miércoles, 15 de septiembre de 2004

Superman era un pobre hombre, como nosotros

Cuando por primera vez Superman apareció, todo chulo y señorial, en Metrópolis, Lex Luthor era el hombre más rico de la ciudad y estaba metido en prácticamente todos los negocios de la ciudad. Luthor intentó siempre contratar a Superman como su guardaespaldas personal. Pero éste, íntegro y bondadoso, siempre se negó. Luthor representó durante años el cúlmen de la lucidez para un tipo extravagante como yo. La gente siempre ha seguido fiel a la creencia de que Superman era un tío inteligente, cuando en realidad yo siempre he creído fervientemente que es un pobre subnormal que se pone los calzoncillos encima del pantalón, reverenciado por otros ineptos (la sociedad) que le aplauden porque no aciertan a ver que es el mismo periodista que se quita las gafas y es otra persona diferente ¿Pero es que son gilipollas?
Superman, también vengativo y protervo, hizo que Luthor fuera encarcelado porque no pudo llegar a su altura. Fue entonces cuando esta malévola voluntad desplegó un intenso odio hacia hombre del pijama azul y los calzoncillos rojos. Como máxima de la maldad lúcida superpuesta a la filantropía gazmoña, Luthor se hizo con el único pedazo de Kryptonita en la Tierra, se fabricó un anillo con él y desde ese momento mantuvo a raya a Superman. Lex Luthor es el ENEMIGO con mayúsculas, el único malvado sin ningún poder homérico, sin vestirse de pantomimo acorazado. Provisto tan sólo de una manifiesta y prodigiosa inteligencia fue capaz de ganarle la partida a Superman, cuidando de no dejar ningún tipo de huella que lo incriminara. Era simplemente impresionante.
Como aquella fingida muerte suya, provinente del cáncer radioactivo que propagó el anillo en su cuerpo. Todo era una tapadera, para así tener la oportunidad de clonar un nuevo cuerpo (fuerte y libre de los efectos de cáncer) donde residiera su mente. A pesar de que su extraña enfermedad comenzara a afectar a Metrópolis y se le retirara durante tiempo de los cómics, Luthor se mantuvo como una constante amenaza implícita. Como un clon inteligente, como el villano más carismático y sencillo que ha pasado por el noveno arte. La venganza humana de este demiurgo de la maldad cotidiana llegó de la forma más ignominiosa. Cuando nadie se esperaba su vuelta y Clark Kent y Lois Lane se casaron y vivían felices en el mundo real como aguerridos periodistas de sucesos, el maquiavélico antihéroe de los cómics, el verdadero protagonista de Superman, compró el periódico ‘The Planet’ y despidió al intrépido cabeza de familia y retuvo a Lois, haciendo, de paso, que Clark no fuera contratado por nadie. Con el control de la ciudad bajo su pérfido dominio.
Eso es un villano, eso es la representación del Mal, en un formato cotidiano, real y humano. Un hijo puta que te deja sin trabajo y te hace la vida imposible, como existen en la vida real. Por eso, Lex Luthor es la gran baza para aquellos que quieran descubrir en las páginas del cómic al auténtico villano enemigo que un superhéroe pueda encontrar. Y al mismo tiempo, sin armas, sin poderes, sólo con la inteligencia. Por eso, tu jefe, tu pareja, tu socio, por ejemplo, pueden ser un Luthor.
Lo que da como conclusión: Superman, en el fondo, no deja de ser un pobre hombre, un perdedor que puede llegar a triunfar, pero que, si se ve en el paro, no puede hacer nada por muchos y sorprendentes poderes que tenga. Como todos nosotros.