domingo, 12 de septiembre de 2004

¡Vuelve Ralph Hinkley! Te echamos de menos.

Muchas veces, asaltados por crisis de nostalgia aguda, recordamos con pesadumbre lapsos de nuestra niñez, de todo aquello que nos curtió como pequeños amantes del cómic, el cine, los libros de ‘Elige tu propia aventura’y la complacencia lúdica de los juegos ochenteros que cada uno recuerda a su manera. Una de las cosas que une a dos generaciones tan diferentes como son las que vienen de los 70 que se unen a los primeros pipiolos de los 80 es, como no podía ser de otro modo, la televisión.
No es plan de ponerme aquí a recordar una por una las series, los programas y concursos que nos determinaron como ‘freakies’ irredentos de estas nuevas generaciones de la Playstation y del sexo quinceañero que se llevan ahora. Habrá tiempo, por supuesto (y hasta que vea que la ilusión de esta weblog se acaba), para hacer un recorrido por todo lo que fue necesario en nuestras vidas, toda liturgia visual en aquella tele de dos cadenas que tanto evocamos.
Hemos tenido la oportunidad de volver a ver, gracias a la ya abolida reposición, series como ‘El equipo A’, ‘El coche fantástico’, ‘V’, ‘McGiver’, ‘Starman’ y su bola luminosa, ‘Vacaciones en el mar’, ‘Enredo’, ‘Los problemas crecen’ e incluso ‘Cheers’. Pero existe una serie mitológica que tuvo un espectacular estreno durante un verano llaá por los 80 y que jamás tuvo su segunda oportunidad catódica. Me refiero a 'El Gran Héroe Americano', una serie tan mítica, que todos y cada uno de los que la amamos, miramos atrás con pesadumbre echando de menos a Ralph Kinkley y sus absurdas aventuras.

La serie se estrenó a bombo y platillo en 1981, con un piloto que todos recordamos como una de las experiencias más apasionantes de la historia de la televisión. Pero su historia es triste, aciaga, porque desde su comienzo todo empezó con problemas, ya que antes de lanzarse, la serie fue perseguida por D.C. Cómics, la editorial de ‘Superman’, que propulsó arduas denuncias por plagio (con nuestro ‘Superlópez’ consiguieron que se cambiara la ‘S’ de su pecho). No pudo obligar a que no se emitiera, pero lo que sí obtuvo fue que el merchandising del héroe vestido de rojo no saliera al mercado.
También se sostuvo una ridícula teoría implicando al individuo que, para soprender a su idolatraba Jodie Foster, intentó matar al presidente Reagan. Si recordáis, se llamaba Hinkley, como el héroe de las 365 líneas. De ahí, que se le cambiara el apellido a Ralph, pasándose a apellidarse Hanley. Los americanos eran ya por entonces gilipollas.
Hubo un momento en que los personajes empezaron a mutar y desaparecer, como el hijo de Hinkley que, un buen día (como la hija pequeña de ‘Cosas de casa’ que acabó en el mundo del porno), desapareció. Y dejó el protagonismo al personaje interpretado por William Katt, el cual una vez que aprendió a utilizar sus poderes, perdió audiencia. La serie acabó mal, sin muchos episodios rodados sin estrenar y con el creciente desprecio del público, que no supo tratar como se debía a este clásico de la pequeña pantalla.
Ahora sólo nos queda esperar a que el DVD nos devuelva la ilusión de recuperar un héroe o antihéroe (según se mire) de nuestras felices infancia.
Os dejo algunas direcciones que valen mucho la pena para rememorar la figura de un personaje irrepetible.
Página Oficial: noticias, actualidad, fotos para el recuerdo –destaca la sección ‘Detrás de la pantalla’-, publicidad, multimedia, links…
Merchandaisin: Quién pudiera conseguir algo de todo esto. Sencillamente acojonante.
Cancioncilla en MP3: Joel Scarbury y su mítica ‘Believe or not’. Y si quieres tararearla a modo de Karaoke
Guía de episodios: Detallada lista de cada episodio.