sábado, 18 de diciembre de 2004

La Navidad llega al ABISMO

Frases como “cada vez llega más pronto”, “la Navidad es un invento de las grandes superficies”, “odio estas putas fechas”, “papá ¿compramos un jamón?” y “estoy deseando que pasen las fiestas de una vez” forman parte de una tradición inquebrantable que todos tenemos que pasar, queramos o no, entre el primer fin de semana de diciembre y el día de Reyes de enero, más o menos.
La Navidad se caracteriza por ser un acontecimiento que sirve de excusa para todo; para salir de fiesta, para emborracharse, para tirarle los trastos a la compañera de trabajo, para proponerse sin éxito ser mejor persona, para cenar en familia, para aburrirse, para sonreír sin ganas, para comer de todo sin control. Durante varios días de fiesta, alternamos todo cenas y comidas con compañeros del curro, con amigos y familiares, nochebuena con Navidad, nochevieja con Año Nuevo, comida de la empresa, cena de antiguos compañeros. Fiestas arraigadas a las guirnaldas, al muérdago, a las luces de colores, a lo belenes, a un pequeño pino talado violentamente, a la predisposición a los buenos sentimientos convertidos a la mínima en mala hostia. Eso es la Navidad.
No pretendo desnaturalizar la Navidad, ni arremeter contra una serie de ritos que poco o nada importa lo que a mí me parezca. Para eso está esa canción tan desmadradamente cierta de los Soziedad Alkoholica referente a esta cuestión. No voy a caer en el error de posicionarme en una actitud desmitificadora que enuncie una imprecisión disfrazada de individualismo, de puro egoísmo, del “no me gusta la Navidad porque es una mierda”. Es más, hasta puedo preconizar estas fiestas, aunque sea por la estética, por la citada preferencia a la algarabía, a las ridículas cestas con embutido del barato, champán sin marca y turrón del duro, a los Niños de San Ildefonso cantando la pedrea y el gordo el día 22. Por ver ‘Plácido’ y ‘Qué bello es vivir’ en una sola sesión. Parece que celebrar la Navidad se ha convertido en una actividad infamada y apática. Así que debo ser de los pocos gilipollas a los que les gusta la Navidad. En otras palabras: los que no saben tomar parte del rito se confortan atacándolo. Ante la imposibilidad de optar por un enfoque personal apacible, eligen por refutar a los que nos gusta la Navidad.
Eso sí, cuando hay que celebrarlas, que te regalen cosas y apreciar el ambientecillo resplandoroso de las calles iluminadas, de salir de fiesta hasta altas horas, todos se apuntan. Todo el mundo sale, se emborracha e intenta pasarlo bien. El concepto de Navidad está más allá de la parafernalia consumista. Y es que la confusión atávica ante el inexorable ciclo vital, del invierno y del verano (con las vacaciones familiares –la otra gran diatriba del español moderno-), ha creado celebraciones de solsticios para todos los gustos. Lo divertido de todo es ser cínico, socarrón y disfrutar de todo con divertimento. La Navidad es la época ideal para reírse con más fuerza de aquellos a los que no le gustan. Algo así, como el mensaje de esa más que interesante película de Terry Zwigoff que es 'Bad Santa', donde un Santa Claus borracho, pendenciero, ladrón e hijoputa encuentra el espíritu de las Pascuas en un niño 'loser' gordo, medio imbécil cuyo máximo deseo es tener un jodido elefante violeta como regalo. O a una joven ninfómana que disfruta del sexo navideño si Santa lleva el gorro de la borla roja por un complejo infantil. La Navidad es cojonuda, amigos. Y quien diga lo contrario es que no sabe disfrutar de las cosas buenas de la vida.
Próximamente, el cercano 25 de diciembre postearé un extenso e inolvidable dossier sobre la Navidad en el cine. Desde diversas perspectivas. De cómo el cine, es decir, la vida, la ficción de la realidad, observa una tradición universal y ancestral.
Yo, por mi parte, he decorado este ‘Mundo desde el Abismo’ para la ocasión, dándole así una absurda pero vistosa pátina navideña. Incluso he colgado una ridícula instantánea de ese ‘otro yo’ que escribe en la red con un simpático gorrito de Papá Noél, o Santa Claus, o Kris Kringle, o San Nicolás… Da lo mismo.
Otra cuestión a debatir sería si las efigies mágicas de nuestra Navidad española han dejado dilapidarse por imágenes anglosajonas, los Reyes Magos dilapidados por Santa Claus. Pero ya no me queda más que decir: FELIZ NAVIDAD a todos y a ser felices como podáis. Por lo menos, en estas fechas… tan ‘señaladas’.