lunes, 17 de enero de 2005

Sí, bueno, vale...la edición 62 de los Globos de Oro

Parece que la actualidad me ompone el tema: Alejandro Amenábar ha ganado el Globo de Oro. Enhorabuena a Bovaira y a Ami. Pero esto, no es noticia. No ha tenido la más mínima emoción ¿Acaso alguien dudaba que no iba a ganar? Lo extraño era esa absurda sensación de euforia desmedida que daba a Javier Bardem el galardón también al mejor actor. Siendo extranjero y con una película en otro idioma qué se esperaba. Sólo Benigni y su lacrimógena ‘La vida es bella’ (extrañamente ‘Mar adentro’ tiene mucho de la sobrevalorada cinta italiana) hicieron ver una extraña confabulación de Hollywood con aquella comedia dramática a lo más puro ‘tear jerker’. Por eso, es incomprensible que los medios se sigan obstinando unánimemente en utilizar frases tan prosaicas como Leonardo Di Caprio le ha arrebatado el premio a Bardem” o “La injusticia llegó cuando Di Caprio se llevó la estatuilla que pertenecía al español”. Creedme, lo he oído ¿Tenía Javier el premio en propiedad y se lo han sustraído en un descuido mientras se ha ido a mear? ¡Venga ya! A veces (cada vez más) entiendo menos esta profesión en la cual me licencié para malvivir sin cobrar un euro.
Dato curioso (e intrascendente): Es la segunda ocasión en que Scarlett Johansson entrega un premio a la película española. El primero, la Copa Volpi a Bardem como mejor actor en Venecia. No volveré a insistir en la inmensidad de esta actriz, pero podría.
Otro tema que no puedo dejar pasar por alto es la gran pregunta: ¿Por qué el productor tiene que subir al escenario con el director? ¿Qué sentido tiene ver a Bovaira ahí detrás, haciendo bulto, de vela, estando de más…? Me ha recordado al instante en que Andrés Vicente Gómez agarró a Fernando Trueba del brazo y subió hasta donde se ubicaba Anthony Hopkins para recoger su Oscar en el 93. Siempre me dio la sensación de que, de cara al espectador extranjero que viera la gala, Trueba era un ciego que necesitaba el brazo lazarillo de alguien para poder acceder a su merecido premio.
Estaba muy claro que Ami y su filme sobre Ramón Sampedro iba a llevarse el premio de la crítica extranjera en Los Ángeles. Tanto, como que ganará esos 12-13 Goyas y el Oscar a la mejor película extranjera. Es 'box populi'. Lo que ya no entiendo muy bien es qué coño habrá hecho el pobre Martin Scorsese para que le traten como le tratan. Vale, sí. Alguien me dirá que su ‘The aviator’ se ha llevado tres estauillas esta pasada madrugada, que ya ganó el suyo con la excelente ‘Gangs of New York’, pero este desplante al entregarle el premio a Clint Eastwood (ojo, que no hemos visto ‘Million dolars baby’) ya empieza a anticipar que este año tampoco le van a conceder el Oscar que el maestro italoamericano se merece desde hace tiempo. Y desde esa ecuanimidad, reconocerle como uno de los grandes de la historia del cine, ya que los Oscar son premios tan caprichosos e inconsecuentes, por lo que esta vez podrían hacer justicia histórica y darle uno. Confieso que me ha dado pena observar al pequeño maestro de su rostro cercano, amable, prodigando bondad con sus sonrisas, aplaudiendo a Eastwood recoger su premio de manos de un Ron Howard al que le debe dar vergüenza mirar su Oscar por esa desfachatez que fue ‘Una mente maravillosa’. Por supuesto, no quiero, como he escrito antes, restarle méritos a Eastwood, pero es que uno va envejeciendo y termina encariñándose de unos más que de otros. A pesar de ello Marty puede darse por satisfecho gracias a la película que ha parido.
Tengo que confesar que estos premios cada vez me aburren más. Tanto boato, expectativas compradas, decoro incongruente, sonrisas estudiadas, televisión custodiada al milímetro, con férreos guiones que desvirtúan las inexistentes sorpresas improvisadas que se puedan dar. No me extraña que Billy Cristal esté agobiado de tanta presentación de Oscars. En definitiva, que el sopor y el tedio terminan por ser dos invitados más a este tipo de galas. Resulta mucho más curioso lo irrelevante e impopular que rodea a tanto ornamento, frivolizando en los pequeños destalles que desconocemos, como que este año a los presentadores, la Asociación de la Prensa les ha dispensado unas bolsas de regalos ‘de luxe’, valoradas en 38.390 dólares (ni uno más ni uno menos) que incluían un brazalete, un reloj Chopard, un ineludible MP3, copas de Martini con coctelera a juego y bombones Godiva ¡That's entertaiment, dear friend!
Aunque hay alguna que otra pregunta interesante de cara a los Oscar (gala que, aún clamando a los cuatro vientos su futilidad y bagatela, veré como cada año): ¿Scorsese ganará por fin? ¿Di Caprio habrá olvidado que fue el único pardillo que no fue nominado por ‘Titanic’? ¿La frágil Natalie Portman se llevará uno? ¿Se olvidarán (como han hecho en los GG) de Tom Cruise por su estupendo trabajo en ‘Collateral’? ¿Jaime Foxx (que bien pordría estar nominada como secundario por la cinta de Mann) volverá a entonar gorgoritos a lo ‘Ray’? ¿Habrá sorpresas o Anette celebrará su Oscar? ¿Ganará Howard Shore dos Oscars seguidos? ¿Alguien enseñará un pezón sin aros en forma de sol?
Por cierto, lo mejor de la gala de estos Globos de Oro no han sido los premios, ni siquiera la efervescencia del júbilo por parte de los ganadores. Lo mejor de la noche ha estado en ver a una exuberante, apoteósica, magnánima diría yo, Charlize Theron, todavía con el look de ‘Aeon Flux’, teñida de morena y exultante, entregar el premio a Di Caprio. Si Dios existe es porque imperan mujeres como esta diosa de la belleza. Y lo puedo decir con total y juicioso discernimiento, ya que he tenido a la Theron muy cerca. Y es sencillamente perfecta, absoluta, toda ella.