lunes, 24 de enero de 2005

'Bésame... bésame muuucho'

Coincidiendo con la muerte de la compositora mexicana Consuelo Velázquez, a todo el mundo se les ha despertado su vena romántica y ha recordado esa hermosa canción que es ‘Bésame mucho’. Unas estrofas que suenan en varias versiones a lo largo de ‘Grandes esperanzas’, para el que esto suscribe la mejor película de Alfonso Cuarón. ‘Grandes Esperanzas’, fue una nueva versión del clásico de David Lean ‘Cadenas Rotas’, ambas basadas en la gran obra del maestro del realismo inglés que es Charles Dickens. La historia de Pip, el niño huérfano que vive de puta pena con su hermana y su marido siempre ha sido una constante referencia en aquellos que pensamos que aún se puede recurrir sin ñoñerías a un título digno cuando se trata de esto tan complejo y turbulento del amor. Es una novela maestra que trata el sentimiento de la pasión de la forma más impresionante y proverbial que podamos llegar a imaginar. El pequeño desgraciado (en realidad la representación ideal de cualquier gilipollas que esté o haya estado enamorado) se embelesa con la bella niña Estela, la protegida de Madame Havisham. En el comienzo de la trama hemos sabido que Pip ayuda a un reo a escapar de la prisión, el rudo Magwitch, que, sin embargo, es atrapado en su huida. No obstante, el reo ha visto cómo por una vez en la vida una única persona que ha hecho algo bueno por él.
La vieja Havisham es uno de los personajes más asombrosos que se hayan creado jamás. Es el Mal, con mayúsculas, el rencor desproporcionado que acojonaría al mísmisimo Darth Vader. La ira y la venganza representadas en una mujer que odia profusamente a los hombres porque su prometido la dejó plantada en el altar horas antes de casarse. Para su siniestro plan, educa a la pequeña Estela en función de un solo objetivo: hacer sufrir a todo aquel que se enamore de ella. Estela putea todo lo que quiere y más a Pip, que a pesar de haberse convertido en un noble gracias a un misterioso benefactor, no puede querer nada más que a la chica. Estela, deshonrada por su marido, se refugia junto a Pip cuando el misterioso del bienhechor que le ha hecho rico resulta ser Magwitch, el presidiario que había ayudado el niño cuando este se había fugado y que es, además, el padre de Estela. Suena a mediocre culebrón. Pero os aseguro que no lo es.
Es una de las novelas que más me marcó cuando la leí en aquella infancia absurda en la que se cree una serie de conceptos vitales que luego, en la edad adulta, se disipan en un brutal escepticismo llegado en forma de hostias existenciales, de mentiras que un día parecieron evidencias esperanzadoras. Como esa representación del amor en estado puro, del condicionamiento al que te lleva estar enamorado sabiendo lo mucho que puedes sufrir con todo eso. La versión de Lean está considerada un clásico del cine. Pero no es mi predilecta. no obstante, la de Alfonso Cuarón es mucho más eficaz, emotiva, tierna y dinámica que la del director de ‘La hija de Ryan’. Pip pasa a ser en esta nueva odisea ‘dickensiana’ Finegan Bell (Ethan Hawke), que también se enamora de una hermosa (y no menos inicua) Estela, convertida en mujer orgullosa y desdeñosa que encarna Gwyneth Paltrow. Anne Bancroft es, en este caso, la Señora Dinsmoor, la vieja Havisham en las anteriores Dickens y Robert de Niro es Lustik, que hace las veces de Abel Magwitch. Cuarón imbuyó a este clásico moderno de un sentimiento inhabitual, adaptando el Londres de la obra al Nueva York más cosmopolita, de la aristocracia adquirida por Pip a la fama como pintor de Fin y la venganza de la señora Dinsmoor en un ahondamiento de su pesar mucho más sincero que el de Lean.
Cuando Fin, roto por el dolor y en la cima del mundo llega a la mansión de Dinsmoor para decirle a Estela que ya está allí, que es rico, que está en la cima del mundo y que todo lo que ha hecho lo ha hecho por ella, el personaje de Bancroft le deja subir y Fin descubre que Estela se ha casado y le ha abandonado, a pesar de quererle. Una gran putada consolidada en el plan más macabro llevado a cabo por un personaje a favor de un objetivo de maldad emocional. Siniestramente oscuro y descorazonador. En la peli de Cuarón, Fin coloca la mano de Dinsmoor en su pecho y recita las mismas frases que la vieja amargada le susurró al principio de la película, cuando era un inocente niño asustado: “¿qué es lo que hay aquí?”, le dice con la mano en su torso, “un corazón roto”. Puede parecer una mariconada de escándalo. Tal vez lo sea y me esté convirtiendo sin saberlo en un Ernesto Sábato de tercera. Pero lo cierto es que 'Grandes Esperanzas', tanto en su faceta literaria como en sus dos adaptaciones cinematográficas, representa muy bien a ese diabólico ser tan complejo que es la mujer y el mundo del corazón en su faceta más trágica y romántica.
Si tenéis oportunidad de verla, hacedlo. Es una de las obras del cine moderno que hará que creáis todavía en las historias de amor bien contadas y que sirve, en cierto modo, como homenaje a la muerte de Consuelo Velázquez, la cual, por cierto, además de escuchar cómo en varias ocasiones y en diferentes versiones se escucha su canción más conocida en este filme, tiene canciones involvidables en películas memorables. Algo que podéis comprobar en su ficha de IMBD.