viernes, 24 de diciembre de 2004

ESPECIAL Nochebuena: La Navidad en el cine

Navidad en el cine: guirnaldas... y pesadillas
Llena de tópicos y sorpresas, la Navidad extiende su iconografía en un género cinematográfico propio.
Para muchos, esto de la Navidad es sólo cuestión de fechas. Para otros, sin embargo, es una época de predisposición hacia los buenos sentimientos, la bondad, la fiesta y la algarabía o la tristeza, según convenga. Las luces, el árbol, Papá Noel, Los Reyes Magos, la Nochebuena, la ilusión y la familia son algunos de los términos presentes a la hora de celebrar la fiesta más tradicional y especial de todas las que, como ésta al fin y al cabo, se han convertido en un artefacto de fecundidad para las grandes superficies comerciales. En el cine, la Navidad no es muy diferente.
Hay filmes con trineos, regalos, arbolitos con guirnaldas, villancicos, buenas intenciones o enamorados dándose el lote bajo el muérdago. Títulos y personalidades que se equiparan con gran facilidad a estas fechas navideñas, perpetuando su presencia cada año en las pantallas del recuerdo. Pero como tanta bondad puede resultar un tanto empalagosa, también hay Navidades cinematográficas (y a buen seguro reales) que producen monstruos, calamidades, desastres familiares, sufrimiento y maldad camuflados en instintos y ademanes fantasmagóricos. Tanto es así, que cuando llega el momento de hacer un pequeño viaje alrededor del Belén cinematográfico, caemos en la cuenta de lo efectiva que resulta una historia centrada en estas fechas que se avecinan.
En estas fechas se celebra el nacimiento del Mesías, del hijo de Dios, por lo que no es de extrañar que algunas de las superproducciones sobre la vida de Jesús invadan la pantalla catódica en estos días, como ‘Rey de reyes’, ‘Ben-Hur’, ‘Jesucristo Superstar’, ‘La última tentación de Cristo’ o la espléndida ‘La vida de Brian’. Pero si una película inunda estas fechas, un filme es estandarte de los buenos sentimientos, representación del verdadero espíritu de la Navidad, ésa es ‘¡Qué bello es vivir!’, de Frank Capra. ¿Quién no ha visto una y otra vez la (en el fondo terrible) historia de George Bailey? Una preciosa y amable proclamación de buenos propósitos, con una hondura y emoción que, más allá de cualquier crítica sobre su posible repleción edulcorante (algo que se desmentía en el post comparativo de hace dos días), representa una de las mejores películas de todos los tiempos.
Así como la imagen de Harry Bailey brindando por su hermano "el hombre más rico del pueblo", en España lo es la revolución infantil alrededor de Pepe Isbert de toda la prole de ‘La gran familia’, de Fernando Palacios, un clásico incorruptible en la que Críspulo, el padrino, el abuelo y la pérdida de Chencho marcan nuestro propio clásico dentro del Christmas en el Séptimo Arte. También lo es, adaptado de la literatura, el mejor clásico de todos los tiempos a este respecto. La historia de Dickens 'Cuento de Navidad’ ha visto varias adecuaciones para la gran pantalla. Ejemplo de ello son ‘Una Navidad con Mickey’, de Disney, ‘Los teleñecos y el cuento de Navidad’ y la imborrable ‘Los fantasmas atacan al jefe’ con el inmenso Bill Murray interpretando al antipático Scrooged, sin olvidarnos del subjetivo y políticamente correcto ‘Juan Nadie’, otro manifiesto del ‘americanismo’ más optimista en contra del New Deal, personificado en la bondad de un Quijote moderno vital y entrañable (Gary Cooper).
Pero esta galería da para mucho más.
Si en todas estas historias el tono entrañable y la buena fe son el objetivo para lograr el enternecimiento del espectador, también existen otras que han utilizado la Pascua para desarrollar pesadillas en forma de thriller o dramas psicológicos que pueden, de una manera u otra, identificarse con la postal de Navidad en el cine más afín a la realidad. Historias como ¿Qué paso anoche?’, que impone la Navidad como excusa para la ruptura de una pareja aparentemente feliz, la incomprendida y ocluida ‘Feliz Navidad Mr. Lawrence’, de Nagisa Oshima y un clásico del cine contemporáneo que se revela en la fantástica ‘Los Gremlins’, de Joe Dante, donde el mensaje realista y demoledor queda reflejado en la secuencia en que Zag Galligan y Phoebe Cates expían sus temores y recuerdos antes de matar al líder Stripe.
O, por otra parte, servir oscuras pesadillas navideñas presentando a un psycho-killer con ganas de aguar la festividad, es el caso de ‘Noche de paz, noche de muerte’, la francesa ‘Game over’, la clásica visión del genio Siodmak en la injustamente olvidada ‘Luz en el alma’ o el clásico de John Ford ‘La taberna del irlandés’ con una atípica Navidad entre puñetazos y un insoportable calor. Y no es posible postergar una de las grandes producciones acerca de un sentido navideño propio de una ópera de terror como lo es la maravillosa ‘Pesadilla antes de Navidad’, de Henry Selick, la obra maestra, en realidad, de Tim Burton. Todo un museo navideño aterrador, que tiene su propio terreno en el basto imperio del cine.
Muchas películas existen alrededor de una figura que se ha acabado imponiendo en nuestro continente, encarnada en ese tipo gordo, bienquisto y con gafas que es Santa Claus, o Papá Noel, que para el caso es lo mismo. Un personaje que parece surgido de la campaña de ‘merchandaising’ de una empresa dedicada a ‘americanizar’ las culturas. Películas como ‘Santa Claus. El film’, de Jeannot Schwartz, ‘Milagro en la calle 34’, de Les Mayfield o Vaya Santa Claus’, de John Pasquin. El caso es que, a menos que intentemos recordar, no existe película alguna sobre la función, un tanto más fácil que la del señor Claus, de los Tres Reyes Magos, a no ser de la versión animada española o esa metafórica crítica sobre ellos que dio David O. Russell en 'Tres Reyes'. En cualquier caso las Navidades están tan aferradas a la cultura moderna y tienen tanto gancho comercial, que incluso se han aprovechado para encuadrar memorables filmes de acción filmes de la década de los 80, como ‘Arma letal’, de Richard Donner o la nunca bien ponderada ‘Jungla de Cristal’, de John McTiernan.
La Navidad es también una época familiar, sin duda alguna. Y como en toda reunión con los más allegados, sirve como pretexto perfecto para descargar las paranoias y problemas que durante todo el año han sacudido nuestras vidas. O al menos para eso son empleadas las excelentes ‘A casa por vacaciones’, de Jodie Foster, ‘Ni un pelo de tonto’, de Robert Benton o la brutalmente despiadada ‘Aflicción’, de Paul Schrader.
Pero no siempre es así, ya que incluso se puede imbuir de espíritu familiar una comedia típica de Navidad con familia ausente, como en el caso de la curiosa y encantadora ‘Solo en casa’, de Chris Columbus, con la presencia de un simpático Macaulay Culkin antes de darse a la mala vida de alcohol y drogas. Pero de entre todo este recorrido existe una película paradigma de lo que son las verdaderas Navidades, del sentido que envuelve a toda esta tradición. Fue un español, Luis García Berlanga el que dejó para la posteridad la obra menos pretendidamente entrañable y bondadosa que, muy al contrario de lo que pueda parecer, sirve como obra maestra para reverberar el mensaje navideño. ‘Plácido’ expone una de las historias más indelebles que se recuerden con la simple premisa de un pobre hombre que sufre lo indecible para pagar la letra de su carricoche y que, en el fondo, quiere lo que todos nosotros durante estas fechas, cenar en paz con su familia y poder ser feliz, aunque se sea pobre. La genial obra de Berlanga vendría a ser nuestro ‘¡Qué bello es vivir!’ particular. Nuestra película navideña por excelencia. Y si bien en la mencionada ‘La gran familia’ se desplegaba una comedia popular marcada por la búsqueda de Chencho por todo Madrid, no lo es menos la fabulosa ‘El día de la Bestia’, de Álex de la Iglesia, en la que se sustituye al rechoncho niño por la figura del Anticristo. Aún así, no deja de ser sorprendente el espíritu navideño que encierran las correrías de Cavan, el padre Berriartúa y el ‘heavy’ José Mari.
En cualquier caso, y a pesar de que los estrenos navideños disten mucho de lo que en la década pasada suponía estrenar durante Navidad, esta festividad viene marcada por un colorido especial lleno de luces y de aparente felicidad. Una época de indolente ventura y tiempo para mostrar la mejor cara que todos sabemos poner. Puede ser la hora de que cada uno de nosotros nos ganemos un trozo de Cielo actuando de forma afable y conseguir, como James Stewart, unas alas para nuestro Clarence exclusivo, el ángel de la guarda que se manifiesta en este periodo de paz, alegría y gastos opulentos que hacen felices, sobre todo, a los comercios (verdaderos entusiastas de la Navidad). Sé que me he olvidado de muchas, pero... no soy una enciclopedia.
¿No escucháis ya las campanillas? Yo tampoco.
Os dejo, además, una listilla con películas navideñas.