martes, 11 de enero de 2005

Beligerante y esperanzador 2005 catódico

Parece ser que la semana que hemos comenzado es mucho más importante en nuestra apática vida catódica dominada por la mugre y el ostracismo de la ‘tele-realidad’ (en sus diversas variantes), la basura mediática de un Xavier Sardá que está en las últimas. Sabiendo que sus esperpénticas raciones de lo más intrascendente y pueril de la actualidad, liquidando cualquier opción a una década que empezó en la decadencia del ‘Mississippi’ y ‘El Pelícano’ del gran Pepe Navarro y que ha acabado con un rosario de míseros programas del corazón, de despreciables personajes de moda que han degradado hasta decir basta una actualidad catódica que ha tampoco ha buscado, es hora de un cambio en nuestra malas costumbres. Es por tanto tiempo para acometer a esa tele indigna en que se ha transformado la ‘caja tonta’. 365 líneas llenas de procacidad moral, de neurastenia negociable, de vulgaridad ofensiva y porfiada con ínfulas de espectáculo.
A pesar de que Julia Otero no está teniendo los resultados esperados con sus ‘Cerezas’, que desde su primer programa han ido cayendo en una espiral de politiqueo aburrido, de cambios de secciones y vaivenes de guión, esta semana ya se está viendo un movimiento de transformación en las cadenas rivales del ‘sardanismo’ y el ‘tomatismo’, en realidad estrategias a modo de edicto en contra del monopolio de lo zafio. Sin ir más lejos, esta rivalidad de cadenas, ejemplificada esta mañana con el estreno del programa de Ana Rosa Quintana como contraposición matinal de María Teresa Campos, ha empezado una guerra silenciosa que necesita del espectador para vencer a lo vulgar, a lo absurdo de la normalidad televisiva. 2005 empieza beligerante.
Esta noche hemos disfrutado de ‘Splunge’, esa intraducible palabra concebida por los incomparables Monty Phyton que, siguiendo los pasos de los maestros británicos, ha dejado una sensación apacible, exponiendo que el humor con formato de ‘sketchs’ también es posible en la tele actual. Recordando en todo momento a aquella perdida fórmula que Milikito Aragón trajo importada del extranjero en ‘Ni en vivo ni en directo’, el nuevo programa de humor de La Primera es un plausible ejercicio de dinamismo, de frenética construcción caracterizada por el diligencia y limpieza donde los ocurrentes momentos cómicos se suceden sin pausa (aunque con convencionales desequilibrios), arduo trabajo que además se subraya con la indudable chispa y ‘vis cómica’ de sus protagonistas; los geniales Florentino Fernández, Miki Nadal (se les echaba de menos a ambos), Patricia Conde y el ex equipo de ‘Fuentes & Cía.’ (mucho mejor aquí) compuesto por Agustín Jiménez, Quequé y Eva Hache. De momento, han creado buenas expectativas, lo difícil es mejorar y mantenerse en los 15 programas que les restan.
Mañana se estrena Andreu Buenafuente, el hombre destinado a quitarle la supremacía a Sardá, como ya pudieron hacerlo y no les dejaron Máximo Pradera y ese ‘show’ irrepetible que era ‘UHF’, ambos en Antena 3, que fracasaron por la incompetencia de sus programadores (que no de sus responsables). Siempre se ha oído que Buenafuente era el único capaz de arrebatarle al Capo de la Basura y su trouppe (Boris, Latre la petarda de Rocío Madrid y despojos varios). También es cierto que los espectadores catalanes no dudan en acusar al nuevo fichaje de Antena 3 de haber agotado su potencial y haberse quemado demasiado. Veremos.
Pero si por algo es importante es esta semana, concretamente la noche del miércoles, no es por la guerra de series de éxito que se han planteado Telecinco y Antena 3 con la mediocre ‘Los Serrano’ y la intermitente ‘Aquí no hay quien viva’. Lo importante se centra en ese talento inacabable que es el poliédrico Chechu Monzón, "El Gran Wyoming" con su ‘Azotea’, potencialmente el tipo con mayor amplitud de horizontes dentro del mundo de ‘showbusiness’ nacional. Un dinamitador, un Mesías Catódico que, visto lo visto, recuperará el formato de lo mejor que ha parido este país en su historia moderna: el añorado ‘El peor programa de la semana’. Una panacea de inteligencia y frescura que precisa de una oportunidad para encontrar el respaldo que suele dar la televisión pública a sus productos. Confíamos en Guayo y su universo lúdico.
Quedaros con estas sabias frases fusiladas del genial e hiriente Carlos Boyero en una columna que versa el mismo tema que este humilde post ante las palabras del maestro. Boyero asegura, con mucho juicio, que estos programas lo tienen muy difícil para arrebatarle el cetro a lo que, incomprensiblemente, triunfa: “Dudo que estos programas tengan un esplendoroso porvenir, pero qué grato sería para la higiene mental no volver a ver el careto ni a escuchar la voz de Sardá, de Mercedes Milá, de la Campos y de su pija niña, de los reyes de un negocio tan feo, tan embrutecedor, tan idiota”.
Amén.