miércoles, 23 de febrero de 2005

Deep Spain (II)

"¡Hola!, ¿qué tal, amigo?" con un acento texano y anormal le dijo hace dos jornadas George W. Bush a Zapatero en la cumbre de la OTAN celebrada en Bruselas. Hace un par de semanas vimos a Moratinos, con rictus de “qué gilipollas me siento” (con el de siempre) al intentar distinguirse ante esa aberración femenina que es Condoleezza Rice, ZP nos ilustró del alucinante funcionamiento del mundo del circo político cuando, rápido y avizor, se colocó a la vera de Blair y Chirac para que este encuentro se produjera.
Bush le saludó en el castellano que le enseñó su antaño podenco faldero Josemari, pero seguidamente el presidente estadounidense abarcó con sus brazos a Berlusconi, como lo hacía Don Vitto Corleone. Bush necesita a Europa, precisa de nuevos y serviles aliados. Por eso ahora Yanquilandia busca a los franceses, a los italianos y a los alemanes, a los que odiaba hace poco menos de un año, pero que son irremediables para su imperialismo. A ZP le faltó rayar en la pose sumisa de Piqué, bajando la cabeza varias veces ante el mejor amigo de Michael Moore.
¿Podemos hablar de simpatías hipócritas? Noooo… ¿De intereses compartidos? Noooo… Estamos hablando de política, amigos. Nada más y nada menos.
Progresismo paleto de una España labriega al margen de la escena internacional.
Id preparando las pancartas para gritar todos juntos: “Americanos... os recibimos con alegría… olé tu madre…”. Ya veréis.