miércoles, 9 de febrero de 2005

'Shi Mian Mai Fu': llegan las 'Dagas Voladoras'

Alejado de la sencillez y el lirismo en ‘Hero’, Zhang Yimou, vuelve a la fábula romántica más poética y oriental con ‘Shi Mian Mai Fu (La casa de las dagas voladoras)’, otra exhibición del cineasta chino en su nueva etapa de épico estilo a la hora de llevar a cabo particulares visiones de la inagotable fuente que es el género de artes marciales, de luchas con catana y de espectáculo coreográfico. Elementos combinados perfectamente por Yimou con la filosofía oriental y una hermosa historia de amor que da como consecuencia un portentoso testimonio de buen cine.
Ni siquiera la autocomplacencia de la que en su conjunto hace gala esta nueva atávica leyenda china logra reprimir el fuerte efluvio del cine clásico de aventuras descubriendo como propósito final, al igual que en ‘Hero’, una auténtica delicia para los sentidos. La historia se centra en los tiempos en los que la dinastía Tang está en declive. Dos capitanes locales deben capturar al nuevo líder y poderoso enemigo que tiene su sede secreta de la 'Casa de las Dagas Voladoras'. Para llegar hasta ella, uno de ellos tendrá que engañar a una joven ciega que pertenece al clan. Pero, como en todo cuento que se precie, las cosas no van a resultar tan sencillas.
En ‘La casa de las dagas voladoras’ las pasiones no comprendidas, los toques de caligrafía escénica, amor, celos y heroísmo son de una fruición visual asombrosa, envolviendo la esencia romántica del filme con vistosos colores metafóricos y cambios de estación temporal cuando el momento argumental lo requiere. A pesar de todo, y aunque abuse del boato y el embellecimiento de los planos, Yimou sigue sabiendo brindar su mejor cine en este juego de símbolos evidentes y subrepticios, componiendo como una poética sinfonía su universo lleno de estética como apoyo natural, donde hasta su idea romántica del amor queda revelada en los imposibles y excelentemente coreografiados combates de unos guerreros que, bajo la pasión que sienten por la misma mujer, luchan por ella en un trágico final.
Tuve oportunidad de verla en el festival de Donosti y es una obra de arte en todas sus dimensiones. No os la perdáis. Aunque sólo sea por ver a esa deidad de mujer que es Ziyi Zhang (o Zhang Ziyi, como queráis) que hace aquí un papel inolvidable.