domingo, 17 de abril de 2005

Hey, Joe...

Inconsciente paradigma de la deletérea miscelánea entre rock y heroína, representación de la insubordinación y la desidia, dignatario del ‘black power’ en los 70 y otro de esos ídolos caídos que dejaron un exquisito cadáver muy joven, habiendo vivido rápido pasando a ser otro mártir de un período convulso. Jimmy Hendrix, transgresor y mitológico, se ha convertido con el paso de los años en un emblema de la música revolucionaria y uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos.
La devoción por esta ‘bestia parda’ se materializa en un nutrido catálogo de cantautores, bluesmen, jazzistas y hasta folclóricos, partidarios de la excepcionalidad de una obra musical al margen de su portentoso virtuosismo que dio al mundo de la música algunas las técnicas de grabación que Hendrix empleó en sus álbumes, más revolucionarias si cabe que las de los Beatles en ‘Sgt. Pepper's’.
Esta mañana me he levantado al son de ‘The ultimate experience’, y tras ello, la resaca parece haber disminuido. No he podido por más que seguir consumiendo más Hendrix y tararear sus míticas ‘Hey Joe’, ‘Voodoo Chile’, ‘All Along The Watchtower’, ‘Foxy Lady’, ‘The wind cries Mary’, ‘Fire', ‘Little wing', ‘Crosstown Traffic’ o ‘Manic Depression'.
El rock psicodélico, el blues ácido enfurecido en las cuerdas de su Fender Estratocaster, de contagioso ritmo lisérgico originado en la simbiosis entre blues, jazz y rock; explosivo cóctel de referencias con alma de soul.
¿Hay algo mejor que levantarse un domingo de resaca con la música de Jimmy?