jueves, 7 de octubre de 2004

Dan ganas de no seguir

Muchas veces lo he pensado. Pero nunca lo digo debido a que suena a una actitud derrotista y de víctima. Hoy es diferente y lanzo la pregunta que tanto me martiriza: ¿De qué me vale escribir? A veces creo que de y para nada.
Considero que intentar evolucionar, mejorar y adquirir un estilo es tan difícil y sufrido que, en casi todas las ocasiones, no es justificable tanto esfuerzo. Y no lo es porque para la mayoría de la gente no es más que algo inapreciable. No se valora un trabajo bien hecho. Les da igual. He tenido que oír cosas como que al no recibir remuneración económica por mi entregado esfuerzo a la escritura 'me estoy tocando los cojones en casa'. Es más, se atreven, osadamente, a sugerirme que deje la holgazanería para trabajar de una vez. Se me levanta la sangre y, de paso, la mala hostia.
Me gustaría ver a todo el que ‘amigablemente’ me da consejos sobre mi vida 6 ó 7 horas delante de la pantalla, tecleando y haciendo un buen trabajo literario. Nadie valora lo que mi cerebro y capacidad crea. Nadie sabe reconocer que llega a ser agotador, que consume energías y que requiere un esfuerzo que no se puede medir de ningún modo. Escribir es uno de los trabajos menos reconocidos (y sumisos) que existe. Y no descubro nada. Si estás en el anonimato trabajando y dejándote la piel en cada palabra, tu vida en cada párrafo y tu esfuerzo en cada diálogo con sus puntos y comas de por medio, da lo mismo que seas bueno, malo, mediocre o trabajes prostituyendo tu talento por escribir para los demás. Rellenar es lo que interesa. Y la rapidez.
Si escribes rápido para alguien mejor que mejor. Total, no van a apreciar su calidad. O si mandas al periódico un texto en el que has invertido seis horas de tu vida y en la redacción tienen a bien cortarlo, lo cortan, sin dar explicación alguna, mutilando tus creaciones para sus intereses efímeros de que cuanto antes esté y menos problemas dé, mejor.
Me dan ganas de cagarme en el periodismo. Bueno, qué coño, que me cago en él.