domingo, 6 de febrero de 2005

Review 'Ray'

Autocomplaciente y nada comprometida con la parte oscura de esa leyenda americana que es Ray Charles, ‘Ray’, el débito fílmico de Taylor Hackford puede considerarse como un anodino ‘biopic’ que, en términos generales, no logra un aceptable interés ni trascendencia por lo ortodoxo de todos sus mecanismos intrínsecos (ya sean visuales o argumentales).
Con una inesperada anemia de fascinación, innecesariamente dilatada y lo que es peor, con pretensiones hagiográficas y épicas, ‘Ray’ a pesar de ser un filme correcto y bien manufacturado, es una sucesión de anticlimáticos fragmentos de la vida de esta leyenda americana que pasa por alto las fealdades de la oscuridad, su conocida faceta de artista atormentado y siniestro, para refulgir la parte amable y redentora de esta eminencia musical, uno de los mejores músicos de la historia.
Como una servicial visión a los éxitos del genial intérprete musical, estamos ante la antítesis de ‘Bird’, la descorazonadora obra maestra de Clint Eastwood basada en Charlie Parker, debido al insistente y absurdo hipnotismo por parte de Hackford y su guionista por la aburrida historia de superación personal tan eficaz para el Hollywood más simplón y moralista. Y es que ‘Ray’ abusa de todos los tópicos habidos y por haber; varios traumas infantiles (narrados como no podía ser de otro modo en torpes ‘flash backs’), la dura trayectoria de una vida marcada por las drogas y las infidelidades, el libertinaje con sentido moral y aleccionador, una madre protectora que sigue los patrones del personaje de Sally Field en ‘Forrest Gump’, la corrupción personal a la aboca la fama y el dinero… Errores que, por supuesto, gracias a su esfuerzo como heroico ser humano, el protagonista supera para convertirse en poco menos que San Ray Charles.
Si a esto le sumamos una evidente falta de pasión por la historia y su total insuficiencia dramática, la cinta de Hackford podría considerarse un fracaso descomunal, desaprovechando la oportunidad de haber creado una antológica visión del mito, aunque haya que reconocerle al director de ‘Prueba de vida’ su perfecto encadenamiento de las legendarias canciones de Charles con su menos interesante (al menos fílmicamente) itinerario personal y profesional.
Y sí, Jaime Foxx está a la altura de las circunstancias, convirtiéndose en el único pilar sobre el que se sostienen las más de dos horas y media de película. La dedicación del joven talento afroamericano es tal, que su majestuosa y elegante interpretación dejan la sensación de no haber desperdiciado el tiempo, de asistir a una sobresaliente composición de inconfundible gesticulación, progresivos movimientos drogodependientes y la esencia personal de Ray Charles en sus actuaciones. Tanto, que cuando él decae en su atinado esfuerzo, la película padece una soporífera astenia visual. Clifton Powell como el leal Jeff Brown y, sobre todo, Sharon Warren como madre del artista alcanzan un nivel de interpretación que dejan ver, una vez más, lo que pudo ser y no fue.
Una verdadera lástima.