viernes, 15 de octubre de 2004

El excéntrico ridículo y el hijoputa sarcástico

Que Michael Jackson es el ‘freak’ (en cuanto al concepto más ‘todbrowniniano’ se refiere) más descomunal que ha dado la historia de la Humanidad, nadie lo niega. Su vida y obra dan una muestra de lo mejor y lo más fascinante y lo peor y más repugnante que puede llegar a hacer un ser humano. Aún así, ‘Jacko’ inspira compasión. O de este modo le ven muchos de sus acérrimos seguidores, que le adoran y defienden de sus coqueteos con la pederastia, su zoofilia no reconocida con el chimpancé Bubbles, sus amagos de lanzamiento de bebé a través de un balcón o sus infinitas operaciones de rostro parecen salidas de un relato de Poe. Su vida, entre el escándalo, la excentricidad más enfermiza y la gloria musical de coreografías inimitables le otorgaron un hueco en el Olimpo de la Historia, que él se ha encargado de ir dilatando con discos y bataholas de libertinaje sexual, de bulos, de querellas y controversias. Lo de ‘Peter Pan’ ya no cuela. Y la imagen envejecida del personaje de James M. Barrie no vende. Su ‘Neverland’ pierde credibilidad y ya es arriesgado para los infantes ir a dormir con el monstruo caracterizado por el mismo en un simio salido de la película de Schaffner. No sé porqué me vienen a la cabeza Maculay Culkin, los Criss Cross, antes a Corey Feldman y algún niño prodigio en su cama, saltando con palomitas llenas de alguna sustancia somnífera. Y detrás de ellos, Michael, acechando como un lobo mientras se desplaza bailando el ‘moonwalk’.
En el panorama musical, otra de las bestias negras más polémicas de los últimos tiempos, Eminem, ese conejito blanco con malas pulgas, ese rapero de alma negra que exhibe la cara de un niño a punto de hacer la primera comunión con un subvertido carácter de hijo de puta de reformatorio ha querido retratar la vida del ‘intocable’ Jackson en su último vídeo del single ‘Just Lose it’ (siempre es recuerrente la palabra ‘looser’ en la genealogía poética del de Detroit). Y, como era lo buscado, ha levantado la polémica. A Jackson le han devuelto la moneda, pero ridiculizándole y parodiándole. Eminem se burla de ‘Jacko’ recorriendo sus momentos más ridículos, como cuando se le quemó el pelo durante un spot de Pepsi (bajo las notas del ‘Billie Jean’), perdiendo la nariz durante un concierto por tanta cirugía plástica y, la gota que colma el vaso, la estrofa “ven, niño, siéntate sobre mis rodillas. Adivina quién trae un nuevo rap...” con Marshall Bruce Mathers III (que así se llama Eminem –por cierto, pasado mañana es su cumpleaños-) caracterizado de Jackson, sentado en una cama, mientras unos tiernos infantes dan saltos de alegría sobre la colcha.
Michael Jackson está muy enfadado, fíjaté, y considera que Eminem se ha extralimitado, dice que es irrespetuoso y ofensivo. Tal vez lo sea, pero las risas que me he pasado viéndolo no me las quita nadie. Lo cierto es que, a estas alturas, la figura de Michael Jackson se ha convertido en una pantomima, en un títere ridículo manejado única y exclusivamente por su biografía llena de abusos en todos los sentidos. Un hazmerreír mundial devorado por su pasado y las chorradas incomprensibles que ha cometido a lo largo de su vida.