viernes, 3 de diciembre de 2004

Influencias de lo Oscuro

A lo largo de todos estos años me he sentido atraido, cada vez más, por las obras esotéricas que analizan lo ‘real’, el verdadero vértice oscuro de nuestra propia naturaleza. Autores como Aleister Crowley, por su dinamismo a la hora de componer la angustia en sus páginas, con sus leyendas reales y acontecimientos escalofriantes nos da las pautas para distinguir o no lo que tenemos ante nosotros. Sus exposiciones en la ‘Qabalah mágica’ y, sobre todo, ‘Los Secretos del Universo’ o ‘El libro de la ley’ trataron, bajo esa primera intención que esconde algo de hedonismo y anarquía con su máxima de que uno debe hacer lo que quiera, la intencionalidad de unos libros que han marcado muchos de los matices de mi forma de pensar.
Aleister Crowley fue, después de Austin Osman Spare, una de las personas que más influenció a la Magia del Caos. Tenía una especie de sistema ‘thelemita’, derivado de la más radical tradición caoísta con la consigna “No hay ser, todo es hacer”. Pero en el fondo era un tío más coherente y sincero, mucho más allá de todas las cosas de las que se le ha acusado.
Hay iconoclastas que, con su forma de la vida, nos han abierto la vida a nuevos cnocmientos, a perspectivas sin las cuales todo sería muy aburrido, como la mala hostia de Gurdieff, que manipuló a sus lectores durante toda su vida con historias que ponían los pelos de punta. O la figura de Anton LaVey (del que llevo siempre una chapita en la cazadora), el ya célebre Papa Negro y su iconografía e historia llena de sucesos lóbregos y truculentos, con un sentido literario gnóstico extravagante, tendiendo siempre hacia el satanismo más radical con aquella religión inventada por él y que se adscribía a todo el constructo esotérico de la época.