dejando un cerco de sangre en su piel. Pero Audrey ni se ha inmutado. Cuando el guionista destapa a la secretaria, ésta yace muerta. La hemoglobina fluye empapando las níveas sábanas.
Es el principio de una imperecedera pesadilla críptica, la que nos hará sospechar si realmente el Hotel Earle es el Infierno, si Charlie existe o es la excusa mental de Fink para eludir de sus problemas, si Charlie es el Demonio y si todo lo que está padeciendo el guionista ha sucedido por el reemplazo de su verdadera musa (un grueso hombre que apaga alegremente su soledad en el alcohol) por otra, esta vez, una figura femenina que es la clave del éxito del escritor favorito de Fink, un viejo fracasado y alcohólico en quien tal vez él se esté convirtiendo por su carencia de ideas.
“Are you in pictures?”