jueves, 16 de diciembre de 2004

Soneto XIV de Hongos de Yuggoth. Un poema del maestro

Vientos estelares
Es cierta hora de la penumbra crepuscular, casi siempre en otoño, cuando el viento estelar se derrama por las calles altas de la colina, que están desiertas, pero muestran luces tempranas en cómodes habitaciones. Las hojas muertas se precipitan con giros fantásticos, raros y el humo de las chimeneas se arremolina con gracia extraña, siguiendo geometrías del espacio exterior. Mientras, Fomalhaut vigila a través de las nieblas del sur.
Esta es la hora en que los poetas lunáticos saben qué hongos brotan en Yuggoth y qué perfumes y matices de flores llenan los continentes de Nithon, tales que no se propagan en los pobres jardines terrestres. Pero por cada sueño que estos vientos nos traen, barren otra docena de los nuestros.