domingo, 16 de enero de 2005

Por una Europa unida y libre

Esta mañana me he levantado, además de con la habitual resaca dominguera, con el sentido del deber en este cuerpo serrano que tengo, percibiendo que debía leer 'El tratado por el que se establece una Constitución Europea' que han entregado gratuitamente con los tres periódicos que se compra aquí en mi casa. Y así ponerme al corriente del contenido de este tratado que tanto ha dado que hablar. Tres constituciones, ahí, encima de la mesa, tan azules y editadas con el esfuerzo de unos trabajadores a los que por poco se les jode la Navidad porque estuvieran esta mañana en nuestras casas esperando ser abiertas y leídas. La he mirado y he echado una ojeada al preámbulo, el que habla del rey de los belgas y todos los mandatarios de Europa. Y, de repente, se me han quitado las ganas de seguir, sin ningún motivo aparente.
Supongo que esto mismo que me ha pasado a mí, le habrá pasado a muchos de los españoles que votarán el próximo 20 de febrero. España, país de contradicciones, sí señor. Desde el gobierno se quejan de los españoles están pasivos ante el tema, que deben comprender la importancia que tiene el tratado. Pero a mí me da que mucho votarán que sí por inercia.
Mientras, he preferido leer las gilipolleces de la ministra Carmen Calvo el suplemento regional de 'El Mundo' respecto al polémico Archivo Histórico y la inminente devolución de los eternos legajos catalanes. Eso sí que ha tenido gracia. Y mucha. A ver si se los llevan de una vez y se acaba, de paso, con este ridículo circo en que se está transformando el tema.