sábado, 26 de febrero de 2005

Extraño viaje a ninguna parte

Quedan apenas un par de horas para saber si ‘El límite’ ha ganado o no algún premio en el palmarés del II Pata Negra de Guijuelo. Siendo el único trabajo salmantino de la muestra, uno tiene esa estúpida sensación de expectativa, almacenando algo de optimismo ante un posible reconocimiento por parte de los miembros del jurado que, como el calvo de la lotería, repartirán mucho dinero esta noche. A unos, merecidamente (espero que a nosotros, ejem…) a otros, como en el mundo de los concursos del corto, injustificadamente ilícitos, espurios, vamos inmerecidos, para entendernos.
Ahora mismo podría coger el teléfono móvil y hacer una llamada para saber si nuestro trabajo ha sido reconocido en alguna de las categorías del festival. Así me ahorraría el viaje. Intuyo que no. Cuando te lanzas al vacío artístico con un proyecto arriesgado y heterogéneo, un signo contrario a ‘premiable’. Suele suceder que la suerte abraza a otro tipo de grupúsculos reiterativamente letárgicos. Y esta vez no será una excepción.
Aún a sabiendas de un profético “me vengo con las manos vacías”, iré a Guijuelo a participar y compartir aplausos, sin saber nada, como lo que deben sentir los nominados a cualquier premio y fingiré indiferencia. Pero sí, amigos, dentro de mí reconcome el ansía de un jodido premio para nuestro sacrificado esfuerzo. Me hace ilusión. No hicimos un cortometraje para ganar ningún premio. Es más, me atrevería a decir que es una pieza a contracorriente. Y si no nos laurean está vez, la excepcional ocasión en que se ha materializado que somos profetas en nuestra tierra, no lo será nunca. Crucemos los dedos.