viernes, 14 de enero de 2005

Polémica amarilla y lingüistica

Mandarín, hsiang, kan, hakka, wu, fukienés y cantonés. Posiblemente os suene a chino. Y sí, así es. Son los dialectos chinos que están provocando una auténtica guerra en el costado más oriental del mundo, como cuando vemos en congreso chinos a pequeños señores de ojos rasgados golpeándose incesantemente, con gafas saltando por los aires, papeles volando y policías que parecen sonreír sempiternamente procurando separar la tangana. La filosofía taoísta no sirve de nada cuando a un chino se le enciende la mala hostia.
El enfrentamiento esta vez ha llegado procedente de un asunto que a los occidentales nos deja un poco perpelejos. Han prohibido emitir por televisión los dibujos animados de Tom y Jerry por el conflicto de dialectos en los que hablan. El gobierno chino quiere imponer el mandarín como lengua nacional (el 70% de China lo habla), pero los reductos de otras lenguas milenarias se oponen y niegan a esta normativa nacional. Si os habéis parado a pensar, esto es absurdo ¿Por qué? Porque Tom y Jerry ¡¡no hablan en los dibujos originales!! Aunque esto no es óbice para sí que lo hagan en China. Doblados a los dialectos regionales, los dibujos animados del gato y el ratón han sido grandes éxitos televisivos. Pero el gobierno central, que por décadas promovió el mandarín, ha ordenado poner fin a toda transmisión en dialectos, por considerar que los chinos deben ser criados en un “ambiente lingüístico favorable”.
El debate acerca de cómo mantener la cohesión nacional en medio de un mar lingüístico de acentos regionales, dialectos y grupos idiomáticos totalmente separados es el tema de actualidad en China, donde hay partes divididas y mucho enfado entre unos y otros. El gobierno dice que la política sobre el mandarín es vital para promover una identidad nacional en una nación de 1.300 millones de habitantes, 56 grupos étnicos y 7 dialectos principales.
De lo que no se han dado cuenta es que si esto les ha pasado es por andar tocando los originales poniéndoles vocecitas chillonas. Como diría alguien de cualquier barrio en algún lugar de España: “es que estos chinos…”.