lunes, 7 de febrero de 2005

La película del Millón de Dólares

Hoy he visto una de esas películas tan profundamente emocionales, tan perfecta, tan trágica y tan redonda que es imposible no conmoverse al pensar en ella. Pura emoción. CINE con mayúsculas.
Hacía mucho tiempo que no lloraba tanto en una sala como lo he hecho hoy. Hacía mucho tiempo que un filme no suscitaba en mí tantas preguntas y todas en el insondable terreno de la existencia humana, de una forma tan directa y cruel. Hacía mucho tiempo que unas imágenes como las de los personajes de Eastwood, Swank y Freeman no provocaban tanta piedad y, a su vez, una extraña inquietud, a medio camino entre la esperanza y el temor.
A buen seguro, estarán también mucho tiempo sin salir de mi cabeza, pensando en cada frase, en la sabiduría de cada plano, en su perfección.
Se me acumulan las críticas, pero la de ‘Million Dollar Baby’ tiene prioridad absoluta. Así que pronto la leeréis.
Sólo os pido una cosa si aún no la habéis visto y no es tarde: no echéis ese pequeño vistazo preliminar a la sinopsis, procurad no enteraos del argumento y, por supuesto, no leáis críticas. Id al cine como he ido yo, sin saber más que quién era el director y sus protagonistas.
De momento, tenéis una cita con una de las mejores películas del año.