sábado, 8 de enero de 2005

Una tarde en 'Sleepy Hollow'

Visual, genuino y hermoso cuento
Consolidado como uno de los autores más personales y fieles a sí mismos del cine moderno (a pesar de algunos traspies por todos conocidos), el genuino Tim Burton volvió a su mundo de lóbrega fantasía con un cuento clásico en la naciente literatura norteamericana del genial y visionario Washington Irving.
‘Sleepy Hollow’ nos sumerge de lleno en la oscura y lóbrega idiosincrasia burtoniana, dotada con la fuerza de unas imágenes que sólo pueden emerger de la imaginería de este genio del Séptimo Arte. La historia del misterioso jinete sin cabeza que comienza a decapitar a los habitantes de un pequeño pueblo rural y la llegada del detective Ichabod Crane (Johnny Deep) para su resolución, va a marcar el comienzo de una pesadilla en la que los sueños, la alquimia, el terror y el amor se entremezclan en un ambiente enrarecido por un paraje insólito e inquietante. De nuevo, Burton nos presenta a un personaje sombrío, Ichabob Crane, angustiado, incomprendido y confundido en un mundo de tintes épicos y lejanos. Esta fábula fantástica (con más romanticismo que terror) en el que ambiente agónico y tétrico de un pueblo tenebroso, le sirve como referente al director de ‘Batman’ para desarrollar una historia que, pese a algunas aportaciones innecesarias del guión de Andrew K. Walker (‘Seven’), solventa cualquier mínimo defecto con un vigor visual y estético insuperable envidiable devolviéndonos al Burton más visionario y representativo tras la colorista ‘Mars Attacks’.
Remedo testimonial y magistral de los ambientes góticos de las películas del genial (y olvidado) Mario Bava y las películas de corte terrorífico de la Hammer, Burton aporta una obra estéticamente exquisita, definiendo una personalidad incomparable, asignando al filme una tenebrosidad cromática suntuosa, gótica, a la vez melancólica, que se desliza entre el género de terror y el ‘thriller’ con la comedia más tradicional, uniéndose ambos géneros en un cuento de fantasía en momentos surreal... Pero no sólo tributa una oscura narración épica, Burton vuelve a ironizar de forma malsana con la condición humana, con la naturaleza pusilánime del ser humano, con los ‘freaks’ que habitan en la extraña urbe que totaliza el pueblo réprobo. Ante ellos, el insólito Ichabod, va descubriendo la maldad y el caos, la traición y el miedo de unos habitantes que terminan por resultar entrañables.
La fotografía de Emanuel Lubezki y la orquestación nigromántica y enigmática de su inseparable Danny Elfman no hacen sino dignificar aún más un trabajo que eleva a Burton a una posición privilegiada dentro del cine actual. Una de las mejores aportaciones al cine de Burton que se revelaron aquí fue la presencia de una Christina Ricci fascinante, capaz de expresar con una mirada lo que otras actrices de su generación van a obtener con toda su carrera. La soberbia atmósfera con la que Burton reflejó este cuento terrorífico y preciosista conviertieron a ‘Sleepy Hollow’ en una ufanía visual, en un placer para el espectador entusiasmado ante esta película personal, dinámica, que no requiere de técnicas digitales para conseguir un ambiente que desde hacía tiempo nadie conseguía y que, de algún modo, reivindica la validez de un estilo de cine postergado.