viernes, 4 de marzo de 2005

Especial Hugh Hefner y PLAYBOY

Hugh Hefner y el Imperio Playboy
A lo largo de más de medio siglo las ‘playmates’ han pasado de despertar pasiones onanistas a convertirse en estrellas del cine y la televisión.
En el punto de mira
Está de actualidad gracias al juego ‘Playboy: the mansion’, que recrea la vida del magnate del erotismo Hugh Hefner para que el jugador se meta en su piel y controle la publicación desde el primer número, así como la posibilidad de erigir la famosa mansión Playboy y la contratación de un grupo de fotógrafos y periodistas para las fotos que sirvan de póster central de su prestigiosa revista, así como la selección de la futuras conejitas que antes pasarán por las pruebas que uno, como usuario, elija. Playboy ha pasado a ser sinónimo de lujo, mujeres hermosas e inalcanzables, fiesta se sexo descarriado en multitudinarias orgías, famosos poniéndose hasta arriba de cualquier placer conocido y una forma de vida que muchos sólo pueden imaginar en sueños.
Hugh Hefner se transformó en un icono indiscutido del entretenimiento para adultos que vende 5 millones de ejemplares en 18 países. El juego consiste en crear (como lo hizo en su momento Hefner) el contenido de la revista Playboy para que siga las tendencias y tenga éxito en el mercado mientras aumenta la fama del usuario. Para ello, deberá contratar el personal apropiado y construir una mansión de ensueño lleno de conejitas por las que babear en cualquier momento y disfrutar de las fiestas orgiásticas con los invitados más célebres del momento e interactuar con los invitados para encontrar el mejor contenido para la revista, incluidas entrevistas y sesiones de fotos. El componente de simulador social del juego es igual al archiconocido de célebres juegos como ‘Sims’ o ‘Singles’, que permite la interactividad basado en los parámetros de personalidad. El juego ha sido supervisado en todo momento por Hefner y es creación de Ubisoft, junto a Playboy Enterprises y INgrooves.
Un mito editorial
Cuando en 1953 el editor Hefner lanzó desde Chicago la revista Playboy, sabía cual era su objetivo, pero jamás imaginó lo que iba a trascender una idea que revolucionaría el mundo de las publicaciones lúdicas. Su idea era clarividente: crear una revista mensual masculina que alternase entrevistas y columnas firmadas por prestigiosas figuras de la literatura y el periodismo de USA, pero incluyendo en sus páginas una buena parte de producciones fotográficas de los mejores desnudos que se hubiesen hecho hasta la época. Lo que Hefner no sabía era que en base a esos desnudos terminaría fundando un imperio en el que el sexo y la sensualidad que emanaban sus páginas centrales le permitiría ser el hombre más envidiado del mundo a sus 78 años. Con sus artículos y reportajes, Playboy se mimetizó en una publicación de calidad tras un prestigio intelectual que ofrece desde su inicio la cobertura a los temas económicos, políticos y sociales más relevantes de la actualidad. Su esencia se ha transformado en histórica y se ha transmitido de generación en generación como reclamo intelectual donde no faltan las bromas hacia quienes compran la revista jurando haberla adquirido "para leer la última entrevista a Tom Cruise, el estudio de la obra de Gabriel García Márquez o un análisis sobre los últimos movimientos de Wall Street".
La calidad de las producciones fotográficas, la cuidadosa y excelente selección de modelos y la belleza física casi fantasiosa de las mujeres que desfilan por sus páginas pueden desbaratar cualquier justificación intelectual. Aunque, en definitiva, ¿por que no pueden ir juntas las notas mas complejas y las tetas mas grandes y suculentas del año?
Hugh, la leyenda
Todos los hombres del mundo le envidian. Aquellos que conocen su trayectoria saben que es un tipo que a lo largo de su vida se ha levantado de su cama compartida con tres féminas de escándalo (de esas que sólo vemos en las revistas o de forma onírica mientras se ejecuta el vicio manual) para trabajar con el pijama y su aristocrática bata todo el día. Su leyenda cuenta que ha compartido fluidos con más de mil mujeres y haber creado algún harem por el que cualquier hombre mataría. Hef es todo un símbolo. Dentro de sus habitaciones ha sucedido de todo: desde crímenes pasionales hasta sórdidos cuentos de sexo, drogas y rock & roll.
Nació en Chicago el 9 de abril de 1926. Desde muy pequeño sus pasiones estuvieron muy claras: los negocios y el dibujo. A los 10 años se cuenta que la vendía un pequeño diario por una ínfima cantidad. En su instituto fue un hombre carismático y con iniciativa. Durante su juventud Hef (como le conocen los más allegados) deambuló por el ejército, se casó con una compañera llamada Millie Williams, pasó por la Universidad de Illinois y acabó recalando en la publicaicón de renombre Esquire, donde ejerció como promotor creativo. Pero Hefner quería su propia publicación. En mente tenía un nombre; Stag que cambió por Playboy. En el año 53 consiguió que Marilyn Monroe accediera a ser la primera playmate de la historia. No colocó fecha en la portada de la primera edición ya que no estaba seguro de poder realizar un segundo número. Su éxito, rotundo: más de 50.000 copias. Preciosas chicas desnudas en los cuidados pictoriales no era algo que el lector estuviera acostumbrado a ver en una revista con aspiraciones comerciales, así que la revolución en el mercado fue considerado como un auténtico ‘boom’ de ventas.
Su finalidad editorial se definía por unas líneas críticas apoyadas en la procacidad, el humor y la diatriba al sistema de vida yanqui, a la institución familiar, con una ventaja que siempre ha determinado a la revista: las grandes firmas que han vertido sus iracundos comentarios en las páginas de Playboy. Su creatividad fue más allá de la revista y decidió crear un club para hombres donde voluptuosas mujeres vestidas de conejitas se encargaban de servir alcohol y proporcionar, en algunos casos, oscuros placeres heterosexuales. Prostíbulos legales de alto ‘standing’. Salvo por una diferencia, las solícitas playmates no eran putas, amigos. Las conejitas elegían a sus penetradores, como en fiestas sexuales de liberales jovencitas entregadas a los placeres carnales. En los años 70, la revista vendía mensualmente más de 7 millones de copias, existían 23 clubes de Playboy en Estados Unidos. Hefner se tranformó en un Dios para unos y en un disoluto pervertido para otras (de estas mujeres que no se afeitan el bigote y protestan por la integridad de las mujeres).
En los 80, una de esta mujeres de condición más conservadora llegó a la vida de Hugh en forma de apetecible cojenita que fue ‘playmate’ en 1989, Kimberly Conrad, mujer que cercenó con sus estrictas normas parte del mito juerguista de la mansión Playboy y que le dio dos pequeños retoños llamados Marston y Cooper. Pero esta tediosa y familiar vida no era plato de buen gusto para un calavera tan mítico como Hef, así que se divorció y a la Mansión volvieron las fiestas, el sexo descontrolado (cuentan que era imposible ir a mear sin venir con una dosis de sexo en cualquiera de sus condiciones que contar a los colegas de copas), estrellas del cine y la música en lúbricas situaciones y jarana y tumultuosa algarabía diaria. Y Hugh tan contento, ya que con la viagra puede seguir activamente disfrutando de sus acompañantes, asegurando que folla cada día como si fuera un incansable zagal con hermosas jóvenes que buscan ser actrices, aparecer en el póster central de su revista o ser parte efímera de la historia del Imperio Playboy.
Un hombre que tiene en su poder la tumba adyacente a la de Mariyn Monroe, para que cuando muera pueda cumplir su sueño de descansar junto a la mujer que siempre amó y que inició con su desnudo uno de los reinos libidinosos y económicamente más prósperos de la historia de Estados Unidos.
La socia ideal
En los comienzos Hefner creo un mito erótico por excelencia, el icono por el cual suspirarían todos los hombres el mundo, la imagen de la chica de nuestros sueños húmedos: las míticas conejitas de Playboy. La modelo que daba vida era la fantasía típica norteamericana de "la vecina de al lado" (the girl next door), luego se convertiría en "la chica del mes" (the playmate of the month) o la sugestiva compañera de juegos (sobre todo en el baño de varias generaciones de adolescentes, con el seguro de la puerta echado y una mano sujetando la revista y la otra, bueno, verás…).
Enseguida y para siempre el póster central, protagonizado por las mujeres mas desarrolladas anatómicamente, terminó adornando las paredes de los cuartos masculinos de EE.UU y después de medio mundo (muy popularizado entre los camioneros y mecánicos de coches). Pero a principios de los años 50 no era fácil encontrar secretarias o estudiantes que quisieran posar desnudas. Mostrar sus lascivos encantos ocultos era algo difícil de conseguir en una sociedad tan puritana como la americana. Hasta ese momento las revistas eróticas o calendarios circulaban clandestinamente y sus modelos eran mujeres de dudosa y curtida trayectoria o bailarinas exóticas (eufemismo con el que se designaban a las mitológicas ‘strip-teasers’ como Betty Page, Lily St. Cyr, Blaze Starr o Tempest Storm). Por tal motivo, para sus primeras producciones de desnudos, Hugh Hefner tuvo que recurrir a su afanosa y bella secretaria Janet Pilgrin, que terminó convirtiéndose en una verdadera "secretaria para todo", llegando a ser playmate del mes en tres oportunidades.
Varios años más tarde, en 1965, Berth Milton, fundador del imperio Private (la versión hard europea de Playboy con la explicitud genital como bandera), también necesito los servicios de su dotada y hermosa secretaria Sylvia como modelo del primer número de la publicación. Parece ser que todo empresario de este rubro debe tener secretarias dispuestas a todo servicio si quiere salir adelante.
Los inicios de las conejas: Marilyn, Mansfield y compañía
A partir de 1955, Hefner empezó a descubrir esculturales mujeres que al tiempo de darse a conocer en el mundo del espectáculo, se convirtieron en auténticos mitos eróticos de su época. Como la exuberante platinada Jayne Mansfield (‘playmate’ en febrero 1955) que luego pasaría a ser una de las 'femme fatales' con una célebre y escandalosa carrera cinematográfica en Hollywood, acabando con la cabeza desmembrada del cuerpo en un siniestro accidente en el que el ‘Papa Negro’ de la ciudad de oropel, el satánico Antón LaVey, tuvo mucho que ver. Considerada una copia burda de Marilyn que, como ya se ha mencionado fue la primera e inolvidable playmate de la revista en 1953, Mansfield tiene una de las vidas más truculentas y desenfrenadas que se recuerden.
Otra conejita cuyos desnudos le abrieron mágicamente la puerta de Hollywood fue la actriz Stella Stevens (enero 1960). En aquellos años de recato (siempre hipócrita en EE.UU.) todo esto estaba muy mal visto y la revista era quemada en manifestaciones pro-católicas en protesta por el creciente libertinaje y la ‘supuesta’ apología pornografía que profesaba la publicación. Cuando apareció en el desplegable central, un predicador de Tennessee aseguró que la modelo había sido obligada a posar. La Stevens lo desmintió categóricamente, haciendo que las ventas y su fama subieran vertiginosamente y terminó filmando la célebre comedia de ‘El profesor chiflado’ con Jerry Lewis, en 1963 y con el director Sam Peckinpah, en 1970. La playmate de junio 1963, Connie Mason, también pasó de mostrarnos el parrús para la revista a convertirse en musa inspiradora del naciente cine ‘gore’ en su vertiente más ‘splatter’ al ser la incombustible diva del clásico del género dirigida por Hersell G. Lewis ‘Blood Feast’.
La playmate negra Ola Ray (junio 1980), como muchas otras modelos de Playboy, consciente de sus escasas dotes interpretativas, supo que lo suyo era mostrarse en traje de Eva con alguna pretensión de protagonizar alguna escena de ducha o dejarse violar en una escena de película de clase B. No obstante la Ray consiguió una efímera popularidad al interpretar la aterrorizada novia de Michael Jackson en el exitoso videoclip ‘Thriller’ que dirigió John Landis. Curioso dato para la memoria nostálgica sin lugar a dudas. Un caso especial es el de la rubia Shannon Tweed (noviembre 1981) que pasó de las páginas de la publicación de Hef a coprotagonizar la serie ‘Falcon Crest’ y ser pasto de las comidillas sensacionalistas de la época al contraer matrimonio con el insolente Gene Simsons del grupo 'Kiss', rodando además unas 30 películas que la catequizaron como una absoluta reina del thriller erótico y la ex Playboy mas prolifera y veterana que se dedica al cine actualmente. Toda una musa de la revista que se permitía el lujo de algún que otro pictorial en la revista de ‘los hombres que aman a las mujeres’.
Los oscuros capítulos en la Masión Playboy.
En 1984 se enamoró de otra espectacular modelo rubia llamada Dorothy Stratten, que por entonces estaba casada con el director de culto Peter Bogdanovich. Pero poco le duró la felicidad al bueno de Hef porque esta modelo aparecería muerta en extrañas circunstacias en la mansión del tío Hugh. Uno de los sucesos más escabrosos que rodean al hombre fundador del Imperio Playboy. El FBI no pudo aclarar quién mató a la joven. Por un lado, se dijo que fue el director de ‘Luna de papel’ quién, en un ataque de celos, fue el responsable de tan trágico suceso. Por otro, Hefner parecía tener todas las papeletas para ser acusado del crimen. Nadie sabe quién la mató.
En 1992, la policía de Los Angeles montó una espectacular redada antidroga. La orden del tribunal indicaba que en el interior de la mejora Playboy se consumían todo tipo de sustancias ilícitas. Es de lógica que en un ambiente de lujo con este ajetreo de bombicitos, grandes magnates, productores de cine y estrellas de todos los ámbitos estén puestos hasta arriba de todo tipo de sustancias lisérgicas, pero la verdad es que poco se encontró dentro de la mansión.
Lo que demuestra, en ambos, que Hefner tiene un potencial bastante evidente para untar a las autoridades.
Jill Ann Spaulding, ex chica Playboy, publicó un libro en el que narró con pelos (descritos en sus diversas facetas) y señales todo lo que sucedió en el dormitorio de la mansión del magnate Hugh Hefner cuando ella ejerció de ‘compañera cobaya’ al lado del magnate. Spaulding (no sabemos si tendrá que algo que ver con uno de nuestros críticos favoritos de la blogoésfera), era una jugadora profesional de póker que durante un tiempo ejerció de chica Playboy. Según sus palabras, la enorme mansión es una casa de trueques sexuales, en la que se comercia con sexo por fama y popularidad. En el libro titulado ‘Jill Ann: Upstairs’, afirman que Hefner tiene 12 "conejitas esclavas" que, entre otras tareas, tienen la de practicar sexo obligatorio con el fundador de Playboy cada miércoles y viernes en las llamadas "Noches de Sexo de Hugh". Durante estas noches, las chicas tienen que bañarse desnudas con sus esculturales cuerpos frotándose libidinosos unos con otros, haciendo que las gotas de su sudor sexual se mezclen con el agua de una piscina donde el sexo puede olerse, donde cada partícula… esto, si bien, que me estoy saliendo del tema… ¿Por dónde iba? Ah, sí, que las Playmates se tienen que meter en la piscina y participar en una orgía en la que suele haber grandes productores de Hollywood, reconocidos actores, famosos jugadores de altas competiciones (NBA, NFL… -algo así como lo que hace Ronaldo pero a lo grande y con clase). Y no sólo eso, si no que la Spaulding detalla lo que para muchos ya ese un fantasía inalcanzable: "Hay dos grandes pantallas de televisión en su dormitorio con cine porno. Las chicas que están haciendo el amor tienen que gritar mucho y las que no simular relaciones lésbicas con las demás". Ahí es nada.
Estrellas como Sammy Davis Jr., Peter Sellers, Ray Charles, Tony Curtis, Rocky Marciano, Ryan O’Neal, Roman Polanski, Jack Nicholson, Mick Jagger, Clint Eastwood, Groucho Marx, James Caan, John Belushi, Nicholas Cage, Bruce Willis, Leonardo Di Caprio y Jim Carrey entre muchos otros han pasado por las camas llenas de conejitas de la Mansión de Hugh.
La X más oculta de Playboy
Desde 1953 más de 600 chicas han pasado por los epígrafes de ‘playmate’ de Playboy pero sólo dos se atrevieron a dar el paso que muchos quisiéramos ver: dedicarse al cine pornográfico, a exhibir visualmente todos esos movimientos que hemos imaginado mientras veíamos con los ojos como platos y el mástil izado sus desnudos en la revista. La decididamente potente Susan Kiger, tres años antes de ser conejita (enero 1977) protagonizo ‘Deadley Love’ (1974) con bastante pericia en sus acometidas sicalípticas y una simpática muestra de placer solitario con una serpiente (mucho antes de que lo popularizara Cicciolina).
Aunque más intenso fue el trabajo de Teri Weigel (playmate 1986). Primero, modosita ella, se animó tímidamente con las producciones ‘soft-core’ en video tanto para Playboy como para Penthouse y el Playboy Channel (una dinámica que sí ha proliferado entre las playmates más actuales), pero cansada de posar decidió pasar a la ‘acción’. El cine porno se rindió a ante sus encantos y con un nombre similar al de Tori Welles se hizo famosa por sus alaridos orgásmicos y porque sus enormes ubres crecían desmesuradamente año tras año (es la guarra de la foto). Otras chicas siguieron un camino inverso y sinuoso por el lado oscuro y más sicalíptico del género prohibido fueron la archiconocida Pandora Peak, que trascendió también por sus estratosféricos pectorales trabajando primero como striper y modelo de revistas eróticas; y luego por ser una de las musas del catedrático del erotismo ‘freak’ Russ Meyer (entrañable cineasta que dirigiera la saga de ‘Vixens’ o ‘Faster Pussykat Kiss, kiss’). Pandora también se dejó ver como en ‘Strip-Tease’, el bluf con indicios de ‘cult movie’ dirigida por Andrew Bergman y protagonizada por Demi Moore.
El edicto de la revista de Hugh
Los pechos poderosos y rebosantes de silicona (el sueño de todo amante de lo ostentoso) y las melenas rubias, pieles tersas, curvas de vicio y kilométricas piernas que acaban en una entrepierna perfectamente depilada donde el vello púbico dibuja formas mareantes de estética estudiada son los aspectos más característicos de la prototípica estrella de Playboy. Además, si bien es cierto que la playmate del mes debía ser moderna, simpática, inteligente y sin falsos prejuicios morales a la hora de exhibir su cuerpo en las páginas centrales, falta agregar el sustento ideológico y filosófico de Hefner. Y tal vez en ese terreno es en donde la modelo de Playboy - a pesar de su contundencia física - pierde terreno en relación a las mujeres de otras publicaciones. Con el paso del tiempo y los cambios en la sociedad, la mujer de Playboy se convirtió en un mito sexual que, por inalcanzable (siempre estaba rodeada por el lujo y tenía pechos sin sexo), termino aburriendo por su sometida insulsez. Llegó un momento en el que el pajillero quería ver más. El vicio y la obscenidad, de nuevo, habían ganado la partida al decencia y escrupulosidad de Playboy. Por eso la revista ‘Hustler’ de Larry Flint, por ejemplo, lo entendió así desde un principio y para competir y llevarse el gato al agua, aparte de mostrar mujeres sensualmente desnudas mostraban sin pudor la amplitud de su sexo (sí, me refiero a esas fotos en que se ve hasta el punto G). Hefner se dirigió a sus lectores con un editorial en el que se resaltaba que "cualquier hombre puede ser un "hustler" (bromistas o medio locos) pero solo unos pocos tienen el privilegio de ser "playboys" y tener un "penthouse". Y con esa política de comedimiento sigue su método artístico que siguen consolidándole como la mejor y más seria publicación para adultos.
Un inventario de bellezas inextinguibles
El desfile incesante de mujeres que han pasado por la revista de Hugh Hefner, ya sea en una producción fotográfica como en entrevistas o reportajes, tanto de ignotas modelos como mujeres convertidas en ‘megastars’ de Hollywood, demuestra que no sólo una obsesión mamaria fue el motor de Playboy y su creador, sino que la belleza en su expresión más amplia también forma parte de la idea utopista del creador de la revista erótica más prestigiosa del momento. En sus 43 años de existencia, entre cientos de cuerpos que han sido observados por sus incondicionales lectores, la publicación dio lugar a mujeres como Marilyn Monroe, Jayne Mansfield, Betty Page, Stella Stevens, Sharon Tate, Bo Derek, LaToya (vamos a rimar) Jackson, Drew Barrymore, Anna Nicole Smith, Pamela Anderson, Pandora Peaks, Brigitte Bardot, Ursula Andress, Kim Bassinger, Madonna, Cindy Crawford, Sharon Stone, Tahnee Welch (hija de Raquel Welch), Sherilyn Fenn, Victoria Principal (en su día, una estrella gracias a la serie ‘Dallas’), Marisa Berenson, Sandahl Bergman (hija del director Ingmar Bergman), Anita Ekberg (la nutrida protagonista de ‘La Dolce Vita’), Joan Collins, Linda Evans, Farrah Fawcett, Sylvia Kristel, Brigitte Nielsen, Daryl Hannah y Halle Berry entre otras.
Toda una galería para el recuerdo.
PD: Particularmente, la que me más me ha puesto de toda la vida es Barbi Benton.