domingo, 27 de marzo de 2005

Del cómic a la pantalla: Más de lo mismo

Sony está en negociaciones con la Marvel para llevar a la gran pantalla ‘Killraven’, el cómic de 1973 creado por Roy Thomas y Neal Adams lanzado en su época como un ofrenda intencional de ‘La Guerra de los Mundos’, de H. G. Wells, que vio la luz por primera vez en el número 18 de la colección Amazing Adventures.
‘Killraven, el guerrero de los mundos’, narraba cómo en el Siglo XXI la tierra es asediada por alienígenas que se hacen con el control del planeta. Los últimos supervivientes son guerrilleros que luchan contra el régimen marciano en una batalla poco menos que apocalíptica. El líder del grupo es Jonathan Raven “Killraven”, un gladiador que combate en los circos Marcianos para regocijo de los nuevos conquistadores. A “Killraven” le acompañaba un séquito formado por los inolvidables M’Shulla, Carmilla, Skull y Hawk en su cruzada por devolver la libertad en la tierra.
Gerry Conway, Bill Mantlo, Gene Colan, Hert Trimpe o Howard Chaykin forjaron el mito, pero no fue hasta la llegada de Don McGregor a los guiones del cómic (en sintonía con los estupendos dibujos de Peter Craig Russell), cuando éste logró conocerse por el aficionado al noveno arte.
Un nuevo proyecto pasa del papel de cómic al cine, uniéndose a la monomanía por la traslación de algún superhéroe de las páginas tebeísticas al celuloide. No insistiré más en la carestía de ideas, el ostracismo creativo y el recurso fácil del último cine comercial que se perpetra Hollywood. El alud de títulos es inagotable: ‘Iron Fist’, ‘Sub-Mariner’, ‘The Hands of Shang-Chi’, ‘Werewolf by Night’, ‘The Black Widow’, ‘Deathlok’, ‘Iron Man’, ‘X-Men 3’, ‘Man-Thing’, ‘Luke Cage’, ‘Ghost Rider’, ‘Fantastic Four’...
Y lo curioso es que existe un responsable directo de todo esto, su nombre: Avi Arad (basta echar un vistazo a su filmografía para saber de qué pie cojea este productor que tiene los derechos de más 4.500 cómics de la Marvel -para algo es uno de sus 'peces gordos'-).
Yo ya me resigno. Como dice mi amigo Raymundo: “Habrá que verla ¿no?”.