viernes, 8 de octubre de 2004

Apoyando al cine español... pero nada. HIPNOS, de David Carreras.

Llevado por un impulso (no sé muy bien a qué ha respondido) he decidido darle una nueva oportunidad al cine español en el que últimamente tan poco creo. Y he ido a ver 'Hipnos', la nueva producción de terror del decadente cine español.
Ya en su comienzo se percibe un diseño de producción realmente ambicioso, deslumbrante, con efectos digitales insertados en un accidente de un camión cisterna incluido y una fotografía en la que abundan unos incandescentes claroscuros que indican por dónde van a ir los derroteros de la cinta. Comenzada la trama y desarrollada la historia, el debut tras las cámaras de David Carreras, ‘Hipnos’, abarca muchas, tal vez demasiadas, similitudes con la forma de rodar de Jaume Balagueró. Un efecto que con el transcurso de la película se convierte en una especie de remedo estilístico e intencional creado por el director de ‘Los sin nombre’. Todo muy alemán y exprexionista.
Basada en la novela homónima de Javier Azpeitia y adaptada para el cine por Juanma Ruiz Córdoba y el propio director la historia empieza con una doctora, Beatriz Vargas, que llega a una clínica privada, un psiquiátrico de renombre donde conoce el caso de la niña angustiada por su pasado. Un día después, la niña aparece muerta. Un enigmático paciente sumido que dice ser policía y un enfermo mental que dibuja suicidios introduce a Beatriz en un laberinto del que resulta imposible escapar. Realidad y ficción comienzan a confundirse en la mente cada vez más inestable de un joven doctora que comenzará a poner duda su propia memoria que la llevará a un final (oh! sorpresa) imprevisible y pesadillesco. O al menos, eso es lo que quiere Carreras hacer creer al público. Pero ante esto, uno tiene la sensación haber vivido muchas veces esta misma película.
A partir de esa aparentemente interesante trama ‘Hipnos’ está creada para la farsa, para el efecto, para jugar con el espectador. Alguien curtido en el género verá en seguida por dónde pretende llevarnos el tal Carreras, porque resulta una película muy, muy tramposa, que basa todos sus pilares en un giro final, en una treta y/o artimaña con un único fin: sorprender al espectador por medio de una historia exclusivamente desplegada por ese final artero y malévolo, fullero y embaucador. Y esta estrategia, conformada en lo que Ana Campoy llamaría ‘Guión con estructura Omega’, no funciona en absoluto por su descarada intención de artificio.
Es eficaz, eso sí. Y los elementos del ‘thriller’ y de terror están bien utilizados, por lo que hay que reconocer que, aunque llega a ser extenuante, la asepsia blanca e higiénica que rodea muchos de sus planos (aquellos que corresponden al tratamiento de Beatriz), la fotografía y la planificación, todo ello, funciona a la perfección para crear esa confusión mental y curiosidad en el espectador. La historia conllevará al publico a caer en la trampa, porque está todo correctamente hilado. Aunque trascurrida la primera hora, el interés se vaya diluyendo en la espera de su final explicativo.
Empero, hay cosas de la puesta en escena que chirrían, como una cortina roja que es para matar al director artístico –a menos que haya querido homenajear subversivamente a David Lynch- y algunos acabados formales y decorativos que no empañan el gran trabajo de atmósfera y luz creada para la ocasión por Xavi Gimenez. Si a todo esto, añadimos algunos símbolos argumentales bastante tópicos y flojos, laxos de sentido y cierta tendencia al susto fácil e impactante, nos encontramos antes una película bienintencionada pero irregular. Tanto, que hay que reprocharle a su director los descarados plagios al modernismo visual que ha robado sin pudor al cine de Aronofsky, Fincher y demás congéneres, lo que hace que el resultado carezca totalmente de personalidad.
Lo mejor: Cristina Brondo. Está espectacular. No sólo porque lo hace muy bien y es lo que más vale del filme, sino porque su rostro cercano y bello y esos ojos negros de una intensidad arrebatadora llenan la pantalla. Sus sugerentes desnudos, sus cambios de imagen constante y el gran trabajo interpretativo que realiza la convierten en una de las escasas realidades más que prometedoras (ya lo fue en películas como ‘Aunque tú no lo sepas’, ‘Una casa de locos’ y 'Lola vende cá') dentro del ámbito actoral dentro cine español. También destaca en este apartado Natalia Sanchez, Demian Bichir, Feodor Atkine y Carlos Lasarte, acertado reparto de secundarios.
Un cine español que buscando caminos que no encuentra, palpando a ciegas en una industria que sólo busca comercialidad y que cuando no lo hace, reformula en otras recetas tan trilladas que no terminan por cuajar. Lamentablemente, con productos como ‘Hipnos’ no se va a ninguna parte, como mucho a la imitación estilizada. Y eso, no es nada loable.
Miguel Á. Refoyo © 2004