miércoles, 27 de octubre de 2004

Gracias Julia, por esas deliciosas ‘cerezas’

Sorprendente, asombroso y alucinante es el hecho de encender la televisión en horario de ‘prime time’ nocturno y comprobar cómo una profesional recupera el divertimento cultural, el sosiego que da atender atento a una entrevista, ver cómo en una mesa no hay subproductos humanos escupiéndose afrentas e insultos, berreando y jurando en arameo, sino que hay artistas, con personalidad y trabajos que promocionar que departen sobre muchos temas profesionales y personales en un ambiente relajado y distraído.
Sorprende cómo y de qué manera está estructurado el nuevo, y desde este momento, apoteósico programa de Julia Otero ‘Las cerezas’. Hacía años que un espacio de entretenimiento en horario de máxima audiencia no sentaba tan bien en esta era de estulticia e incultura, de prensa rosa tan dada a encumbrar, como muy señala Moncho Alpuente, residuos tóxicos humanos (y encima reciclables), que se ganan su fama por difamar, adulterar la realidad o prostituirse con el único objetivo de salir en la televisión.
‘Las cerezas’, estructuralmente en proceso de crecimiento, a la espera de la oportunidad que se ha ganado más que de sobra con su primer capítulo, promete que las noches de los martes sean un punto de referencia en esta ilusionante estapa de televisión de calidad. Julia Otero, una de las grandes profesionales de nuestro país, ha hecho posible que un ex presidente de España y un ex president de la Generalitat dialoguen de todo menos de política, le ha dado la merecida oportunidad al mejor atleta de las pasadas Olimpiadas para dar su grito de auxilio pidiendo un ‘sponsor’ que le permita seguir en el más alto nivel y ha demostrado que en una mesa se puede entrevistar a varias personas a la vez, concediendo su espacio de protagonismo a todos y cada uno de ellos para, tras hablar de sus trabajos, trivializar todos juntos acerca de temáticas diversas, siempre con el humor y el guiño al entretenimiento que durante toda su impecable carrera ha seguido la periodista gallega.
En una era de idiotización e imbecilidad catódica destinada a mentes empobrecidas por la estolidez (ayer sólo había que recurrir de nuevo a Telecinco para comprobar la abismal diferencia de ambos programas -el de Julia y el de Xavier-), ‘Las Cerezas’ nace como espacio de ocio e interés real por personajes que verdaderamente tienen algo que contar, con sólidas carreras y personalidades que cautivan o, al menos, sugestionan para no cambiar de cadena.
En una era en la que cualquier ser miserable y rastrero tiene su esfera de celebridad por abrirse de piernas, insultar y calumniar, jugar con temas tan serios como el maltrato, asesinar animales y dejar tras de sí amantes ambiciosas (putas, en general), el programa de Julia Otero es, desde su presentación, una panacea televisiva, un páramo de buen gusto, corrección (con espacio para la crítica ácida imparcial y socarrona), interés, formación, calidad y, sobre todo, amenidad. Un hecho que parecía casi imposible en la televisión actual.