jueves, 27 de enero de 2005

60 años de la mayor atrocidad en la Historia de la Humanidad

He de reconocer que se me han vuelto a poner los pelos de punta, que no he podido tragar saliva mientras observaba (por enésima vez) las atroces imágenes del campo de concentración nazi de Auschwitz y al superviviente del Holocausto Wladslaw Bartoszewski decir emocionado que “los judíos eran tratados como bichos que había que exterminar”. Es vergonzoso para el ser humano concebir algo como lo que tuvo lugar en Auschwitz, uno de los muchos campos de exterminio creados en Wannsee a partir de 1941 por Himmler y los ejércitos de Hitler para llevar a cabo la ‘solución final’, que consistía matar a los más de diez millones de judíos que habitaban en los territorios ocupados por los ejércitos del Führer. También que reacción popular a las leyes de Nuremberg y las matanzas contra los judíos. Auschwitz, Mathausen, Treblinka, Dachau y demás campos en Alemania y Polonia atribuyeron el apogeo del intolerable régimen nazi y de monstruos asesinos como Streicher y Rosenberg, que trazaron el plan más depravado del anticristo que fue Hitler con el apoyo de Goebbels y los grandes mandatarios nazis.
Aún no comprendo cómo hace tan sólo seis décadas pudo suceder algo así. No me gusta escribir en el Abismo de política, ya lo sabéis, pero es que ahora que se cumplen 60 años del mayor genocidio de la Historia, hay que reflexionar sobre estos hechos, sobre ideologías que no se han extinguido, que perviven en grupúsculos en forma de antisemitismo oculto, como el acoso y creciente discriminación de los musulmanes en Holanda o, paradójicamente, lo que están haciendo los judíos con el pueblo palestino. Hay que tratar por ello de evitar que el mundo olvide sus causas y consecuencias. No sólo por rememorar el aterrador recuerdo de Auschwitz y que hoy estamos en paz. Ni mucho menos. Cierto es que sirve como memoria histórica y despolitizada para que las generaciones venideras sean conscientes de la historia y sus errores, pero también hay que tratar de combatir el origen del odio, las causas que hicieron posible aquella y otras aberraciones colectivas. Tampoco hoy se ha recordado que la Iglesia Católica (más preocupada por el uso del preservativo que de su propia memoria) fue cómplice de estos sucesos por el pacto que hicieron los nazis con el partido católico alemán de Von Papen, consiguiendo así llevar a cabo el exterminio judío.
Seis millones de personas murieron durante aquel sinsentido. Hoy es un día para pensar en aquello, el mayor crimen contra la Humanidad de todos los tiempos. Pero lo importante de todo es que nunca olvidemos aquella incomprensible atrocidad.