jueves, 18 de noviembre de 2004

El último ‘punkie’

Últimamente, casi siempre, echo de menos pequeñas cosas que me hacían feliz hace más de una década, en los 90, en sus principios, cuando los 80 agonizaban dejando atrás una época irrepetible. El otro día, cuando volví a darle un sorbo a un litro de Kalimotxo, mi memoria se fue instantáneamente a una imagen de mí mismo en 1995, delgadito, sin barba, joven, con ganas de todo y, en esta visión en la que vestía igual que ahora, un disco sonando detrás, haciéndome sonreír: ‘Ya hera ora’, del mítico Manolo Kabezabolo, un apasionante y entrañable icono que ha marcado a una generación que se aprendió sus letras anarquistas y punkies, puramente rebeldes y con un humor que dignificaron su torpe manera de tocar la guitarra y su voz agangosada. Qué míticos momentos me ha dado Manolo.
Su leyenda urbana le tacha de exdrogadicto, residente en un psiquiátrico de Zaragoza del que le dejaban salir para tocar en conciertos como terapia a lo que el llamó "encierro voluntario", debido a un ‘yu-yu muy grande’. También de historias, como la que le situaba actuando en el bar ‘La Colmena’, en la Calle Pizarro, aquí, en Salamanca, donde los vecinos, hartos de aguantar sus proclamas punkies, llamaron a la policía y fue detenido. Me pasaron (cómo no, otra vez José "Jimbo") una cinta grabada, de las que se pasan los amigos y que van de mano en mano por toda España, agitadora de diversos botellones de amigos, de la juventud que empezaba a descubrir la expansión de la vida. Contenía absurdas canciones grabadas en directo en un bareto, en un chamizo (que diría mi amigo Rutiger), con unas letras ingeniosas, divertidas, pero con un contenido ‘anarka’, lleno de intención cínica y socarrona. Y entre medias, aquellas frases que jamás podremos olvidar: “voy medio ciego”, “no veo ni el micrófono”, “A ver ¡camarero! ¡Ponme una caña aunque sea!”...
En 1995, Manolo, había hecho llegar a jóvenes de toda España 2.000 copias entre las vendidas y pirateadas. El ‘Ya hera ora’ recogía 30 temas, pero la denuncia de las discográficas, ya que varios temas eran versiones de temas conocidos (varios de ellos de los ‘Sex Pistols’), hizo que se tuvieran que retirar las copias y reeditarlo, desapareciendo 7 de aquellos míticos temas. En 1996 le vi en la sala Potemkin y no fue lo que me esperaba, porque Manolo, como buen bohemio cantautor punkie tenía sus días: dependía de cómo estuviera; o estaba increíblemente gracioso e inspirado, o se iba a los 5 minutos mandando a tomar por culo al público. Aún así, siempre seguí adorando a aquel hombre. Su música era lo de menos. Importaba la figura, el mito, el icono que creamos aquellos que crecimos con un katxi de kalimotxo en una mano y uno de cerveza en la otra, fumando un buen petas, mientras levantábamos las manos al grito de sus canciones: “cada imprendible que llevo en la chupa es el recuerdo de algún follón”, “usted qué opina del aborto de la gallina”, “un papel morao ¡mil duros!”, “Si Sid Vicious hubiera conocido el kamimotxo no habría muerto de sobredosis”… y tantas y tantas otras.
Cuando Manolo volvió con ‘Los ke se van del Bolo’, su proyecto de banda de acompañamiento se sitúo en un proyecto más serio y comercial. Y el Manolo que me encandiló dejó de ser el mismo, aunque sus letras tuvieran la misma intención cabrona. Viendo aquellos grupos que me gustaban entonces, en mi época macarra que se ha extendido hasta la actualidad: El Oso Yonki, La Polla Records, Boikot, M.C.D, Pleasure Fuckers, Los Discípulos de Otilia o Albert Pla, sus siguientes discos: ‘La Nueva Mayoría’, ‘Resina, agua y ajo’ y ‘2001: la odisea va despazio’ son el reflejo de que este sedicioso e insumiso cantautor sigue haciendo discos no por un golpe de suerte o por el seguimiento de unos borrachos ‘freakies’. Nada más lejos de la realidad. Sus rudas canciones, a pesar de parecer las absurdas loas más banales al inconformismo y a la droga y el alcohol, son el fiel reflejo de la realidad de nuestro país. Y eso es todo un logro.
Su letra 'punk' y combativa, llena de filosofía urbana ha ido recogiendo lo mejor de un autor, reconvertido en leyenda a la sombra de un disco que terminó por hacerse tan grande que se tragó su trabajo posterior. Aún así, no importa, porque Manolo Kabezabolo, con sus defectos y sus canciones pachangueras estará en un nivel generacional que nadie de los que hemos disfrutado como locos de una era creada para la diversión podrá olvidar. Ahí quedan sus temas posteriores al ‘Ya hera ora’ como ‘Nino Gramo’, ‘Tengo una muñeca vestida de punk’ o la versión de ‘Clavelitos’ tunera putera rebautizada ‘Karajillos’.
Grande, Manolo, grande.
Esta noche, en la fiesta grande de Ciencias en la universitaria Salamanca, pediré uno de tus temazos para sentirme un poco como los jovenzuelos que dejarán medio mes en una fiesta antológica.