sábado, 9 de abril de 2005

La parada de los monstruos

Ni la humillación insultante de la Reina Madre, ni las burlas a las que se han visto sometidos, ni la objeción popular, ni la repugnancia que despierta la futura soberana, ni las impugnaciones de Chippenham y Cirencester, ni la indeferencia de las Casas Reales ante el enlace, ni que Ernesto de Hannover no vaya a ser la alegría de la fiesta con sus habituales y descomunales cogorzas...
Nada importa. El amor ha triunfado.
Sólo hay que echar un vistazo a la enternecedora (o estremecedora, según cómo se mire) parejita para pensar aquello de: “Dios los cría y ellos se juntan”.