sábado, 6 de noviembre de 2004

Review RESIDENT EVIL 2

Absurdo pero magnífico divertimento
A pesar de lo reiterativo de su guión, esta secuela encuentra en su poca pretensión y acelerado ritmo un interés inaudito en este tipo de producciones.
Acostumbrados a la proliferación de películas de acción con zombies, nulas adaptaciones de videojuegos (donde se ubicaría la primera parte de esta película), cómics, mezclas imposibles de géneros mundanos, ‘mainstream’ y disociaciones argumentales varias, el espectador que acuda a ver ‘Resident Evil: Apocalipsis’ con prejuicios se llevará una agradable sorpresa. No por la propuesta, ya que esta secuela es la enésima aportación al cine de zombies, muy en la línea de la magistral ‘Amanecer de los muertos’, de Zack Snyder, si no como globalización de un género tan agotado como, a veces (y es aquí donde entra el filme del debutante Alexander Witt), deleitablemente solaz.
Han pasado dos años para nosotros, pero para Alice han sido tan sólo unos minutos. El caos que inició en la mansión a las afueras de Racoon City ha llegado a la ciudad y el peligroso ‘Virus T’ se ha expandido rápidamente por el lugar, convirtiendo en zombies a quienes infecta. Un pequeño grupo de personas que no han sido infectadas, entre ellas Jill Valentine, una integrante recién degradada del equipo S.T.A.RS. (Equipo de rescates y tácticas especiales) comandado por Carlos Oliveira, se ven obligados a luchar por sus vidas contra verdaderos enjambres de muertos vivientes. Ahora Racoon City es el escenario perfecto para probar sus armas biológicas, las cuales están lideradas por el coloso mutante conocido como Némesis y también, por la propia Alice, que aquí toma una fuerza descomunal en lo físico y en la trama. La única esperanza de escapar con vida se llama Angie Ashford, la hija de uno de los principales científicos de la Corporación Umbrella.
Esta secuela de ‘Resident Evil’ no es más terrorífica, ni especialmente sangrienta que su predecesora. De hecho puede parecer reiterativa y anodina, sólo roto este tedio por su celeridad, su agilidad argumental, translúcida y carente de obstáculos para la acción son la garantía de autenticidad para con el público aficionado a las buenas películas de acción. Como guionista Paul W.S. Anderson asume la coherencia del trabajo de adaptar un videojuego a la gran pantalla, tratando de no conferir importancia a cualquier atisbo de practicidad dramática, ni el guiño a la seriedad, para dedicarse a estructurar la acción en función de niveles, como si de un juego de ficción se tratara: el puente, la ciudad, la iglesia, el colegio y finalmente la cumbre escénica en un rascacielos con lucha final entre antagonistas incluida. Los personajes no están en absoulto dibujados, no tienen entidad ninguna y están estereotipados hasta el rubor. Pero poco importa. En base a eso, la acción se desarrolla con un trepidante ritmo que nunca se apaga, que confiere a la historia una intrascendencia que se traduce en la mejor baza de un filme de acción modélico, pero en su conjunto formal algo insípido y básico.
Por eso, puede sonar absurdo decir que ‘Resident Evil: Apocalipsis’ es una magnífica adaptación del célebre videojuego, por ésa insuficiencia de gravedad argumental que comparten ambos formatos, donde se encuentra el gran componente de lo mejor del juego y la película. Por tanto, la encarnizada lucha de Alice contra el mundo zombie y la supervivencia en el caos como una premisa de la acción es lo que hace grande a este lúdico divertimento de ciencia ficción adulterado con el terror zombie. Considerándola de este modo como un estricto y legítimo espectáculo, un deleitable producto como simple ejercicio de acción, esta secuela es un placer estético y rítmico distanciado por completo de cualquier sumisión a cualquier regla de guión establecida.
Lo curioso de todo es que las virtudes de esta secuela se han transmutado en los defectos de su primera parte, y viceversa. Es decir, en ‘Resident Evil’ Anderson se tomó demasiado en serio la película, al intentar transgredir los límites del género con lo que contaba. No obstante, en esta secuela esa pretenciosidad es anulada por una adrenalítica cadencia visual, donde cada golpe de efecto está justificado y todo gira en torno a la distracción asfixiante, centrada en la honestidad y falta de complejos de una historia simple pero eficaz, con la sempiterna sensación de ‘deja vù’, pero sin perder el norte en ningún momento. Sin embargo, la eficacia de la primera entrega, justificada en la más que correcta dirección de un Anderson que convocó lo mejor (y peor) de su espantosa carrera filmográfica ofreciendo un axiomático itinerario de terror y acción asentado en los tenebrosos y metálicos escenarios de Umbrella, se pierde con la salida al exterior, donde a Alexander Witt se le escapa de las manos el encargo, con sus descuidadas escenas de lucha, dejando ver sus carencias de planificación en un apagado sentido de la coreografía escénica y un abuso de falsarias técnicas basadas en el sonido aterrador con la confusa imagen borrosa que evidencia la torpe creación tras la cámara del director de fotografía de segunda unidad de ‘Piratas del Caribe’ o ‘XXX’.
Sí, es cierto que ‘Resident Evil: Apocalipsis’ está plagada de esquematismos en muchos niveles que expone bajo sus linealidad nada trascendente. Sí, habrá muchos que no estén de acuerdo con ni una sola línea de esta crítica. Pero lo que no se puede negar es la disposición eflúvica de ‘serie B’, donde se vuelca lo expeditivo y descerebrado del tono narrativo, derivado de la asonancia de la historia sobre cualquier otra disposición fílmica. Además, y a diferencia de la primera cinta, esta película cuenta con más elementos de acción que de terror, reproduciendo algunas plataformas de los videojuegos como las secuencias tomadas de ‘Resident Evil 3’ o del ‘Code Verónica’, además de la breve participación de otros personajes de los juegos como Nikolai y Carlos Olivera. Eso sí, la mediocre aparición del personaje de Nemesis será la excusa justificada con la que puristas atacaran esta producción. A esta pequeña joya de la corona del cine de ‘zombies postmodernos’ no le falta de nada: ni muertos vivientes a la ‘vieja usanza’, ni explosivas heroínas a las que no le tiembla el pulso cuando disparan, ni una manipulación corporativa y ambigüedad gubernamental, ni peleas de patadas en cementerios o iglesias.
Hay todavía quien reconocerá el maratón físico que brindan una espléndida Milla Jovovich y la más que sugerente Sienna Guillory (impresionante su belleza), ambas imponentes, dejando claro que el elemento femenino, a veces tiene más importancia que los héroes o antihéroes a los que nos ha habituado el cine de género. Por todo ello, ‘Resident Evil: Apocalipsis’ supera con mucho a su predecesora, prevaleciendo su valía muy por encima de un subgénero de películas basadas en un juego de video. No es imprescindible, pero sí concede momentos de buen cine de acción. Y aunque esté mal rodado o tenga (muchos) defectos, es una secuela que dignifica la saga y que propone lo mejor de un juego con una sinopsis que descubre aquí su mejor grafía. Ahora queda la avalancha de este tipo de películas: ‘Alone in the Dark’, ‘Bloodrayne’, ‘Crazy Taxi’, ‘Doom’, ‘Mafia’, ‘Max Payne’, ‘Driver’, ‘Far Cry’, ‘Tekken’...
Miguel Á. Refoyo © 2004