viernes, 17 de diciembre de 2004

'Garganta profunda': Un mito del cine X

La película X más grande de todos los tiempos sigue vigente a lo largo del tiempo
Gerard Damiano consiguió una admirable gesta tan reivindicativa como genérica para el X, género desvirtuado con el paso de los años.
Es un hecho fehaciente que el cine porno goza en la actualidad de una divulgación que hace algunas décadas no tenía. Cierto es que, allá durante principios de los 80, con la aparición del soporte electromagnético (es decir, el vídeo), muchos de los clásicos del género se prodigaron con profusión en muchas de las numerosas cintas que durante la época se multiplicaban. Hoy en día, el DVD primero y, sobre todo, las bandas anchas de internet, permiten un escandaloso flujo de porno que se ha multiplicado en un elevadísimo porcentaje en la última década.
Pero si tenemos que remitirnos al clasicismo de este X, del cine porno, de las maravillosas e insidiosas pasiones que siempre han requerido de nuestra curiosidad para ser descubiertas, la película clásica del X por tradición y convicción, nos tenemos que rendir ante ‘Garganta Profunda’, la joya de la corona de la historia de este tipo de cine tan denostado hipócritamente, la más aplaudida por el erotómano más romántico. Este mítico filme de culto dirigido por Gerard Damiano y protagonizado por la musa de diversas generaciones de onanistas recalcitrantes Linda Lovelace revolucionó a principios de los setenta todo el género, la concepción que se tenía de este tipo de cine y toda su iconografía, cambiando para siempre el género y otorgando al cine pornográfico una aura de magnificencia, de dignidad y creando un mito que permanece vigente a lo largo de los años, inalterable, eterno...
Cuando llegó la era del liberalismo hippie, la Guerra de Vietnam, el amor libre y la reivindicación de la libertad corrían los locos y excesivos años 70. Fue entonces cuando se pasó de proyectarse cortometrajes muy subiditos de tono a realizarse películas en formato de cine, con argumentos más o menos cuidados y con un determinante común: explícitas y cuidadas raciones de sexo. Es entonces cuando se estrena una de las películas más célebres de la historia del cine, ya no marginado al ámbito porno, sino que es uno de los pocos títulos que el público generalizado conoce (al menos porque lo han oído mencionar alguna vez). No se exagera cuando se alaba esta película engrandeciéndola hasta la divinidad, ya que contando con un reducido presupuesto de apenas 250.000 dólares llegara a estrenarse en casi todo el mundo, recaudara en un solo año 6 millones y haya amasado desde entonces una fortuna de más de cien millones de dólares, ahí es nada. Dejando la estética ‘beatnik’ y underground a un lado, Damiano abordó el género dotando sus secuencias con el tono ‘hardcore’ y atrevido que antes no habían conseguido sus congéneres, convirtiéndose así en el que se puede considerar como padre del X moderno. Es cierto que las películas posteriores de Damiano son las que de verdad interesan conocer debido al fondo reflexivo y argumental de la historia, como ‘El diablo y Mr. Jones’ o ‘Historia de Joanna’, historias llenas de angustia y consternación que narraban de un modo magnífico y certero la soledad e incomunicación del ser humano. Puede parecer un análisis artificiezazo, pero lo cierto es que si las películas de Damiano son grandes son, porque como el espíritu que imbuía a ‘Tras la puerta verde’, de los polémicos hermanos Mitchell (habrá que dedicar un estudio blogero a estos dos sediciosos), incluían en sus argumentos una línea dramática progresiva, en el que el sexo explícito siempre estaba a disposición de la trama y no al contrario, que es lo que suele suceder en la mayoría de los sucedáneos de X que aparecen en la actualidad.
Una joya entre la basura
‘Garganta profunda’ es una ágil película que sirvió (y sirve) como sano ataque a la hipocresía que rodea a la siempre melindrosa sociedad americana. Este mítico filme de Damiano es una embestida gamberra y hippie, que pese a que no es ni mucho menos una obra maestra, sí que sirve de reivindicación de lo que representa y es en realidad: el primer porno de la historia del cine en solventar un género que sigue hoy en día en la sombra de la ranciedad más humana, pero que es el hacedora de las posteriores obras que se han ganado un hueco en nuestros corazones. ‘Deep Throat’, su tílulo en inglés, es una película dinámica, ágil, con una estructura de guión que aporta un ritmo ilógico en lo habitual de una película de género, manteniendo esa frescura con la que Damiano rodó, con la presteza con la que Lovelace engulle miembros y un silogismo de lo que debe ser la diversión cinematográfica más políticamente incorrecta.
La historia se centra en la vida de Linda, una joven hippie liberal y sexualmente activa que tiene un grave problema que le impide disfrutar a tope de su ninfomanía y de su libertad sexual. Su problema: no alcanza el orgasmo. A pesar de buscar al hombre que la puede hacer gozar del amor libre, la compañera de piso de Linda, otra voluntariosa folladora nata, le anima a que visite al Doctor Young, un trastornado médico que descubre el gran secreto de Linda, que no es otro que el poseer un extraño defecto físico de nacimiento: no tiene el clítoris en la entrepierna, sino que el punto erógeno reside en su faringe, por lo que si quiere alcanzar el éxtasis sexual deberá profundizar en mejorar su ‘garganta profunda’, es decir, experimentar con las felaciones, para lo que el avispado doctor la contrata como enfermera de su clínica.
Resulta inolvidable el torrente de desparpajo que incluyen muchas de sus escenas (acopiadas en su mitad casi todas las secuencias con ‘materia’; como la Coca-Cola tan mítica) sobre todo aquellas en las que la Lovelace consigue sus orgasmos precedidos de fuegos artificiales y campanas celestiales. Lo más reivindicativo y más destacable como valor cinematográfico, que marcará una gesta dentro del cine de género, es la gran labor como director del propio Damiano, ya que conjuga unas bases que se escapan a la imaginación de cualquier depravado que pretende hacer los (casi siempre) patéticos pornos de diversos ámbitos con el despreciable objetivo de prostituir el cine a favor de un propósito económico tan deleznable como espeluznante. Damiano explora un terreno de montaje cargado de dinamismo, de ritmo y de brío, que hace que todas las secuencias que conforman una historia absurda, pero divertida, se encaminen acuciosas hacia un final lleno de color y profanidad, de pura transgresión.
La leyenda
Mucho se habló de la financiación de esta obra de culto dentro del Séptimo Arte, aunque sea en una vertiente que es totalmente disfuncional y basurera. Cuenta la leyenda ‘negra’ del filme de Damiano que la película surgió de apaños de blanqueo de dinero con respecto a la mafia más arraigada a la tradición ‘padrinesca’ (los productores fueron Lou Perry, Terry Levene y Phil Parisi) que sufragaron los gastos de ‘Deep Throat’ y negaron el sueldo a Damiano, que acabaría trabajando gratis. Estrenada en marzo de 1972 en un pequeño cine de Times Square con el consabido revuelo social y la inmediata acción de los sectores más conservadores y ñoños de la sociedad norteamericana. Aún así, los jóvenes de los Estados Unidos respondieron a la idea de Damiano y ante la curiosidad y el descubrimiento del género ‘Garganta Profunda’ llegaría a convertirse en una de las películas más vistas de aquel año, 1972, cosecha cinematográfica que dio al cine títulos como ‘El Padrino’, ‘Cabaret’ o ‘El candidato’.
En España, dominada siempre por la rusticidad más aplastante y por aquel entonces un fascismo absolutista con tintes nazis, ‘Garganta profunda’ se estrenó pasados ya los 80 y con un éxito fulgurante que le hizo rebasar con creces los 50 millones de pesetas de recaudación (toda una proeza hablando del género del que se habla). ‘Deep Troat’ queda, por tanto, como una de las películas de culto de todos los fastos de este noble arte que es el cine. No sólo por la libertad y tolerancia que lleva implícita entre líneas, sino por la maravillosa y noble labor de utopía artística (adyacente a la admirable idea del arte conceptual y loable del mítico Ed D. Wood Jr.) como es la de creer en lo que se hace y llevarlo hasta el último extremo, sin concesiones a la reprobación o circunscripción.
Linda Lovelace, la inolvidable diosa sexual
Es una de las musas del cine porno, una de esas mujeres que han marcado con su personalidad una era irrepetible dentro del género. Cansados muchas veces de tanta modelo que nos llevan a imaginar entelequias sexuales totalmente fantasiosas se echa de menos la era de las grandes inspiraciones, las chicas con gancho, arrebatadoras, como las auténticas y reverenciadas Marilyn Chambers, Georgina Spelvin y Terry Jones. De entre todas destaca la ‘X queen’ del momento, la mejor, la más cercana a cualquier humano, pero con la personalidad y carácter suficiente para pasar a la historia como la verdadera autócrata del género. Linda Lovelace era de aquellas chicas que un buen día se autoconfirió la etiqueta de rebelde para, cansada de la estúpida actitud social ante la insostenible situación de un país en ciernes, decidir llevar una vida liberal. Entre progre y cultureta, la Lovelave acudió al casting de Damiano sabiendo lo que hacía, convencida de autosuficiencia y sexualidad, con el sueño de ser actriz metido en la cabeza, esperando que, algún día, un productor de películas ‘serias’ le diera la oportunidad de ofrecer su talento al arte. Pero empezó por el porno. Cierto es que aquella chica de 21 años ya había tenido devaneos con el género, pero también lo era que la chica protagonizó algún que otro corto de marcado corte ‘serie B’.
Aunque durante el rodaje de ‘Deep Throat’ la Lovelace muestra una capacidad insuperable para las escenas dramáticas (es un decir, dentro de lo que cabe), la carrera posterior de esta pionera, de esta sencilla mujer de belleza arrebatadora, natural y sin necesidad de recurrir a un maquillaje espectacular para resultar hermosa, nunca fue lo que sus fans generacionales esperaban. Si bien ‘Garganta Profunda’ fue todo un éxito, las dos siguientes películas de ‘ambiente’ no fueron lo que se dice profusas en gloria. Ejemplos de esta vertiente de decadencia fueron títulos como ‘Las confesiones de Linda’, su interesante ‘Linda Lovelace for president’ o la autobiográfica ‘Ordeal’ que llevaría definitivamente a esta mujer al más rotundo fracaso.
La Lovelace acabaría desencantada de la vida, descubriendo lo que es en realidad el cine porno, otro método de prostitución que engloba una mafia de dinero e intereses y, paradojas de la vida, acabaría en una asociación ultra-católica en contra del sexo filmado dando una imagen que no queremos recordar. Lo que si es digno de mantener vivo en la memoria colectiva es el descaro y las habilidades que mostró en el clásico que nos ocupa en esta ocasión, ya que el dominio en escenas de salón y su magnificencia a la hora de mamar príapos (su heredera ha sido, hasta hace poco, la inigualable Jeanna Fine) hicieron de ella un mito que se ha engrandado con los años. Por aquella empresa de Damiano cobró tan sólo 1.200 dólares y dejó en el recuerdo una de las mejores sensaciones que se recuerden. Linda Lovelace es un icono, un mito, una reina que siempre permanecerá en el corazón de los aficionados.