miércoles, 6 de octubre de 2004

No es lo mismo

Que te toquen el ordenador es como te toquen un poco los cojones, como que un individuo encapuchado vestido de negro se meta en tu habitación y en tu cama y le empiece a magrear lascivamente el cuerpo a tu mujer, como que un infecto ladrón que huele a aceite y a bocadillo caduco de atún conduzca tu coche, como que un amigo gorrón se acerque a tu casa con la excusa de que llueve y se quede tres años viviendo a tu costa.
Todo esto viene a cuento porque me han arreglado el ordenador, sí. Pero a qué precio. Ahora puedo escribir, y no sé si sentirme bien con ello o no. Porque no veo las cosas como antes. No es que me haya vuelto pesimista ni me haya alienado en contra de nadie ni de nada. No tengo ningún sentimiento de ningún tipo hacia la vida. Pero no veo igual las cosas, sobre todo circunscritas a mi ordenador. Y más cuando hablo de este programa llamado Word tan necesario para los inútiles que perdemos el tiempo escribiendo y desarrollando la capacidad retórica para nada.
No lo veo igual, lo veo a menos resolución, como en un 486 chungo y barato de segunda mano. Como si me hubiera tomado seis cervezas y escribiera con ‘el puntillo’. Y no encuentro el problema porque parece que todo está como antes. Por mucho que intento encontrar el problema, no lo encuentro. Al menos, eso es lo que me dice el puto ordenador y el nunca bien ponderado XP.
El pardal gañán de prácticas que estuvo hurgando en mi pequeño cerebro mecánico estuvo ‘toqueteando’ la BIOS y demás hasta que logró acceder a mi disco duro. Dijo que todo iba bien, que estaba arreglado Y como yo estaba tan acojonado porque veía peligrar años de mi vida perdidos en un disco duro dañado, me puse tan contento. Pero ahora lo no lo estoy, aunque pueda estar escribiendo estas líneas. También me dejó sin programas en el inicio, alegando que me daría mayor velocidad, como si yo quisiera ganar un premio en la fórmula Nascar e hizo esas cosas que se supone que hace todo buen técnico informático cuando trabaja y te mira con sonrisa cínica y te dice entre sonrisillas “pues esto está jodido…”, para al microsegundo decirte “que noooo, que es broma”.
Me estoy dejando los ojos en un monitor que se ha vuelto ajeno, enemigo de mi placidez cuando escribía. Esto no es una obsesión mía, porque os aseguro que me mareo yme entran nauseas ¿habrán puesto un filtro estroboscópico para destruirme? No lo sé. Sólo sé que no es lo mismo.
Seguiré intentando que todo vuelva a su cauce. Pero, como dicen los inocentes de corazón y los débiles de espíritu: hoy estoy JODIDO.
PD: Si alguien propone alguna solución fiable, que me lo diga. O tendré que llamar al típico gordo de barbas rojizas que va en silla de ruedas y viste camisa de cuadros rojos mientras come patatas fritas y ‘Doritos’ y bebe Pepsi que tanto abunda en las películas yanquis.