viernes, 8 de abril de 2005

Aburrido desbordamiento papal

Estoy desconcertado con el despliegue que se está dando en relación a la muerte del Papa, vertiendo, a su vez, una profusa y deliberada hipérbole hacia el Santo Padre, con un desmedido exceso mediático (sobre todo Telecinco) glorificando su figura que nos ha condenado casi a un suplicio televisivo. La reincidencia en los discursos, las mismas palabras difundidas en cada información, la repetición de imágenes, la urdida taumaturgia a la que se elevado la figura del Papa impregnada en lo rayano al paroxismo del fundamentalismo cristiano.
El mero espectáculo de la concentración católica se ha dilatado desde aquellos pocos fieles que asistieron a la sacrificada exhibición de Woijtila, asomado agonizante a la ventana del Vaticano, a los millones de cristianos que esperan días enteros por permanecer menos de dos segundos y hacerle una foto al Pontífice disecado con su cámara digital. La imagen equivalente de toda la masa religiosa, subrayada hasta el hastío, el séquito de prosélitos enfervorecidos, la partidaria muchedumbre atiborrando Roma, los periodistas desplazados relatando su monótona perorata, el tiempo dedicado al mortuorio evento... Todo, desde un dosel de despliegue exorbitante, incomprensible. La liturgia católica llevada a un circo mediático de populismo contemporáneo. Es impresionante, pero a la vez grotesco.
Hemos soportado todo tipo de hagiografías postulantes del encomio, a la magnificación de la figura papal que ha llegado, lamentablemente, hasta el tedio. Espero no resultar blasfemo o anticlerical, pero no entiendo esta predisposición hacia la secularización evangelizadora escondida en la muerte del Papa. No obstante, analizándolo fríamente, todo es mucho más fácil de lo que aparenta. El prominente despliegue de los medios no es más que la búsqueda de audiencia camuflada de respeto a los católicos, que son muchos millones y que ven la televisión. Es el único argumento que se puede esgrimir ante este inmoderado (y bastante irritante) desbordamiento sobre el fallecimiento del Papa.
Hoy, el sepelio. Mañana más peregrinaciones. Y lo que nos queda hasta la ‘Fumata blanca’ que nos desvele quién ocupará el Pontificado.