sábado, 30 de octubre de 2004

Gran acogida de 'El límite' en SEMINCI

Por primera vez se proyectó 'El límite' con público.
Y está mal que yo lo diga, pero queridos amigos, fue un todo un éxito.
Ante más de un centenar de personas, en el Salón de Actos de Caja España, pudo verse nuestro trabajo por primer vez en pantalla grande. Allí estaba el gran Ángel González Quesada para acompañarme en tan importante tesitura. Los nervios nunca han sido un tema que me haya preocupado, porque no tengo miedo escénico. Es más, tengo un morro de la hostia y una oratoria de sofista. Pero había algo cierto, y es que, por dentro, estaba algo acojonado por la reacción que suscitara en los asistentes al evento. En esos momentos pensé: "¿y si no les gusta? ¿y si dicen que no es bueno?... No sería capaz de soportar un fracaso como ese".
Antes que 'El límite' proyectaron un cortometraje titulado 'Debajo de la mesa', de Óscar Royuela, un engendro fetichista sobre un joven que recuerda la procedencia de su obsesión por los pies femeninos que tuvo origen en los masajes en los quesos de su atractiva (bastante bruta la actriz, por cierto) familiar. Un chorrada absurda y sinsentido que tiene como reclamo la voz en Off del simpar Pablo Motos.
Llego la hora de presentar nuestro corto y no tuve mayores problemas al soltar un breve 'speech' que dejó a la platea con la sensación habitual de "qué chaval más majo" o "qué gilipollas" que suelo dar a la gente desconocida. La visión del proyecto en una muy digna pantalla, con la potencia de la estética creada por Quike Santiago y el sonido (acojonante) sonando a todo volumen me dieron una sensación de que poder y de satisfacción que pocas veces había sentido. El corto funciona. Eso se percibe en que cuando se desarrolla 'El límite' la respiración se corta, la tensión llena la sala y los nervios se hacen visibles en todos los espectadores.
Dos tandas de sonoros aplausos, una al finalizar el corto y otro tras los créditos dieron fe del éxito, ya que fue el único trabajo al que el público (al que no conocía de nada) aplaudió en dos ocasiones.
Luego pudimos soportar a un fulano metrosexual que narró un inacabable cuento de desesperación vital y argumental tremendista. Muy denso. Aburrido. Imanol Uribe llegó, mostró su enorme y descomunal barriga, y le entregó el Premio de la Juventud a la ganadora de la Espiga de Oro, 'Hierro 3' ('Bin-jip'), de Kim Ki-duk, que recogió alguien de prensa del propio festival y el premio de la juventud de la sección Punto de Encuentro, que ni me enteré.
La velada acabó con el curioso cortometraje 'Mus', de Patxi Amezcúa, la historia de cuatro amigos que juegan al mus y que ven alterada la tarde cuando en la cazadora de uno de ellos aparece una navaja manchada de sangre que levanta las sospechas. Un corto cojonudo, sí señor.
Presentar 'El límite' en la SEMINCI ha sido una experiencia fantástica. Ahora sólo queda que Salamanca haga lo mismo en breve.
Una cosa más: ¿hay en España alguna ciudad tan horrorosa como Valladolid? Lo siento, me caen muy bien los pucelanos porque tengo muy buenos amigos vallisoletanos y son buena gente.