jueves, 11 de noviembre de 2004

Reencuentro con Stanley, Stella y... Blanche

Hacía tanto que no veía 'Un tranvía llamado Deseo', de Elia Kazan, que había olvidado la mejor interpretación femenina de todos los tiempos, había olvidado la grandiosidad y genialidad de Vivien Leight. Viéndola, me he dado cuenta de que ninguna actriz antes ni después ha compuesto un rol tan desgarrado, tan profundo y lleno de matices, tan tortuoso... Blanche Devois es, posiblemente, el mejor papel que se ha escrito para una actriz. Tennesse Williams, el gay sureño con más talento de las bambalinas yanquis no pudo reflejar mejor la locura, la desesperación y la soledad de una mujer inocente y engreída que ahoga su frustración en la mentira.
Kazan adaptó a la pantalla una obra maestra convirtiéndola en una sublime película. Kim Hunter está impresionante, dulce, comprensiva y Marlon Brando, en su segundo papel opone su figura de galán para demostrar que empezaba a forjar el mito del mejor actor de la historia. Stanley Kowalski nació en la pluma de Williams para ser interpretado por este monstruo de la pantalla.
Hay dos momentos, en el que Blanche discute con Stanley por los papeles del rancho que han perdido y, sobre todo, el día antes del nacimiento del hijo de Stella y Stanley, en el que la actuación de Leight no es normal, es inalcanzable, perfecta, inhumana... Esos ojos, esa actitud, esa manera de mirar. Es lo que hizo que la propia Vivien Leight tuviera problemas psicológicos asumiendo la doble personalidad de Blanche. Tuvo muchas contrariedades por esta interpretación pero nos dejó una creación rotundamente apoteósica.
Nunca la locura fue tan tortuosa en la retina del espectador. El agobio del calor, de las palabras, de la evolución de una pobre mujer destinada al sufrimiento más atroz que existe en esta vida.