viernes, 28 de enero de 2005

'Elektra': Desabrida muestra de aburrimiento sin fin

Esta tarde, después de desgustar una de esas tremendas paellas tan inmejorables y solemnes que cocina mi madre, me ha apetecido, no sé aún porqué razón, ir a ver ‘Elektra’, sólo por comprobar el buen estado de forma de esa sensual valquiria en que se ha transformado nuestra querida ‘Alias’ Jennifer Garner. Esos labios pulposos, su esbelta figura de intensa sutileza, esos hoyuelos cuando sonríe. En fin, qué os voy a contar: Jennifer Garner.
Y en qué momento se me habrá ocurrido.
Luchando contra el sueño de una casi inexcusable siesta, ‘Elektra’, me ha producido un penetrante tedio, aburrimiento en estado puro. Tras un prólogo de unos cinco minutos que genera buenas expectativas, con brío y pundonor genérico, la cinta empieza a ser soporífera en su plano posterior, donde vemos a la heroína fregar el suelo eliminando su ADN (sic). En la butaca, removiéndome indolente, he asistido a uno de los pestiños hollywoodienses más infectos de la última temporada. La película, dirigida sin ningún tipo de percusión ni energía por el descafeinado Rob Bowman, es una insustancial monserga, horrorosa adaptación de los cómics de la Marvel, que pretende hacernos engullir un producto realmente infumable. Todos los tópicos habidos y por haber, cualquier sinapismo del mal cine de acción, del llamado ‘matrixismo’ endeble y unas inapetentes, lentas y exiguas escenas de lucha son los inconsistentes mecanismos de una película que se hunde a las primeras de cambio.
Para colmo, no podía faltar ese ‘flashback’ en ralentí evocando la tragedia infantil que ha traumatizado a la heroína, ni su expiación redentora a la hora de matar a una niña de trece años (que, al fin y al cabo, es su trabajo) para protegerla después, ni siquiera dos de las más ridículas escenas de ósculo fílmico visto en una pantalla. No es normal, por ejemplo, que hasta pasada una hora los guionistas guarden celosamente un secreto llevado al paroxismo del ridículo, información intrascendente una vez conocida, ocultando una simplista clave al espectador para despertar algo de interés, pero que acaba por dejar a la platea bostezando, mirando el reloj o, en mi caso, al borde del colapso apático, especulando sobre qué debía estar pensando el tal Bowman este cuando dirigía o imaginándome a Raven Metzner, Zak Penn y Stu Zicherman fumando toda clase de hierbas psicotrópicas mientras escribían semejante guión. También, por supuesto, qué hace un veterano y genial actor como Terence Stamp en un subproducto de este calibre. Poderoso caballero…
Inerme, insípida, aburrida y definitivamente nefasta, ‘Elektra’ no es sólo un subversivo agravio a los amantes del cómic de la Marvel (hay que ver lo deteriorados que salen todos los secundarios: Piedra, Tatuaje, Stick, María Tifoidea…), sino a cualquiera que pique como yo y se acerque a ver esta desabrida muestra del mal hacer cinematográfico.
En palabras agrestes: “Mala de cojones”.