viernes, 22 de octubre de 2004

Me cago en los guapos y en la perfección

Ayer se vivió uno de los momentos más vergonzantes que yo he tenido la desgracia de presenciar en televisión. Me dispuse a ver 'Lo + Plus’ con la intención de disfrutar de la promoción en del carismático y tomético Álex de la Iglesia y Guillermo Toledo con motivo del estreno hoy mismo en toda España de su nueva y maravillosa comedia ‘Crimen Ferpecto’. Pues bien, los chicos ‘pluseros’ tuvieron a bien conceder una miserable entrevista de tan sólo 15 minutos, una de las más cortas que yo recuerde cuando han llevado a un cineasta de peso (y no lo digo por Álex) para vender su última película.
Es algo que parece normal en esta nueva temporada, tan dada a diversificar contenidos, como ya hicieran en una de las primeras etapas, cuando todavía estaba el nunca bien ponderado Máximo Pradera y que supone un paso atrás debido a lo errático y descompensado con se materializa el experimento. Sin embargo, resulta bastante paradójico, que la entrevista que le hicieron a Amenábar, Bardem y la Rueda supusiera el total del programa, como si hasta entonces nadie supiera muy bien que se estrenaba la película sobre Ramón Sanpedro. Más que nada por las dos semanas incesantes de bombardeo mediático que hicieron que hasta la abuela que no iba al cine desde los tiempos de Paco Martínez Soria desempolvara su monedero para descubrir que el cine es en color y ‘muy original’ en manos de Alejandrito (de ahí que esté
Las preguntas son: ¿alguien ha visto o se enterado de esa más que correcta película de terror que es ‘Hipnos’? ¿Alguien sabe que es el debut tras las cámaras del joven David Carreras? ¿Cristina Brondo, increíble actriz –la revelación del año-, ha tenido las mismas oportunidades del imperfecto trabajo de Belén Rueda para darse a conocer al público? Es más ¿se le está dando promoción al cine español? La respuesta es evidente; Si no eres Pedro Almodóvar o Amenábar (curioso el cariño que ambos se tienen), no.
Lo peor de todo no ha sido la sonrojante deflación temporal a la que se han visto sometidos Álex y Willy, ambos poseedores de unas intachables carreras cinematográficas, con experiencias que compartir, anécdotas divertidas que narrar y dictámenes prácticos sobre su profesión, como digo, en un tono solaz e instructivo que estaba siendo de lo más divertido. Lo más vergonzoso, la mayor de las soflamas demostradas por esta tendencia absurda hacia la futilidad catódica, ha sido comprobar a aquellos a los que le han dedicado el resto (casi la gran parte) del programa: me refiero a los supuestamente ‘guapos’ Pablo Martín y Jorge Fernández, dos individuos que lo máximo que han hecho en sus intrascendentes vidas ha sido resultar atractivos a un grupo de mujeres de mentalidad baladí que gustan de la superficialidad más chabacana. Dos tipos ridículos, nulos, cuyo único logro en esta vida ha sido ser elegidos Mister España, importantísimo título que otorga un trabajo de por vida. Dos mindunis, en definitiva, que únicamente por posar y cultivar su imagen se han ganado un puesto en una profesión de la que muchos tenemos el título y una brillante formación, pero seguimos en Paro viendo como estos mugrientos especimenes siguen abarrotando programas de televisión con una sonrisa fingida de gigoló de lujo. Ya sé que estos pobres diablos no tienen la culpa de haber reducido el tiempo del director y el actor de ‘Crimen Ferpecto’, sino la elección ha sido de los responsable de ‘Lo + Plus’.
Lo más triste de todo esto fue, que a lo largo de la extensa entrevista, los dos ex misters no aportaron nada interesante, ningún punto de vista válido, ni siquiera algo que mereciera la pena escuchar. Se dedicaron a arengar sobre su condición de ‘metrosexual’ (uno de los temas más profundamente trascendentales del último año), del ejercicio y el tiempo que invertían para tener su abdomen como una tabla de planchar, de las cremas que se echaban para estar más atractivos, de las melindres que colman en sus frondosas cabelleras y chorradas de este calibre. Por si fuera poco, tuvieron a bien intentar resultar ingeniosos y perspicaces comparando la imagen del presidente Zapatero con la de Garbamel (qué triste reflexión). Eso sí, hablando con una perfecta dicción de clase particular. También dejaron joyas acerca de que en su infancia, ambos querían ser indios (sic.). Perfectos ellos en su exterior, fatuos y vanidosos en el fondo, ostentando que bajo su cara bonita se esconde un cerebro que está rodeado por una fina membrana de mierda e imbecilidad.
Ello, oye, me hizo pensar en lo desagradable que resulta ser perfecto. Lo mucho que odio seguir las imbecilidades de miles de idiotas que se creen la voz de la sociedad a favor de la imagen y la estética. No quiero hacer ejercicio o llevar una vida sana. No quiero estar al servicio de la apariencia de esta nueva moda inscrita en la subnormalidad moldeada a través de un narcisismo galopante y escandaloso. Odio la perfección. Quiero estar gordo, quiero emborracharme, quiero ser libre y no estar atado a la imagen. Quiero quedarme calvo y disfrutar como un cosaco de la vida. Hay que tener muchos defectos para ser humanos, ya que las virtudes forman parte de la pequeña bondad de los errores que se cometen. Sólo así se aprende a ser humilde. En conclusión: quiero ser feliz, aunque no pueda ni sepa cómo.
A todo esto, saco a colación el tema más polémico de la semana, el que más hojas ha llenado los periódicos, más palabras se han escupido por los expertos tertulianos que dicen saber de todo y no tienen ni puta idea de nada y que más reportajes ha emitido la televisión: es, como no podía ser de otra manera, la polémica de las ‘mujeres florero’ que Hugo Boos ha utilizado vilmente en el ‘Masters Series de Madrid’ como escaparate de su marca, disponiendo de modelos para un beneficio de lucro y comercial. Ha sido bastante ridículo ver a tías explosivas correr torpemente detrás de las pelotas de tenis, más preocupadas no llamar la atención que por hacer bien un trabajo que se les queda grande y para el que no están preparadas.
Estoy de acuerdo con Ángeles Álvarez y Soledad Murillo cuando han afirmado que estas chicas tan monas ofrecen una visión discriminatoria de las mujeres, que aparecen como simples objetos de decoración y divertimento. Claro que sí. Las modelos se deberían dedicar al siempre controvertible mundo de la moda, a lucir los trajes y tendencias. Ése es su trabajo y es lo que mejor hacen, porque se han preparado para ello y sacrifican su vida en pos de una labor sufrida y pocas veces reconocida. Hay que defenderlas en su terreno, pero no cuando pretenden acaparar, usurparles el puesto a los chavales que se dejan la infancia y el dinero en su sueño de llegar a dedicarse al mundo del tenis. Las madres de los niños recogepelotas están indignadas. Y no es para menos. Y que nadie me venga con que, por ejemplo (como se ha llegado a oír) las ‘Cheerleaders’ también son vejadas por su utilización degradante porque NO. Son bailarinas profesionales que entrenan sus coreografías tanto o más que cualquier jugador de la NBA.
Lo que hay que procurar es que cada uno se dedique a lo suyo y dejarse de rollos estéticos.
O si no ¿vosotros creéis que a mí me darían una oportunidad para desfilar con ropa Calvin Klein? Pues entonces.
Ya está bien de tanto intrusismo.