miércoles, 15 de diciembre de 2004

El claroscuro de una obra maestra

No sé por qué razón, pero cada día más, 'Nosferatu' está en mi cabeza, como un referente inevitable, como un pensamiento que acude a mí intentando decirme algo. Ya lo fue durante la planificación de 'El límite', de su concepción visual. El film de Friedrich Wilhelm Murnau es una de las obras maestras del cine, del expresionismo alemán, y probablemente de las que marcarían la obra posterior de este genio germánico que tanto ha dejado como legado a la tradición terrorífica dentro del cine. Impregnada en una luz surreal inquietante y mortecina, la historia describe un tema realista pero lejano, fabulesco... Como narraría después en ‘Amanecer’.
'Nosferatu' tiene como sentido único expresar de forma genuina la lucha de una pareja por conquistar la plenitud amorosa, su lenta ascensión a la luz, desde la oscuridad dialéctica que determina la carrera de Murnau. Siempre se ha hablado de este filme como una obra trascendental del género fantaterrorífico, contribuyendo a ello y en gran parte, la utilización de planos con pelicula en negativo y el acelerado de la imagen. ‘Nosferatu’ influyó ya no sólo en el trabajo ulterior del cineasta, si no en el cine europeo y en la Historia del Séptimo Arte. Lo grande de todo, es que se ha convertido en una película que no ha perdido fuerza, ni un solo ápice de encanto, permaneciendo hoy día como uno de los clásicos del cine fantástico y en su concepción cinematográfica global.
Adaptado por Henrik Galeen, según la obra de Bram Stoker ‘Drácula’, en ‘Nosferatu’ la historia vampírica, en todo el sentido coneptual y ragumental, experimenta un giro radical pero (y ahí radica la maestría de esta narración ejemplar) manteniendo el espíritu de Stoker. Murnau inviste a la imagen con el poder de horrorizar, no por los artificios escénicos y ligeramente sofísticos de ‘El gabinete del Dr. Caligari’, de Robert Wiene, sino por el realismo de lo inenarrable. la cinta de Murnau es una ofrenda a la poesía del horror con una sorprendente simplicidad de medios. En el Murnau posterior de ‘Fantomas’ y ‘El último’, los efectos especiales toman más protagonismo, los movimientos de cámara tradujeron las visiones en el mundo real, todo ello extraído del espíritu de ‘Nosferatu’. Al igual que en ‘Tabú’ está marcada por la limpidez de su escritura, por las capas más oscuras de las viejas obsesiones del hombre romántico.
Derivada de esa fuente cultural se podrá apreciar más tarde a esta película como precursora de un género inalterable y genuino. Muerto al final del cine mudo, Murnau permanece como uno de los primeros autores más grandes de la historia del cine, tanto por lo que presagiaba como por una obra ejemplar. En las imágenes de 'Nosferatu', acumulando ataúdes en un coche fúnebre, la procesión mortuoria en la ciudad, la epidemia de ratas o la muerte del vampiro enamorado llevándose su mano al corazón se vierten cristalinas en la retina de todos los que han disfrutado de un clásico que, como la mayoría de las obras inmortales, posee una vigencia que lo mantiene actual a pesar de las décadas transcurridas desde su estreno comercial.