miércoles, 9 de marzo de 2005

Su cortometraje, gracias

Ayer hice un inverosímil pase de dos de mis cortos; ‘Abyecto’, el primero, rodado hace diez años, en plan guerrillero, con un equipo ebrio de aprendizaje y de lúpulo, de una insolencia chafardera de lo más cutre y ‘El límite’, el último, pulido hasta el extremo, visualmente impecable, con un equipo profesional de 25 personas de compostura y profesionalidad honorable. La sala estaba bien, ‘El Savor’, un ‘bar-café’ con inquietudes culturales (“para mí sería más fácil traer a una ‘striper’ y sería más rentable, pero me interesa fomentar otro tipo de actos” me contaba el dueño) donde prevalecía una pantalla grande y unas pocas personas como apacible y flemático público. Al principio me sentí como los Baker Boys en ‘The Capri Hotel’ en el comienzo de esa obra maestra de los 80 dirigida por Steve Kloves. De fondo, música de un debilitado jazz, las luces tenues, el humo etéreo, las conversaciones imperceptibles y una veintena de heterogéneo público que aplaudió escéptico en la presentación de las piezas. Sin embargo, la fruición con la que se acogió esta pequeña proyección me acomodó a dar una momentánea disertación sobre el mundo del cortometraje en esta ciudad y en el panorama nacional. Uno de los argumentos por los que más se interesó el escaso público que se dio cita ayer noche fue la distribución del trabajo.
El gran Borja Crespo se ha unido a la iniciativa de Johnnie Estrella en una propuesta de lo más inspirador, revolucionaria diría yo, para la distribución del formato cortometraje. La financiación de costes, restituir o pretender recobrar lo costeado es casi una entelequia. Existe, como todos sabemos, la odisea del circuito de festivales, que se antoja incierta, como atrapar un hipogrifo, es decir, que el estropicio es seguro. Sólo existe la complacencia de la selección.
¿Cuántas veces he oído y dicho el artificioso proverbio: “ya es un premio que te seleccionen”?
Como dirían los americanos “bullshits”.
Hay que buscar soluciones ¿Y cuál es una de esas posibles soluciones? Una máquina expendedora.
2 € por ‘Snuff 2000’, el corto del aguerrido bilbaíno basado en el salvaje cómic homónimo del dibujante Miguel Ángel Martín. No es mala transacción. En el Café Macondo de A Coruña (en proyecto con Ciclo.org) se puede conseguir una copia del corto en un Compact Disc con las dimensiones de una tarjeta de crédito que se puede reproducir tanto en DVD como en ordenadores.
Hay que desearle a Borja toda la suerte del mundo, ya que si esto va saliendo bien y capta adeptos, puede ser una vía de futuro muy interesante apuntalada en las ventajas que ofrece una iniciativa cuanto menos promisoria para la comercialización de cortos a precio asequible.