domingo, 6 de febrero de 2005

La otra 'Superbowl'

Hace poco ha comenzado uno de esos eventos que en USA es sacrosanto, ineludible y adictivo para millones de personas que, entre cervezas, perritos calientes y banderitas nacionales, se aglutinan frente a la tele para ver la Superbowl. Aquí en España no tenemos ni idea de por qué esa adicción tan descomunal. Es más, ni siquiera sabemos un ápice de Football Americano. No sabemos las reglas, ni en qué se basa el juego, ni cuántos jugadores componen un equipo… Para los no iniciados y cayendo el tópico vendría a ser algo así como el ‘R. Madrid – Barça’ pero a un nivel tan superior que es imposible concebirlo, entender hasta dónde llega esta pasional fiebre por la NFL. Lo cierto es que parece que este año es en abierto, a no ser de que lo que esté viendo sea el previo y me quede con las ganas de ver el partido hasta las tantas de la madrugada.
En el Alltel Stadium de Jacksonville, en el soleado estado de Florida, Patriots e Eagles disputarán el trofeo Vince Lombardi. Los New Englad Patriots de Belichick sustentados en su ‘quaterback’, Tom Brady y los Philadelphia Eagles con el impresionante Donovan McNabb al frente pujaran por alzarse con un título que sigue una nación entera. Tipos gigantescos, armarios empotrados, voluminosos fulanos que acojonan con su espectacular fuerza física. Machotes yanquis en constante contacto por golpes, carreras y estratégicas jugadas para avanzar unas cuantas yardas. Todo en función de un solo objetivo: ganar la Superbowl.
¿Es divertido esto? La respuesta es evidente: NO.
La pregunta es… ¿por qué seguir con entusiasmo una ‘Superbowl’ de la NFL? Desde el año pasado la contestación tiene un claro exponente: por la Lingiere Bowl. Un espectáculo de ‘pay per view’ que se emite durante el descanso de la Super Bowl. Un prodigioso evento creado por las calenturientas mentes ávidas de belleza, dinero y audiencia. Como nos hemos quedado sin la teta de Janet y sin incentivos carnales (aunque hayamos tenido la espléndida presencia de Alicia Keys) debido al moralismo fulminante de los bienquistos norteamericanos, hay otro sector de yanquis que sabe erigir este tipo de espectáculos tan estimulantes para la vista.
¿Qué es la LFL? Os preguntaréis. Pues nada más y nada menos que docenas de hermosas y lozanas señoritas, modelos espectaculares con curvas mareantes, de esculturales cuerpos semejantes a esos tan sexualmente deseables que vemos en el ‘Playboy’. Agraciadas féminas que forman una liga de cuatro equipos, que participan en alta lencería fina y que muestran sus mejores jugadas semidesnudas, con toda la pasión que despierta el juego. Los Angeles Temptation, Chicago Bliss, Dallas Desire y Nueva York Euphorie son las cuatro escuadras de esta original y morbosa competición que deja a las Cheerleaders como simples objetos de contemplación. Aquí, las chicas más sexys están en el campo de batalla y sudan (para regocijo del que observa) por la consecución de otro premio más importante que la ‘Superbowl’: el desenfreno hormonal masculino.
Bellezas que competirán no por la exhibición deportiva exactamente, si no por otra exhibición que, si bien tiene un alto componente machista, aporta uno de los mejores momentos visuales del año. Como bien lo venden en la televisión por cable: “Una competición de belleza, de ligueros, lencería fina con las más hermosas deportistas del planeta en el Lingerie Bowl 2005. Un espectáculo en el que las mujeres juegan y los hombres ganan”.
Qué estúpida y libidinosa delectación deportiva, oiga. Todo un deporte de "contacto".
La página oficial de este esperada retransmisión anual Aquí.