martes, 21 de septiembre de 2004

52 Festival de Cine de Donosti (IV)

La Sección Oficial levanta el vuelo
El cine español no atraviesa uno de sus mejores momentos. Ni en su apartado de mercado, ni en el terreno creativo. Eso es una evidencia irrefutable. Por eso, había mucho miedo a la hora de juzgar la única película española a concurso del festival. Y la verdad es que ‘Horas de luz’, de Manolo Matji, pese a no destacar en exceso por su amplitud de virtudes, merece todo el respeto por tratarse de una más que decente obra con ritmo, bien construida y con la eficacia como único propósito contenido.
La historia, inspirada en un caso real, se centra en la relación de José Garfia, condenado a más de cien años por el asesinato de tres personas, y Marimar, enfermera que se enamora del aparentemente peligroso recluso. A lo largo de la cinta, todo resulta amenizado por una cadencia de situaciones que fluyen entre el empalago de un drama romántico y el género carcelario, contexto que sirve para conceder el privilegio al personaje de Alberto San Juan de una lectura positiva. Y con esto, la fábula amorosa de Matji se transforma en un melifluo folletín lleno de situaciones ornamentadas en la máxima del amor como motor de la vida que convierte a las personas en mejores seres humanos. Sobre esta idea, el director de ‘La guerra de los locos’ recrea una historia almibarada donde nada molesta y todo fluye, donde la violencia carcelaria es enérgica y las reacciones humanas brotan con indulgencia y comprensión, haciéndose extensible al espectador. Una correcta película que, sin ser una obra fascinante, sí despierta la simpatía por su armonía visual y narrativa apoyada también un reparto en el que sobresalen más sus secundarios que Emma Suárez y Alberto San Juan. No se llevará ningún premio, supongo, pero por lo menos la sensación de enmienda en el cine español con esta salvedad en la sección a concurso merece el aplauso de la crítica y la atención del público.
‘San Zimske Noci (Sueño de una noche de invierno)’, de uno de esos grandes cineastas europeos del momento, Goran Paskaljevic, descubrió una nueva genialidad en forma de oda a la necesidad de afecto, a la descomposición mental y humana que ha vivido la zona serbia desde la guerra y su lenta adaptación a la Europa actual. Paskaljevic formula la historia de Lazar, un veterano de la guerra balcánica que regresa a casa tras diez largos años de ausencia, libre y con la idea de liberarse de su pasado y comenzar una nueva vida en un país que también parece desear avanzar hacia un futuro mejor. Al llegar a su casa descubre que está ocupado por Jasna, una mujer que se encarga de criar y su hija Jovana, una niña autista de 12 años, ambas refugiadas bosnias.
Así, Paskaljevic motiva al espectador a meterse en una historia que bucea en el insondable caos de la soledad, del desconcierto y de la insuficiencia emocional de unos personajes heridos, desorientados y carentes de motivaciones, como la joven autista que, ajena, a todo, intenta ser feliz como bien puede. Un ácido y trágico cuento que descubre su fuerza en el compromiso con lo que está contando, componiendo una melancólica pieza naturalista en donde la contundencia de su mensaje y de sus imágenes está fuera de discusión. ‘San Zimske Noci’ alcanza a quien observa un filme con aureola de respeto y credibilidad en su extraña historia de amor, recuperación y pérdida, que energiza una de las mejores películas vistas hasta ahora en la Sección Oficial.
En Zabaltegi, ‘Tarfaya’ de Daoud Aoulad-Syad (director de curioso parecido a Almodóvar, pero tamizado en negro), refleja la terrible realidad de las pateras que cada día llegan a las costas españolas cargadas de inmigrantes en busca de un mundo mejor. En este caso, la de Myriam, una joven de 28 años que intenta desesperadamente alcanzar la libertad. Una película adusta, parsimoniosa y lánguida, que en ningún momento conecta con el universo de historia humana que acomete. Aoulad-Syad divaga por situaciones sin atractivo que deja descansar sobre su mejor virtud: una fotografía preciosa, llena de matices, como contrapunto a la dramática historia que narra. Como cada inmigrante que busca su paraíso de oportunidades los protagonistas luchan por un lugar bajo el sol, pero en este caso sin el elemento conmovedor necesario. Lo que sí se le puede agradecer a Aoulad-Syad es su despego del cualquier atisbo de tremendismo, construyendo para ello una obra de indiscutible valor informativo que, sin denunciar la tragedia del argumento, deja ver en el incierto final la verdad de lo que ha contado. Eso sí, muy tarde.
Tres curiosas piezas más que pasaron por la sección paralela donde se proyectan importantes obras de otros festivales han sido ‘Karpuz kabugundan gemiler yapmak (Boats Out of Watermelon Rinds)’, del turco Ahmet Uluçay, una pequeña historia bastante ‘freak’ y desordenada sobre dos chavales adolescentes que, en un mundo de miseria y cotidianidad, sobrellevan sus problemas de la edad, consistentes en los amores juveniles y sus deseos de ser directores de cine. Uluçay brinda así una fábula costumbrista en la que insertas nuevas formas de narrativa fílmica, de enloquecimiento visual y argumental digno de las comedias ‘slapstick’, con golpes de humor desternillantes y una raíz que bebe de la intrascendencia para lograr el propósito del que habla la cinta: entretener.
También produjo interés ‘Beautiful Boxer’, del tailandés Ekachai Uekrongtham que, en un prodigioso ‘tour de force’ visual en el que se nota un más que holgado presupuesto, ahonda en la historia real del famoso boxeador travestido tailandés Parinya Charoenphol (conocido cariñosamente en Tailandia como Nong Toom), una película llena de intenciones que concede lo que promete sin exponerse a la polémica. Un melodrama con luchas de ‘kickboxing’, comprensiva y tolerante y algo empalagosa tanto en su forma como en su fondo. Pero si una película merece el aplauso enfurecido en esta sección, ésta ha sido ‘In die hand geschrieben’, de Rouven Blankenfeld, la película más enferma, oscura, demencial e incómoda desde hace años. La película alemana es una torva historia de desprecio, de sometimiento, de agresión y humillación que sufre una inocente ama de casa por parte de su cínico marido y un padre tetraplégico que le hacen la vida imposible. El ultracatolicismo, la enajenación y un componente muy alto de perturbación narrativa y argumental (unas pesadillas que pocos olvidarán) basado en el efecto realista de la imagen impactante hacen de este breve desvarío cinematográfico una de las obras más repugnantemente interesantes del festival. Si hubiera un premio al riesgo creativo, ‘In die hand geschrieben’, sería la ganadora.
Annette Bening ya está en San Sebastián para recibir esta misma noche el segundo de los tres Premios Donosita. Una actriz que ha sabido elegir sus papeles basándose en un instinto natural que la han convertido en una de las intérpretes más carismáticas del Hollywood moderno. La Marquesa de Merteuil, la mentirosa Myra Langtry, la seductora Virginia Hill, la crédula Barbara Land, la egoísta Carolyn Burnham o la inestable Julia son personajes que no hubieran encontrado su trascenencia si no tuviera detrás a esta camaleónica actriz que fuera lanzada con ‘The Grifters’, de Stephen Frears y que hiciera sentar la cabeza al ‘don Juan’ Warren Beatty. Inteligente y polifacética, imprevisible y seductora, la actriz (encantada con estar por estos lares) presenta además ‘Being Julia’, la última película del prestigioso autor de culto István Szabó.