lunes, 15 de noviembre de 2004

Ausencia en el abismo.

Los que os pasáis habitualmente por este insustancial universo al borde del sumidero os habréis preguntado por qué no he escrito en los últimos cuatro días. No espero que me hayáis echado de menos, ni mucho menos. Pero aquí estoy, dispuesto a recuperar el tiempo perdido y a seguir dando lo mejor (y peor) de mí mismo.
Este enloquecido fin de semana ha sido extraño, absurdo, interesante, odioso, pero reconfortante. Una sensación tan inconcebible y confusa sólo puede venir de ese entorno tan mefistofélico e hipnótico que es la familia, un contexto que es a la par odioso y sugerente, una realidad sin la que uno no puede vivir pero que termina odiando y amando en sincronía armónica.
He estado de viaje en Asturias, sosegando mi perturbado estado mental y espiritual en Llanes, recorriendo los hermosos parajes norteños, viendo llover bajo la melancolía y fascinación de sus tierras. Cangas de Onís, la cascada natural que nace en la esfera religiosa de la virgen de Covadonga, extenuado de aquí para allá, tan pronto en Posada, como en San Vicente de la Barquera (desgraciadamente no vi a Bustamente), en Comillas y por fin, volviendo a casa.
Compartir esos momentos hogareños con esta gente extraña que siempre me ha rodeado, que no he elegido, pero a los que quiero de igual modo, ha sido, cuanto menos, mucho más que curioso. Curioso el hecho de que la risa y los momentos de humor familiar puedan ser como una velada en el mejor ‘Saturday Night Live’ y que, de repente, por un imprevisto giro de guión, todo se transformase en una batalla digna del programa con más audiencia de Jerry Springer. Los trapos sucios del pasado son el elemento inevitable para que un chiste se transforme en un insulto. Sencillamente apasionante el mecanismo de estas reuniones.
La familia es un pozo sin fondo a la hora de recoger ideas para cualquier guión. Sobre todo, si es una comedia cabrona y con intenciones críticas, llenas de un cinismo y amargura que lleve a la risa. Así que no ha sido en vano. Ya os lo digo que de toda mi experiencia personal con mi familia será valedora de alguna comedia sin freno y reflexiva sobre las relaciones consanguíneas de ‘high standing’.
Y nada más. Ahora es momento de recuperar la normalidad y volver a la aburrida cotidianidad.