lunes, 20 de septiembre de 2004

52 Festival de Cine de Donosti (III)

Winterbottom escandaliza y trastorna los ojos del espectador
Es el festival de San Sebastián un escaparate de imágenes, de historias, de cinematografías heterogéneas, propuestas que pueden gustar, contrariar, hacer reír, entristecer o, como bien suscitó ayer ‘9 Songs’, de Michael Winterbottom, una de las películas más esperadas en la Sección Oficial, la polémica y la perturbación en el convulso espectador que pudo asistir a los dos primeros pases. ‘9 Songs’ podría muy bien haberse titulados ‘9 polvos y 9 canciones’, debido a una estructura delimitada a varios momentos de diversos grupos de ‘punk-rock’ que se alternan con secuencias de sexo explícito, pornografía artística con actos carnales en los que la cámara, siempre certera y adecuada de un director enamorado del buen cine y de la plástica composición de celuloide y sentimientos, se mantiene absorta en el acto lúbrico del amor.
Esta película se puede tomar desde dos perspectivas; una, la de lo que es: la aventurada invitación a la relación efímera y apasionada entre dos jóvenes que se conocen en un concierto y tienen una aventura apasionada basada en el sexo, ‘affaire’ realista y realístico, materialista, de las relaciones heterosexuales modernas donde impera el placer sicalíptico por encima del romanticismo. Y por otro lado, la de la profusión de concupiscencia visual donde hay penetraciones, felaciones y juegos eróticos sexuales que rebasan cualquier ilusión del que asiste a ver algo más que movimientos de pelvis y sudor en las sábanas. Winterbottom no ha realizado un filme al que se le pueda colocar la etiqueta de ‘X’. Eso hubiera sido un paso atrás en su excelente y reconocida filmografía. El director de ‘Wonderland’ aboga por la naturalidad de los actos amatorios, como una forma de encuentro y conocimiento hermosa y poética que encuentra su mejor cómplice en la música de Michael Nyman, trasladándola a la metáfora, a la frialdad de estas relaciones que, solidificadas a través de la sexualidad imaginativa, despierta el amor. Destaca la labor de dos actores como Kieran O'Brien y Margot Stilley, valientes intérpretes que, sin ningún pudor y con la sinceridad del proyecto expuesto, aceptan el juego y lo llevan hasta sus últimas consecuencias. Una película que levantó aplausos (y otros músculos) y silbidos. El sexo sigue siendo molesto para ver en la pantalla. Eso está claro. Aunque Winterbottom recurra a su habitual maestría de narrar la vida tal y como es. Sin tapujos y bajo los acordes de The Dandy Warhols, Franz Ferdinand, Bobby Gillespie, Bob Hardy o Alex Kapranos, ‘9 Songs’ brilla por su honestidad e intrepidez, comprometida con su historia solidifica una sincera muestra de libertad.
Un habitual del certamen donostiarra, el argentino Adolfo Aristarain, que ya triunfó aquí con ‘Un lugar en la frontera’, ‘Lugares comunes’ o ‘Martin (Hache)’, presentó su inacabable ‘Roma’, un drama existencial que narra la vida de Joaquín Góñez, un escritor en horas bajas que rememora su vida a través de su transcriptor Manuel Cueto, joven periodista que queda fascinado con la vida del fascinante y veterano autor. Así, y por enésima vez, Aristarin se consolida como un historiógrafo puntilloso de la historia de su país, desglosando ambientes, situaciones políticas e intelectuales de cada etapa en la que se detiene. Para Aristarain sigue siendo fundamental la traumática ausencia del padre, el valor esencial de la madre y el tono liberal y copiosamente ‘cultureta’ de la genealogía histórica y política de Argentina.
El realizador gaucho vuelve a someter al público a una cinta que avanza lentamente, que se detiene en soliloquios pedantes sobre todo tipo de temática musical, cinematográfica, literaria y filosófica. Todos los personajes de ‘Roma’ se estancan en proferir postulados del pensamiento clásico y moderno, hablan de literatura enumerando a autores que hablaron del desasosiego vital, de todo tipo de filósofos con las ansias de cambio y del jazz como influencia sentimental. Aristarain sumerge al espectador en su pretenciosa visión del pasado, en las inquietudes liberales que esconde un bramido de independencia retroactiva y redunda en el estereotipo del hombre sabio, desasosegado y aislado del mundo, huidizo de sus propios recuerdos. Un ‘revival’ generacional que agradará a los hispanohablantes revolucionarios y ‘progres’ que un día creyeron que cambiarían el mundo. A ‘Roma’ le sobra metraje, exceso de ínfulas y adolece de interés, elemento fundamental para que una película pueda considerarse de calidad. A ‘Roma’ no le falta, pero le sobra un poco de pedantería barata para lograrlo.
En Zabaltegi destacó, como era de esperar, la deliciosa ‘Como una imagen’, comedia de la francesa Àgnes Jaoui que, bajo su aparente futilidad, esconde una película intensa y portentosamente construida, llena de recovecos y complicidades en torno a un grupo de intelectuales parisienses cuya vida cotidiana roza lo privativo en su arrastre flemático y paulatino de pasiones comunes, de traiciones y lealtades. Sinuosa e inteligente incursión en lo más soterrado del arquetípico intelectual francés, ‘Como una imagen’ demuestra, al igual que con su ingeniosa ‘Para todos los gustos’, que el matrimonio creativo formado por Jaoui y Jean-Pierre Bacri es una de las más importantes y referenciales muestras del mejor cine francés que basa su éxito en la sencilla complejidad de un mínimo universo de ideas abiertas y comportamientos cerrados.
Una comedia que hace reír, pero también reflexionar sobre vida cotidiana en la pervive una admirable y alentadora ficción donde la realidad de lo urbano se enturbia con actitudes de personajes cercanos y reconocibles. También se pasó por el Zinemaldia M. Night Shyamalan que dejó con ‘El bosque’ el mejor sabor de cine comercial norteamericano. Una película con William Hurt, Joaquin Phoenix, Adrien Brody, Sigourney Weaver y la jovencísima Bryce Dallas Howard (que estuvo departiendo con dulzura y accesibilidad con los periodistas del festival junto al director de origen hindú). ‘El bosque’ está ambientada en un pueblo rural amenazado por seres sobrenaturales que impiden a los habitantes abandonarlo. Una película que, intencionalmente o no, evoca los relatos infantiles de heroínas adolescentes y lobos amenazantes.
Por último, en el goteo de estrellas que van y vienen y donde los últimos ejemplos se han personificado en Oliver Stone y Annette Benning, se ha dejado notar la presencia de la actriz de moda en el cine español de Leonor Watling, elegida en el somero circo de la estética y el ‘glamour’ como rostro del año, que viene eligiendo una conocida marca de cosméticos y que no es más que la excusa para la pose, la fiesta y el encuentro de los más ‘in’ del festival.