martes, 1 de febrero de 2005

NBA Live 2005: I love this game

No soy de esos que se enganchan a juegos adictivos ni en su pc, ni mucho menos en la Playstation 2. En éste último caso, porque carezco de ella más que nada. En los últimos años sólo me he dejado seducir por algunos juegos que, confieso, me han contagiado un entusiasmo adictivo fuera de lo común. Que yo recuerde: las dos partes de ‘Max Payne’ y esa historia fundamental que hay que vivir llamada ‘Mafia’. Alguno que otro también ha llamado mi atención como una prostituta de ébano a un septuagenario en la Casa de Campo, pero poco en una mínima medida. No suelo perder mi tiempo pegado a una pantalla sólo por el mero hecho del desenfreno por el ocio y la diversión pixelada.
Eso sí, una vez al año, arrastrando mi irrefrenable pasión por el baloncesto de élite, por el espectáculo de la NBA, caigo rendido ante el juego anual de EA Sports dedicado a la canasta yanqui. El NBA LIVE 2005 está en mis manos desde ayer y no he podido dejar de instalarlo y darme al vicio sano. Los deportes americanos, sea cual sea (NFLMadden-, NHL, NBA, Major League Baseball…) ofrecen una calidad fuera de lo común, tanto en sus juegos como en una realidad que ofrece verdaderas joyas de los deportes. Desde aquel mítico ‘Bird vs. Jordan: One on One’ soy un adicto al basket de monitor, al juego dinámico y espectacular que ofrece la compañía de ocio americana.
Este año, en la nueva versión, la cosa no ha cambiado mucho, pero sí ofrece una serie de mejoras paulatinas que hacen que el juego sea cada ves más atractivo. Por ejemplo; en la nueva edición de ‘NBA Live 2005’ tenemos algo que los ‘puretas’del juego añorábamos hace tiempo: el All Star Weekend. Y no me refiero al consabido partido de las estrellas, que lleva incluido hace años. No. Me refiero al Slam Dunk, el concurso de mates –con posibilidades asombrosas- y el nostálgico y siempre competitivo Concurso de triples. También han incluido un Freestyle que supone un reto competitivo y de aprendizaje, sobre todo en el concurso de mates, que alcanza unos resultados acojonantes. Y no sólo eso, si no que tenemos el partido entre los Rookies (novatos) y los Sophomore (jugadores de segundo año) que anualmente podemos disfrutar en Canal + que, como un acto de fe altruista, emite en abierto. Tampoco podía faltar un modo Dinasty que está bastante mejorado (incluye hasta un PDA para el cuarto de siglo que se va a tener en propiedad el club) y esa necesaria opción que atrae tanto a los ególatras como yo que permite crearte como jugador y formar parte en primera persona de los partidos, una iniciativa que transforma cada partido en toda una experiencia personal. Este año vuelvo a ser Michael Refo, un negrata de Brooklyn de casi dos metros, con rastas, profanado de tatuajes y de gran capacidad de tiro que juega junto a Gasol en los Grizzlies de Memphis. Puede parecer una frivolidad, pero sentirte parte del juego hace que todo esto tenga mucho más sentido y afección por el equipo.
En cuanto al acabado gráfico, como no podía ser de otra forma en los juegos creados por la empresa americana, vuelve a estar a la altura. Aunque, a priori, no existen diferencias entre los demás años, los chicos de EA siempre hacen que todo sea aún más perfecto. Este año, sin duda alguna, se aproxima de un modo más realista al juego en cancha real, convirtiendo la velocidad y los ataques en algo más creíble, con mejores defensas y una sincronizada organización para tener que trabajar el ámbito estratégico. Con el ‘Off-Ball Switch’ se puede controlar a los jugadores sin balón, haciendo que soliciten pases o ejecuten bloqueos. Los dribblings son más creíbles, hay una constante sensación de veracidad en el juego y todo, en conjunto, tiene un enfoque más objetivo en función a su ajuste a la realidad. Además se han mejorado también el sistema de control de los palmeos, los rebotes, los tapones, los Alley-Oops y los mates. Asimismo, se ha perfeccionado la técnica de reproducción de rostros y, sobre todo, de los movimientos de los jugadores en general, con lo que el juego adquiere un realismo que es de ponerse en pie, aplaudir y descorchar una botella de champán antes de jugar a este prodigio para los amantes de la NBA.
Como apunte que echábamos de menos: Kareem Abdul-Jabbar ya figura como All-Star de los 80, con lo que se puede disfrutar de su mitológico ‘sky-hook’.
Total, que podría estar viendo La 2 y escuchar beligerantes arengas verbales para estar al día en lo político, pero que, subjetivamente, me aburre; o seguir con un extenso análisis digno de revista dedicada a estos menesteres. Pero como no quiero aturdirme ni me pagan por escribir sobre juegos, directamente voy a darme una aparatosa e indigna sesión de NBA hasta que los ojos me hagan chiribitas y escuche de fondo órganos musicales con sintonías de ataque, público jaleando en cada jugada y que mis zapatillas de felpa suenen con ese chirrido perpetuo en el parqué como ultramodernas botas Nike.
Como diría el gran Andrés Montes (al que se le echa de menos en la versión española del juego –siempre prefiero los comentarios de la versión americana-): ¡¡I LOVE THIS GAME!!