miércoles, 12 de enero de 2005

Lección televisiva de Buenafuente

La verdad es que se veía venir. Yo, al menos, lo aguardaba. Y es que anoche Andreu Buenafuente estuvo a la altura, dignificó eso que Sardá llamó un día ‘late show’ y que ha terminado reduciéndolo a un gatuperio de despropósitos, de gente insultándose en la misma mesa, encumbrando gentuza deplorable y suministrando al espectador lo más ignominioso del ser humano irradiado en esa fauna funesta, sin fondo, de una vulgaridad vejatoria para la inteligencia.
Pero la tormenta ha llegado a su fin, o por lo menos, hay claros en los nubarrones que se han cernido a lo largo de los años en el ocio catódico nocturno. El salto de Andreu Buenafuente a la televisión nacional concedió a Antena 3 el 26% de cuota de pantalla de la franja nocturna. No es mucho, pero es un triunfo para el presentador catalán. Por primera vez en muchos, un ‘late show’ hizo sombra a Sardá. Por primera vez en mucho tiempo me reí viendo un programa de estas características, disfruté de su humor fresco e ingenioso, de sus ‘gags’, de la estructura simple y directa, de ‘La casa de tu prima’, su ‘sketch’ socarrón sobre los ‘realities’, que llegó a sintetizar de tal forma lo que ha venido siendo la historia de este género que más que una situación cómica, pareció una lección de condensación, de simplificación con cuatro frases estúpidas, tres personalidades y una inventiva lúcida digna de alabar. No sé si os dio por ‘zappear’, por comparar qué ofrecía Telecinco. Y fue absolutamente impresionante, dantesco. Mientras el humor, el buen rollo, la agilidad y el ritmo florecían en Antena 3 de la mano de Buenafuente, la reiteración, el insulto y la desfachatez volvían a ser la tónica arraigada a ‘Crónicas Marcianas'.
Por un lado, el periodista de Reus entrevistaba a Antonio Gala, que habló de fraternidad, de alegría, de vida, de literatura con ese estilo aristocrático y refinado tan habitual en él, concediendo rupturas simpáticas con la aparición de los Estopa y Santi Millán. Por el otro, Boris disfrazado de ridículo y patético Alejandro Magno se entrecruzaba en una mesa donde Natacha, la argentina liberal de 'GH' increpaba a una Silvia Fominaya que no dejaba de ultrajarla, cebándose en su supuesta prostitución y malos tratos por parte de su orejudo primo allí presente, riendo la increíble caricaturización de un Carlos Latre que poco puede hacer ya por el show.
Inteligencia y luminiscencia humorística contra la zafiedad y el oprobio ¿Es tan difícil elegir?
Pero más allá de la audiencia está la calidad, que es algo que habíamos empezado a olvidar en la franja horaria nocturna. Se trata de confeccionar un producto que convenza a los más exigentes, a aquellos que no sólo viven de narcolepsia televisiva, de vida, de humor, de un poquito de calidad, por favor. El humor necesita reírse de algo tangible, necesita un elemento de referencia y ‘Buenafuente’ ayer dio una lección de humor cínico, de monólogos autoparódicos, de buen gusto, de originalidad. Un elemento tan insoluble en la caja tonta que nos asola actualmente.
Y hoy, ‘La azotea de Wyoming’, sin duda alguna, el lenitivo que todos llevábamos años pidiendo. Guayo, no nos falles.
¿Está la televisión cambiando? La respuesta, de momento, es sí. Y que siga así.