jueves, 13 de enero de 2005

'La azotea de Wyoming', fidelidad a un estilo de resultados desiguales

Esperado fue el resultado del estreno de Guayo en la televisión público. Repitió la fórmula de ‘El peor programa de la semana’, pero sin concebir sorpresas negativas ni positivas. El Gran Wyoming dio lo que se esperaba en el nuevo programa de TVE ‘La azotea de Wyoming’, un programa dirigido por Rafael Galán lanzando como un ‘late night’ diferente, comprometido, que acude a la actualidad con un humor intelectual, astuto, ácido y sarcástico a la vez, con un sedimento social y una buscada fascinación por la contravención substancial de sus contenidos.
No fue una sorpresa para los que conocen la forma de trabajar de Wyoming, que ha hecho lo que se aguardaba: un programa creado en una esfera de libertad. Aunque si bien es cierto que empezó su inauguración con cierta rigidez humorística y donde todas las secciones parecieron un producto de pruebas y no de algo sólido como se le exige al mejor comunicador que tenemos en España, ‘La azotea de Wyoming’ no faltó al humor inteligente, a la imagen de iconoclasta y protagónica que presuponíamos, con críticas mordaces respaldadas en el compromiso para con sus seguidores. Pero faltó algo, lucimiento, tal vez, tersura catódica de esa que sólo dar al público el Gran Wyoming. La poca garra, la falta de magia de algunos de sus apartados fueron un error enmendable que, como gran veterano, Guayo procurará mejorar en las siguientes ediciones de este nuevo programa que, ante todo y eso sí, es una alternativa diferente a cualquier otra propuesta, que no elude su etiqueta de ‘show de riesgo’. Algo que va unido a la figura mediática que representa Wyoming. La respuesta por parte del público fue, como era de esperar también, bastante carente de interés por debajo de Sardá (qué miedo tiene el Rey de la televisión actual) y un Buenafuente que sigue su progresión ajeno a derrocamientos y absurdas pugnas nocturnas por la audiencia. Sin embargo, Wyoming demostró estar en plena forma, siendo como es él, como ha sido siempre, fiel a sus principios. Y esa es la sobresaliente y gran fortaleza de un programa que dará algunos de los mejores momentos de la tele moderna.
Para no seguir un sesudo análisis del nuevo espacio de la cadena pública, haré un breve recorrido por sus secciones desplegando una pequeña opinión sobre ella. Si os gusta, bien. Si no, bien también que soy yo el que escribe.
Guayo empezó dando caña al PSOE, prescindiendo de la frase de ‘no muerdas la mano del que te da de comer’. Crítico e irónico, Wyoming no tiene límites, ni amos a los que someterse, y esa declaración de libertad le honra, aunque es un riesgo que puede considerarse innecesaria. Y sí, el gran presentador parecía algo contraído, bastante nervioso, pero fue soltándose como es habitual en él.
Los ‘sketchs’ recordaron lo mejor de ‘El peor programa…’. El de la boda cristiana ajustada a los ideales de un concurso televisivo como el ‘Un, dos, tres…’ fue sencillamente maravilloso, lo mejor de la noche. O el de 'El mundo inalcanzable' o el 'Fuck the president'. También ese residuo de gamberrismo díscolo, perpetuado en el eslogan ‘Cuando todo da lo mismo, dedícate al onanismo’. Perfecto. Puro humor bizarro que se echaba de menos.
Si por algo se esperaba (por lo menos yo) este programa era por esa personal conducta que posee Wyoming para hacer entrevistas, restando peso en las preguntas comprometidas y dándole trascendencia a lo trivial, encontrando un equilibrio perfecto entre circunspección y espectáculo. Imanol Arias asistió a la biografía más surreal que le han hecho en televisión y departió siempre politizando sus palabras para dejar que Carlinhos Brown (actuación en directo incluida) con su altruismo musical y vital y, sobre todo, el escritor Gervasio Sánchez cedieran lo mejor en este apartado de preguntas y respuestas. Sobre todo, aplaudo los cojones de Guayo por sacar a este hombre y sus experiencias con ‘los niños soldados’ sin ningún morbo, siempre desde la curiosidad de un magnífico entrevistador. Buenos momentos de comedia como ese sarcástico ‘Rincón de la cultura’ con Wyoming enseñando a abrir y disfrutar un libro, un hecho que, a estas alturas, parece que requiere este tipo de instrucciones o el nostálgico reencuentro con un Pedro Reyes que evoca aquellos maravillosos 80 catódicos (más que por la calidad de sus chistes).
Donde claudicó al aburrimiento esta azotea fue en las secciones delimitadas a tratar la actualidad. El personaje de Notizia Ortiz (una actriz de muy buen ver, por cierto) junto al presentador leyendo una serie de crónicas resultó de los más estático y prototípico. Al igual que esa insoportable rata con la voz de un Moncho Alpuente que sobresale con más efectividad crítica cuando da la cara y no está tan ceñido a un guión. Las apariciones de la rata Ramón fueron lo más negativo y deprimente de esta nueva aventura televisiva de Wyoming. Velilla Valbuena, pésima actriz y peor cómica, también entra en el saco de lo execrable, por muy buena que esté la muchacha de pelo rizado, sugerentes curvas y lozano rostro. En cuanto a la banda de música, dirigida por el indispensable Reverendo, estuvo en todo momento incorpórea, sin más protagonismo que el de los intervalos entre espacio y espacio y los momentos precedentes a la publicidad. Sin mucho que comentar al respecto. Tampoco de lo zafio de la iluminación y el decorado, bastante pobre y anodino. Pero en este tipo de programas no importa el boato, sino el contenido.
Este primer ‘La azotea de Wyoming’ fue desigual, no se puede negar. Pero aún así, dentro de esta nueva televisión de alternativas con la que ha empezado 2005 supone un paliativo a tanta basura que nos han hecho tragar a lo largo de los años. Y lo más importante, el Gran Wyoming no decepcionó. Simplemente fue él mismo, una lealtad inconfundible que provocará cambios en aquello que no funcione y hará de este nuevo espacio lo que muchos esperan, sino lo que en realidad tiene que ser: una puerta abierta al tratamiento de la actualidad desde la siempre acertada perspectiva de un Wyoming que sigue demostrando ser el número uno de los ‘showmen’ de este país.