sábado, 25 de septiembre de 2004

52 Festival de Cine de Donosti (y IX. Crónica Final)

Justo y equilibrado palmarés
Jeff Bridges, con el ‘look’ quijotesco de ‘El Nota’, o lo que es lo mismo Jeff Lebowski, el personaje más recordado de su simétrica y acertada carrera, aprovechó el Premio Donostia para presentar ‘Una mujer difícil’, de Tod Williams, la película que cerró la Sección Oficial y, como consecuencia de ello, la 52ª edición de este certamen un tanto soso, pero lleno de películas que subsistirán en la memoria de un periodo anual que resulta adictivo y necesario para todo aquel que lo vive.
‘Una mujer difícil’, que tiene en su título original ‘The door in the floor’ la clave de la metáfora de escape del filme, es la adaptación (bastante libre, eso sí) de la novela ‘multiventas’ del literato John Irving, uno de los escritores que más ofertas tienen de Hollywood para llevar sus libros a la pantalla tras de ganar el Oscar por ‘Las normas de la casa de la sidra’, de Lasse Hallström. La historia, bastante tópica, narra los problemas del matrimonio formado por Ted y Marion, que en otros tiempos fue feliz, pero que se resquebraja bajo el peso de una tragedia en la que perdieron a dos de sus hijos. El cambio en sus vidas llega con Eddie, un adolescente que transfromará la vida de ambos. En ella, como la de joven amante. A él, como engarce para afrontar la vida con una ruptura final. Con la llegada del joven, la pareja abre los ojos a la realidad y tomará difíciles decisiones. Este argumento, de viaje iniciático y deseos veraniegos cumplidos, le sirve a Tod Williams para surtir su película con elementos de tragedia y drama en la que no faltan toques de humor, secuencias subidas de tono y lección de moralina en su epílogo que deslucen lo interesante de la idea del libro y la sume en una cadencia de planteamientos muchas veces vistos en el cine.
Si en la novela, Irving apunta una interesante mezcla de argumentos al enseñar lo que escriben sus personajes, destacando la relación directa que hay entre la esencia de una persona y lo que crea, ya sea con imaginación o con falta de ella, en la película de Williams todo esto queda omitido por la sustitución del pilar del literario que hace grande la novela y derrumba con la actitud del cineasta los cimientos de un filme que acaba por perder su sentido, haciendo que lo real de las situaciones se tornen inverosímiles. Algo que, en las novelas del vendedor de ‘best sellers’ resulta lo contrario, es decir, elementos importantes en el libro como la descripción obsesiva y recurrente de estas fotografías, acumulación de detalles, la descripción del verano. Un dispositivo que muchas veces es achacable en sus páginas, y que para su traslación al cine, Williams se salta a la torera y, mediante su ascetismo que tiende al edulcorante visual, obtiene una odisea forzada, llena de intenciones, pero vacía en sus logros. Personajes que sobran y que pretenden emitir sonrisas en el espectador (como el jardinero cubano o la amante), otros nada definidos (como la Ruth, la hija del matrimonio) y el escaso interés de lo que se cuenta termina por derivar hacia el final hacia un tono letárgico donde el reparto de recompensas para sus cuatro personajes no es muy distinto del que hubiera podido verse en un telefilme de sobremesa. Y lo que es lo peor, ni Bridges, ni Basinger aportan su mejor talento a un filme tan descafeinado que dejó a la platea indiferente.
En cuanto al palmarés, el jurado del festival presidido por Mario Vargas Llosa, este año parece que ha encauzado una postura ecuánime y bastante parcial con los premios que ha repartido a lo mejor (que tampoco quiere decir mucho) que se ha visto en el festival. El gran premio del certamen, la Concha de Oro de 2004 ha ido parar a ‘Turtles Can Fly’, de Bahman Ghobadi, posiblemente (y como señalé aquí en esta página ayer), la mejor película que ha competido en la sección, con esa historia infantil sobre las miserias de un grupo de niños del pueblo del Kurdistán iraquí, en la frontera entre Irán y Turquía, que sobreviven en un ambiente amenazador, cubierto de incertidumbre y miedo, pero afrontando con confianza su deplorable situación dentro del mundo. Mucho se había hablado de las posibilidades de que ‘Roma’, de Aristarain se llevara el máximo galardón. Algo que, por otra parte, no hubiera sorprendido, debido a la predilección que tiene este festival de procurarle injustos reconocimientos al cine sudamericano con renombre pero sin trascendencia (ejemplos: ‘El viento se llevó lo qué’, ‘Taxi para tres’ o ‘La perdición de los hombres’). Como el año pasado tocaba darle el máximo galardón a una absurda película como ‘Schussangst’, de Di- to Tsintsadze, este año era de prever que se fuera coherente. Y el jurado lo ha sido, porque que la franqueza y tratamiento por parte de Ghobadi con su fábula para abrir los ojos al mundo de la situación que se ha vivido, se vive y se vivirá entre la frontera de Irak e Irán merecía el mejor de los premios. Esta fantástica película que, como gran logro, tiene sus opciones multiplicadas para que sea distribuida por muchos puntos geográficos internacionales, se ha llevado el premio al mejor guión que concede el Círculo de Escritores Cinematográficos.
El Premio Especial del Jurado, que vendría a ser el segundo galardón más importante que se concede en el Zinemaldia, ha sido para ‘San Zimske Noci (Sueño de una noche de invierno)’, de Goran Paskaljevic, otra de las películas a la que podría haber ido la Concha de Oro por sus múltiples cualidades como gran obra cinematográfica. 'San Zimske Noci' es una dramática historia sobre la soledad, el desconcierto y la insuficiencia emocional de personajes heridos, desorientados y carentes de motivaciones. Paskaljevic ha visto recompensada su excelente cinta con uno de los pequeños premios Signis y, en todo ello, se ha quedado la sensación de que Jovana Mitic, la joven actriz autista se podría haber llevado el premio a la mejor interpretación femenina. Pero no ha podido ser así. ‘Yi feng mo sheng nu ren de lai xin (Carta de una desconocida)’, ‘remake’ asiático del texto homónimo de Stefan Zweig ha visto recompensado, con toda justicia, con la Concha la detallista dirección de Xu Jinglei al contar esta historia de amor de melancolía y silencio, triste y dramática, con una determinación estética apoyada en una portentosa fotografía, dedicando su detenimiento en los detalles más nimios, con la concisión de diálogos que pierden protagonismo en favor de las miradas y de la emoción oculta en cada plano.
En el apartado interpretativo es donde se han dado las mayores e inesperadas sorpresas dentro del palmarés de esta edición del certamen donostiarra. En cuanto a interpretación masculina, se había hablado mucho de Gerard McSorley, por ‘Omagh’, de Juan Villegas por ‘Bombón, el perro’ o Lazar Ristovski por el filme de Paskaljevic. Lo que nadie esperaba era la concesión de la Concha de Plata al mejor actor a Ulrich Thompsen, histriónico y excesivo en su recreación de un hombre enloquecido por las secuelas de la guerra en ‘Brodre’, de Susanne Bier. Y mucho menos que la Concha de Plata a la mejor interpretación femenina haya sido para la estrella hollywoodiense Connie Nielsen, en su vuelta al cine danés de la misma cinta de Bier. Es cierto que todos daban como ganadora a Susú Pecoraro por la cinta de Arsitarain ‘Roma’, que hubiera sido lo justo, pero también lo es que la Nielsen está fantástica en su rol de madre de familia maltratada por las situaciones de la guerra en su familia.
Winterbottom no se ha ido de vacío con su polémica y poética visión del sexo en pareja con ‘9 Songs’, ya que el ‘semiporno’ del director británico ha obtenido el premio a la mejor fotografía, totalmente naturalista, de Marcel Zyskind. Lo que ya no se entiende muy bien es que Guy Hibbert y Paul Greengrass se hayan hecho con el Premio del jurado al mejor Guión por ‘Omagh’, de Pete Travis, la cinta irlandesa sobre los atentados del IRA en el barrio del mismo nombre que el título del filme que, por lo que se oía entre los críticos, había encantado. Yo me sigo preguntando por qué. ‘Innocence’, una de las mejores películas del festival (y a título personal, la que más me ha gustado de todas junto a la coreana ‘Spider Forest (Geo-mi-soop)’), se ha llevado el más suculento de los premios al obtener el Altadis-Nuevos Directores concedido a Lucile Hadzihalilovic en esa fascinante adaptación del relato de Frank Wedekind ‘La caja de Pandora’. No se ha quedado sin premio la película que más simpatías levantó con su proyección, ‘Karpuz kabugundan gemiler yapmak’, de Ahmet Uluçay, una visión muy ‘freak’ de la adolescencia basada en el amor juvenil y las ansias de hacer cine en un pequeño pueblo de Turquía. También hubo premio para Marc Gautron y Fanta Régina Nacro por esa película capaz de matar de aburrimiento a las cabras que es ‘La Nuit de Vérité’.
Otros premios secundarios que completan el palmarés han sido el Premio del Público, concedido como era de esperar a ‘Diarios de motocicleta’, de Waters Salles, el de la Juventud para la neocelandesa ‘In my father's den’, de Brad McGann y los premios Cine en Construcción para finalizar proyectos ya rodados y en postproducción para ‘Iluminados por el fuego', del argentino Tristán Bauer y a ‘Alma Mater’, de Álvaro Buela. Finalizando con el premio FIPRESCI, que ha recaído en la bondadosa ‘Bombón, el perro’, de Carlos Sorín, el GEHITU de asociación de gays, lesbianas y transexuales del país Vasco a ‘Beautiful boxer’, de Ekachai Uekrongtham o la cosecha de galardones menores que ha conseguido esa pequeña muestra dulzura y bondad que es ‘El cielito’, de María Victoria Menis, que se ha llevado los premios Arte, Signis y CICAE-Art et Essai.
Un palmarés que ha logrado proporcionarles premios a todos y para todos los gustos. Para que nadie proteste. Bastante equilibrado y sin posibilidad de criticar el grado de compromiso que ha tenido el festival como ventana al mundo con sus problemas sociales, étnicos y de toda índole, se puede decir que el reparto ha sido más que justo con la concesión de sus premios.
Y eso ha sido todo.
Un año más (la primera que se cubre para UN MUNDO DESDE EL ABISMO), ha vuelto a ser un placer escribir, siempre bajo un criterio y punto de vista personal que no ni mejor ni peor que el de los demás, sino propio e individual. Desde esta ciudad de ensueño que cierra sus puertas a una edición correcta, que ha dado buenas películas, pero ninguna de trascendencia destacable. Eso sí, ha aportado una calidad equilibrada que no ha tenido en otras ediciones.
Yo por mi parte tengo que reconocer que nunca un año había sido tan agotador, que nunca me había cansado tanto y había dado lo mejor de mí. En los siete años anteriores jamás le había dado tanta cobertura. Espero que los que lo hayáis leido lo hayáis disfrutado.
Desde Donosti, esperando otro año más para volver una nueva ocasión (y van siete) al Festival de Cine de San Sebastián.
Agur y a ser felices.