lunes, 29 de noviembre de 2004

El nuevo clásico de terror incomprendido

Creo que es la película que más he defendido en los últimos años porque parece que nadie parece gustarle. Cuando el terror ha pasado a definir una reactivación de género que fagocita los tópicos de este cine, 'What lies beneath', de Robert Zemeckis, se ignoró y despreció cuando es una digna muestra del mejor homenaje al suspense y al terror.
Hoy la han emitido en Antena 3. Así es como la vi yo hace años y, releyendo lo que escribí, sigo pensando lo mismo ¿Película maldita? Puede ser.

La prodigiosa esencia del terror
Zemeckis obtiene con su taumaturgia visual, apoyado en una Pfeiffer descomunal, una de las mejores obras de terror de los últimos años.
Es inevitable profundizar en un filme como ‘Lo que la verdad esconde’ sin aludir a la figura del que es progenitor de un género taxativo dentro del cine: Alfred Hitchcock. Cierto es que la ofrenda al gran maestro por parte de Robert Zemeckis constituye un compendio definido por las constantes irrepetibles del gran mago del suspense. Pero también lo es el intencionado alejamiento del legendario creador inglés introduciendo, desde su base argumental, conceptos ajenos a la visión ‘hitchcockiana’ al introducir fenómenos paranormales, fantasmas y la tétrica línea que conforma este taquillero filme. Asentada en un argumento eficaz y vigoroso, procedente del mismísimo Spielberg, ‘Lo que la verdad esconde’ fundamenta su gran y aplastante virtud en la majestuosidad visual y narrativa con la que Zemeckis ha sabido dotar al filme, extendiendo a sus secuencias una excepcional puesta en escena y una evolutiva recreación del desasosiego y la angustia psicológica que acaba por atrapar a un espectador trasegado por el genio del cineasta hacia el sobresalto.
Funciona, por tanto, desde su base, la enorme dualidad entre la apariencia de realismo cotidiano y la mezcla de realidad-ficción, su esquema maniqueísta, su ‘tempo’ secuencial que arrolla y estremece, que fascina y sobrecoge. La historia del matrimonio Spencer y su relación vulnerada por la irrupción en su vida por un espíritu le sirve a Zemeckis para convocar una serie de elementos clásicos del cine de terror y llevar al público a la inquietud, a la tribulación que deviene de la emoción simple y violenta, sabiendo convertir la acción cotidiana en una tangible pesadilla donde las sensaciones quedan diluidas.
La portentosa planificación, asentada en la elegancia conceptual, en planos secuencia abrumantes, aprovechando el ‘scope’ hasta la exquisitez, los travellings imposibles, los espejos y la utilización de efectos digitales ajustados a objetivos puntuales convierten la dirección de Zemeckis en un quimérico modelo de megalomanía, sacándose de la chistera impresionantes imágenes, destilando virtuosidad visual a la hora de crear ambientes, engrandecida con la partitura de un Alan Silvestri bajo el influjo de Bernard Herrmann. Es ahí donde ‘Lo que la verdad esconde’ encumbra su resultado a cotas de maestría impenetrable; a la sencillez de los giros, a los golpes de efecto, a la virtuosidad irónica de su médula argumental, plena de excelsitud genérica. A todo ello se une un elemento superlativo como es la interpretación de una Michelle Pfeiffer que vuelve a dar un recital de talento con su omnipotente presencia en pantalla, proporcionando a Claire Spenser la fragilidad etérea necesaria para la identificación del público, al que se une Harrison Ford, que abandona su convencionalismo por la complejidad ambigua de un personaje difícil y oblicuo.
El filme se divide en dos partes. Una primera en la que el terror cotidiano alcanza una cercanía asfixiante, erigiendo el desasosiego de un personaje con el que se conecta inmediatamente, y una segunda en la que se desvela la verdad que subyace, en una perfecta evolución con doble final en el que su espectacularidad alcanza el propósito del director. Es decir, una ilusoria miscelánea de terror, suspense, acción, melodrama y ‘thriller’ acentuado con el tono fantástico que formula el núcleo. ‘Lo que la verdad esconde’ propone una convencional cinta de terror que se alía esta vez con el talento y la calidad para hacer de su tensión psicológica el elemento absoluto, otorgando al cine actual una obra impoluta e intachable con sus objetivos básicos, una de las mejores películas de terror de los últimos tiempos.
Miguel Á. Refoyo © 2000